CAPÍTULO XIX

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ANTONETT

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ANTONETT

Era todo o nada.

99% de probabilidad y 1%

El primero venía con todo hacia mí con la motosierra. Un arma letal pero pesada y eso hace que tus movimientos sean lentos. Lo utilicé a mi favor.

Esquivé su primer ataque con el arma y esta quedó clavada en la pared, aproveché esos 0.02 segundos para darle una matada en la espalda y clavarle el cuerpo con la parte trasera de la motosierra enterrada en dicha pared. Este solo reaccionó con un retorcido quejido, se volteo a mí y no lo dejé actuar cuando le pateé las bolas y solté un disparo.

Uno menos, faltan dos.

Pero estos dos vinieron al mismo tiempo atacando a ambos lados lo que mi plan fue agacharme y arrastrarme por el piso para que esos dos chocaran. Y así lo hice. El sujeto que tenía el hacha alzada dispuesto a cortarme la cabeza terminó cortando la del tipo contrario y el que tenía la navaja alzada se la clavó en el estómago al que portaba el hacha. Ambos llegando al mismo estado que el primero.

Muertos.

Con la diferencia que estos dos últimos fueron más estúpido.

Sin perder más tiempo me dispuse a llegar al helicóptero y subirme para este arrancar.

Visualicé que en los pies de Valentina había un kit para emergencias y lo tomé, cuando me di cuenta ya valentina tenía su hombro vendado, pero para que no la tomaran como desventaja el clan contario, la mandé a ponerse mi chaqueta lo cual obedeció.

De mi parte, empecé a desinfectar mi herida posicionada en mi mejilla derecha y hecho esto le coloco una curita. Agarro el pequeño espejo que traía el kit y visualizo con suma atención el reflejo que me hacía ver el espejo.

Esa chica.

Esa chica comparada con la de antes, a la que le daba miedo hasta matar una lombriz.

Esa chica que sacaba las facetas más feroces y fuertes que en mi escondía.

Esa chica que fue despertada por él.

Por Maxim Collin's.

La Antonett de antes es un nada comparado a lo que soy ahora y no me arrepiento de las decisiones que he tomado.

Este es un lado que por mucho tiempo he ocultado y muchas ganas he aguantado por ellos.

Unas ganas inmensas de agarrarle el cuello y ver como dejaba de respirar gracias a mí. Me aguantaba por ellos.

Unas ganas enormes de agarrar una silla de oro y estamparla en su cabeza y disfrutar como de él salía un gran charco de sangre y esa excitación que me deba el solo imaginarlo. Me aguantaba por ellos.

Pero hoy descubrí que verdaderamente nunca tuve familia a excepción de mi abuela, Gloriosa, los chicos y mi novio.

Ellos eran mi única y verdadera familia, más nadie.

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