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Tercer día en Berlín, día libre. Hoy podríamos ir por la ciudad y hacer todo lo que quisiéramos. Con el único requisito de que a las diez debíamos estar de vuelta en el hotel.

Gala, Greg y yo habíamos ido directos al jardín al frente del Reichstag —parlamento alemán— para disfrutar del sol que tan fuerte brillaba —a pesar de las bajas temperaturas— en lo que desayunábamos un pequeño bocadillo que habíamos comprado en un puesto ambulante.

Mi cabeza descansaba en las piernas de Greg mientras que él hacía lo mismo en Gala.

—Podría estar aquí siempre—dije, pensando en voz alta y con los ojos cerrados—¿Por qué tenemos que tener obligaciones?

—Te diré. Yo que solo quiero ser el sugar baby de un viejo rico—bufó Greg, arrancándome una carcajada—Es verdad. Sé que tengo que tener más ambición en la vida pero, ¿No es justo lo que estoy haciendo?

—Se trata de no depender de nadie—intervino ahora Gala—¿No te daría más satisfacción saber que lo que tienes es porque has trabajado duro?

—Prefiero trabajarme duro a un viejo por unos cuantos millones—respondió Greg con picardía. Yo no pude evitar reír de nuevo, agarrándome el abdomen.

—Yo pienso igual—exclamé entre risas y corroborando lo que Greg había dicho—Quiero decir, ¿Ser rica sin haber movido un dedo? Sería hipócrita decir que no es lo que quieres en la vida.

—Pero que te mantenga un hombre.., ¿No es eso machista?—replicó Gala con el ceño fruncido.

—¿Quién dice que tiene que ser un hombre?—contraataqué yo, encogiéndome de hombros—Igual de aquí a un par de años me gustan las mujeres.

—Pero si te gusta más una polla que a un tonto un lápiz—bromeó Greg.

—Le dijo la sartén al cazo—exclamé, haciendo ahora que todos riésemos de nuevo.

—Hablando de pollas—comenzó a decir Greg en un tono más serio—Tenemos que buscarnos un lío. Quedan aún cuatro días. Tenemos tiempo.

Pero yo no estaba interesada.

—Yo paso—dije—Paso de tíos hasta el año que viene.

Vaya mentira había soltado. Era una lástima que no supieran que cada noche visitaba la habitación de Tom y no precisamente para hablar del tiempo.

—Estamos a noviembre—susurró Gala.

—Pues hasta el siguiente.

—Aburrida—bufó Greg—Gala, es tu momento de brillar y eres la que más alemán sabe de los tres.

—Yo no quiero—comentó la rubia con exasperación—Este viaje no es para eso.

Empezaron a argumentar el por qué debían disfrutar de todo sin cortarse un pelo —según Greg— y por qué también se basaba en desconectar del mundo y conectar con uno mismo —según Gala—. Yo me mantuve al margen, como la mayoría de veces. No es que no me interesara, sino que mi mente estaba en otro lado.

"Esos pantalones son un peligro"

Tom.

Tan solo nos habíamos visto esta mañana al salir del hotel, intercambiando solo miradas.

"Son muy bonitos, lo sé"

Mordí mi labio inferior esperando su respuesta, que llegó al cabo de los minutos.

PROFESSOR KAULITZ Donde viven las historias. Descúbrelo ahora