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ANTONETT
Me despertaron con la buena noticia de que ya me daban de alta con la condición de tenga reposo absoluto.
Al parecer la bala no llegó a mayores por lo que me alegro.
Ya tenía a mi lado a un Maxim cargándome como princesa porque se rehusaba a que me siente en la silla de ruedas porque era de paralíticos.
Que ironía ¿No? Ahora que estoy media paralítica menos me deja sentar en esa silla, así qué, por todo el camino me encontraba peleando con el pelinegro por cargarme y no dejarme en la silla de ruedas, pero más bien parece que estoy peleando sola porque este niño ni me mira.
Ignorada con éxito.
Al llegar al departamento dejó en mi habitación todas las flores, pero yo solo me concentré en unos tulipanes morados -mis favoritos- que me hicieron recordar la vez que a Maxim se le ocurrió la gran idea de derrochar dinero en un jardín de tulipanes. Aunque ese día no lo quería aceptar, era el primer gesto más bonito que alguien me había hecho.
Sin darme cuenta le estaba sonriendo a las flores por ese hermoso pensamiento hasta que me asusto al sentir como unos brazos fuertes empiezan a rodearme la cintura.
—Yo se que ese fue tu arreglo favorito —refiriéndose a los tulipanes.
—Si lo es, pero me gusta más la persona que me los regaló.
—¿Quién te los dio?
Lo besé como respuesta.
—¿Tú qué crees?
—Creo que necesitaré más besos para entender.
Y así pasamos casi el resto del día, dándonos cariño como si nunca hubiera un mañana, de vez en cuando escuchaba las anécdotas graciosas que le pasaban a él de pequeño y de mi parte solo reía.
En mi vida no había algo tan gracioso, solo oscuro y triste.
Me quería levantar a hacer la cena, pero Maxim me lo impidió diciendo que tenía que guardar reposo, el problema es que yo no puedo estar tantas horas quieta sin hacer nada.
No puedo Marta, simplemente no.
Terminé aceptando que hiciera la cena él pero que lo hiciera rápido porque ahora el quedarme sola me generaba algún tipo de miedo por lo antes pasado.
Menos de lo que canta un gallo ya tenía la cena en mis manos y me encontraba comiendo y en mi cama, una experiencia un poco nueva para mí porque no se me permitía hacer tal cosa, pero aquí, con él, todo era diferente.
—Osita... Te quería decir que nos vamos a mudar.
Yo les juro que casi me ahogo con el pedazo de carne que estaba comiendo, tuve que tomarme el agua más rápido de lo que cae un rayo y mirarlo a los ojos.