CAPÍTULO XXVIII

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MAXIM

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MAXIM

Solo.

Completamente solo en estas cuatro paredes en medio de la oscuridad.

Arrodillado implorando una y otra vez que fuese una pesadilla, pero al momento de golpearme en el estómago recordando tal estupidez que hice, me hace recordar que es la vida real. La realidad. Una en donde yo acabé con lo que fue el inicio de un amor hermoso, que, para muchos podría ser la peor manera de amar, pero era así como expresábamos nuestros sentimientos.

Mis ojos ya están bastantes hinchados hasta el punto de no ver nada.

Siento como mis ojos están secos, pero sin embargo terminé la jornada de sollozos con una lágrima más la cual cayó directamente en mi mano, pero la sentía diferente. Como no podía ver acerqué mi mano hasta mi nariz para olerla, no olía a sal sino a un olor metálico.

Solté una lágrima de sangre.

Por ella.

Y soltería muchas más pero ya el cansancio se estaba apoderando de cada rincón de mi cuerpo sin importar que este en medio de mi cuarto en el piso. El sueño me había ganado.

Me tuve que despertar por un ruido raro. Como el de una discusión así que me levanté rápido a la habitación de mis padres. Ellos al verme dejaron de discutir para prestarme atención.

—Mi amor ¿te despertamos? —asiento -disculpas nene, por favor vete a dormir.

—¿A dónde van? —los miré de arriba abajo viendo su vestidura que no es específicamente para dormir. Iban a hacer su trabajo.

—Duérmete.

Con las palabras secas y rudas de mi padre no me dio de otra que volver a mi cama a intentar conciliar el sueño. Escuché un par de relámpagos y con esa la lluvia rápidamente haciéndose presente. El sonido de la puerta cerrarse con seguro invade la casa, mis padres habían salido, pero algo en mi no me dejaba dormir tranquilo, algo me decía que iba a pasar y esos presentimientos yo le tengo miedo porque a veces son sensaciones que tú crees que no van a pasar, pero se hace real.

Pero esta vez es como si me dijera que me tengo que despedir de alguien, alguien a quien amo.

Rápidamente me acerco a la venta y la abro, no me importa que la lluvia me esté golpeando. Visualizo a mis padres encendiendo el auto y los llamo, ellos rápidamente se giran a verme y yo con una gran sonrisa me despido con la mano y les digo que los amo. Ellos me escuchan y me sonríen para decirme que también me aman y con eso se marchan.

Pero no sabía que esa de verdad sería nuestra última despedida.

Cierro la ventana y me dispongo a dormir aun con la horrible sensación encima, no le quería parar a nada, solo quería dormir. No fue hasta que escucho como alguien dice mi nombre mientras me sacude y con los ojos adormecidos visualizo a mi tío queriendo despertarme preocupado.

ANTONETTDonde viven las historias. Descúbrelo ahora