CAPÍTLUO XXVI

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MAXIM

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MAXIM

Cuando Antonett se fue me puse un rato a resolver un par de negocios y tratos finales del clan. Después de todo lo sucedido ya me valía tres hectáreas de madre lo que pensara ese sujeto. Estaba claro. Lo quería matar.

Decidí que lo mejor que podía hacer en este momento era dormir para no extrañar a una chica de ojos grises por lo que me dispuse a subir las escaleras camino a mi habitación, pero este acto fue interrumpido por el timbre de la puerta.

Extrañado me encaminé a este, pero luego la sorpresa se cambió a normalidad cuando el simple pensamiento de que podía ser las salamandras llegó a mi cabeza. No obstante, fui sorprendido al abrir la puerta y no encontrarme con ninguno de los que mi cerebro proyectaba.

—¿Gloriosa?

Se le ve agitada, alterada por lo que la hago pasar rápido por cómo se proyecta está nerviosa y en cada momento ve por lo lados como si tuviera miedo de ser seguida.

—¿Qué pas...?

La pregunta queda en el aire cuando ella me manda a callar y me pide que me acerque más a ella.

—Cometí un error, lo que sucede es que... Antonett está en peligro —dice cabizbaja —por mi culpa.

Empieza a contarme con detalles y lujo de cada una de las cosas que había pasado incluyendo el pequeño trastorno de personalidad que tiene mi novia, nunca pensé que fuese así pero igual, teniendo dos personas en un cuerpo y sabiendo que pudo matarme cuando me conoció, ninguna de las dos lo hizo.

Esa es buena señal ¿no?

Me dijo todo lo que había escuchado cuando el rey fue al calabozo a hablar con ella, no pudo escuchar mucho de la conversación, pero si lo necesario. Lo necesario para que la rabia corra por mis venas y la inmensa emoción de sacarla de ahí cuanto antes.

Para esto concurrí a mi escaso equipo incluyendo a Isabel que llegó ayer.

—No te creas Gloriosa, tú también te vas a sumar en esto.

—Es justo, yo fui quien la metió en esto desde un principio.

Nadie dijo nada, nos quedamos todos callados mientras ella se lamentaba. No había que decirle falsos ánimos porque en realidad todo esto es su maldita culpa y aunque por dentro este en el escenario más atroz para su muerte. Por fuera solo proyectaba mi preocupación hacia mi osita.

Tardamos más o menos un par de horas para concluir un plan sin fallas. Estábamos en el despacho de mi casa terminando de pulir los detalles y encontrándole posibles fallas a nuestro plan. Teníamos todas las puertas aseguradas por si acaso, incluyendo la del despacho que a un lado del escritorio se situaba una puerta que solo podía abrir por adentro de la casa y daba al bosque.

Aquí todo tenía que salir perfecto porque es la estrategia definitiva para sacar a Antonett de ese lugar para siempre.

—Entonces...André y Tina la sacan —decía a la par que miraba los planos del castillo —tú gloriosa distraes a todo el mundo y tú Isabel manejas el auto, la traes y nos ponemos en marcha con el siguiente plan —le entrego los planos a Isabel.

ANTONETTDonde viven las historias. Descúbrelo ahora