CAPÍTULO III

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MAXIM

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MAXIM

Sentía gotas frías caer en mi piel como si de lluvia se tratase, no podía ver bien, todo estaba oscuro como si estuviera encerrado en un habitación. Solo y abandonado. Camino con cuidado con mis manos al frente intentando tocar algo para no tropezar, pero no hay nada. 

De pronto una luz se enciende y de esta emerge una señora de mayor edad, en otras circunstancias me hubiera parecido escalofriantes e incluso hubiera dicho que es el mismo diablo vestido de mujer que me está esperando. Pero el ver que extiende su mano y señala a su lado izquierdo, toda idea de que sea una mujer mala se esfuma de mi mente.

Ella señala a dos jóvenes que estaban peleando. no reconocí sus caras porque brillaban pero parecían fuera de este mundo. En el hombre pude visualizar unos colmillos como si de vampiro estuviera hablando y la mujer parecía normal.

«Me está enseñando una novela de vampiros»

—Vendrán después de ti, algunos más poderosos, de mundos relativamente distintos —fijo mi vista en ella y veo como poco a poco desaparece —tú y tu tulipán morado serán el primer puente para unir sus dos mundos.

Dicho eso desaparece por completo llevándose con ella todo rastro de luz dejándome otra vez a oscuras.

—¡Por lo menos me hubieras dejado la luz!

De la nada siento como si estuviera cayendo de una gran altura, no veo bien, pero parece como si estuviera cayendo de un edificio y antes de chocar contra el piso, me despierto.

Me levanto alterado con la respiración agitada.

Todo fue un simple sueño.

La luz que traspasa la ventana es fastidiosa, ni siquiera tengo ganas de abrir los ojos. Solo quiero dormir profundamente y no despertar.

«Que flojera»

Me levanto por completo de la cama y la oscuridad del pasillo me invade, camino relajado para la sala y me asusto internamente por la persona que tengo sentada en el sillón curioseando mi pequeño estante lleno de libros y películas en DVD.

—Tú nunca de asustas Maxim.

«La verdad, si»

—Nunca te esfuerzas y además ¿Qué haces en mi casa? —digo conforme voy a la cocina por algo de agua.

—Solo vine a visitarte, ¿Está mal querer ver a mi amigo del alma? 

—Si —respondo lo más seco posible, no me gusta que me fastidien y menos que me hablen en las mañanas.

—A bueno. Mal por ti porque no me pienso ir —se sienta en la barra de la cocina.

—¿Qué quieres André? 

—¿Yo querer algo? 

Lo miro volteando los ojos. Este tipo solo viene y me trata bonito cuando quiere algo, la mayoría del tiempo es dinero.

ANTONETTDonde viven las historias. Descúbrelo ahora