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MAXIM
El azabache se giró contento al escuchar su nombre, de seguro pensaba que era un amigo o alguien conocido por quien esperaba porque al voltearse tenía una inmensa sonrisa que se borró al verme.
Le calculaba de unos 41 años por su enorme panza, su rostro viejo y arrugado y su calvicie.
Era hijo de puta se atrevió a tocar a mi amada con sus asquerosas manos.
—¿Quién es usted y que hace aquí?
Es susodicho estaba dispuesto a sacar su arma y apuntarme, pero no le di tiempo de reaccionar cuando ya estaba detrás de él con mi antebrazo en su cuello y una pistola apuntando a su cabeza.
—¿Crees que saldrás de esta ileso? Hay cámaras por todos lados.
—A diferencia de los idiotas que te ha tocado enfrentar, yo si soy inteligente y me aseguro no dejar huellas ni vivos -
Él con la poca fuerza que le dejaba su vejez intentó moverse y hacerme un par de trucos de seguro salidos de Toktik de como intentar defenderte ante un criminal, porque eran patéticos.
Terminé por noquearlo y dejarlo inconsciente para llevarlo a una de las tantas celdas vacías. Lo único bueno era que estaba solo así que con tranquilidad lo arrastraba por los pasillos como si de coleto se tratase y lo amarré fuerte a una silla.
A diferencia de mis otras víctimas que dejaba que despertaran solos, en esta le eché un balde de hielo que conseguí por ahí para despertarlo. No tengo mucho tiempo para dejar que la bella durmiente duerma.
Por el impacto de los cubos de hielo en su cabeza se despertó asustado y más cuando vio en el estado que estaba.
—¿Qué es lo que quieres imbécil?
—Qué bueno que lo preguntas —arrastro una silla para sentarme de piernas cruzadas frente a él -verás, hace como tiempo llegó a esta horrible pocilga mi novia por un delito que no cometió y me contó que en la revisión alguien abusó de ella.
El tipo que en todo momento ha estado atento a mis palabras se tensó al escuchar aquello que con tanta rabia y enojo he soltado.
—¿No sabrás quien fue ese sujeto?
—No —contestó descaradamente.
—Sabes me tomé la libertad de investigarlo antes de venir acá y me encontré algo interesante —saco mi teléfono de uno de mis bolsillos y le muestro la foto —el sujeto es padre de esa niña y esposo de esa mujer... ¿de verdad no lo conoce?
—No.
—Entonces creo que si el sujeto no aparece las pagaran ellas.
Empiezo a marcar el número de un viejo amigo que me debe varios favores por estos lares, lo pongo en alta voz para que Alfonso no dude de mi capacidad.