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ANTONETT
Me le despedí y salí de la casa encontrándome con el auto que me mandó mi abuela cuando se enteró que me iba a venir. Subí sin mediar ni una sola palabra y en pocos minutos ya me encontraba en el palacio de mi abuela frente a la puerta.
Entré corriendo en busca de mi abuela hacia la cocina y la encuentro sentada frente a la pequeña mesa del medio de la cocina con una tasa me imagino que, de té, en las manos.
—Mi niña...
—¡¡Abuelita!!
Corro dispuesta a abrazarla, pero esta no se inmuta a abrir los brazos, en cambio, no dejó de portar la seriedad en su cara.
—¿Qué sucede abuela?
—Ve al castillo, necesito que hables con tu padre.
—¿De qué?
—Solo ve mi niña.
—¿Todo estará bien? —
Ella asiente no muy convencida y yo menos, pero algo debe estar pasando por lo que decido no hacer más preguntas y salir esta vez siendo llevada en la carroza.
En todo el camino estaba nerviosa y partes de mi cuerpo temblaban por lo mismo. No quería ser pesimista pero mi mente era el peor enemigo que tenía sacando a la luz todas las teorías del porque mi abuela actuó así y la enorme necesidad de que vaya con mi padre.
De pronto como si un bombillo me iluminara, se me cruzó por la mente una pregunta que tenía que resolver y las únicas respuestas las tenía a la persona con la que me iba a dirigir.
Paso el gran salón, las escaleras, vuelta a la izquierda y luego a la derecha para estar a unos cuantos centímetros de su santuario, su despacho. La puerta estaba entreabierta pero no quise entrar porque estaba en una conversación con alguien que distinguí que era el mayordomo principal. La idea era retirarme y cuando terminen hablar con él, pero mi nombre resuena en ese cuarto lo que hace que le preste suma atención a la dicha conversación.
—¿Tienes noticias de Antonett? —pregunta mi padre.
—Muchas.
—Empieza.
—La razón por la cual no la habíamos localizado era porque no estaba en su lugar indicado -hizo una pausa para seguir hablando —dicho muchacho es la razón de sus escapadas, no tiene buena influencia ya que trabaja en la mafia y por algún motivo dicha princesa de ojos grises entro también en ella. Esto fue investigado gracias al espía encubierto y la poca información proporcionada por Gloriosa.
¿Gloriosas les contó? Pero Gloriosa... ella no puede...
Maldición.
Esto me pasa por confiar en quienes no debería.
Aquí todos son iguales.
Iba en retroceso dispuesta a salir de esta casa de maniáticos hasta que un par de pasos mi espalda choca con un pecho bien trabajado y sus manos me sostienen sin ningún tipo de delicadeza mis brazos para no escaparme.