4.

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El comportamiento de Akadia realmente me había impresionado. Esperaba que me contestara con un “no de qué hablas” o “ese no es tu asunto, Dolan”. Ella salió corriendo casi al borde de las lágrimas, pero lo peor de todo es que no la seguí. Seguí pensando en ella el resto de la tarde hasta que mi papá llegó y me llevó a casa de mamá.

—Hola, papá. —Le dijo Grayson fríamente.

—Hola, Gray. —Le respondió con una sonrisa.

Grayson y mi papá no se llevaban bien, tampoco yo, pero yo era un poco más tolerante que mi hermano, por esa razón yo me quedé con él y Grayson con mi madre. Se despidió de nosotros y se fue, dejándonos a cada uno doscientos dolares para el fin de semana.

—¿Dónde está mamá? —Le pregunté apenas nos sentamos en el sofá.

—Uh, no te he contado. —Me miró y movió una ceja, frunci el ceño.

—¿Qué cosa?

—Está saliendo con alguien. —Abrí los ojos como platos, él asintió con la cabeza.

—¿Y quién es? ¿Te ha hablado de él? —Alzó los hombros.

—Sé que se llama James, creo que es contador.

Mi madre actuó rápido. No la juzgaba, todo el mundo merece abrirse nuevamente a la idea del amor luego de una relación fallida. Pero era raro, de trataba de mi mamá, la mujer más dura y un tanto fría del mundo, incluso con nosotros que somos sus hijos.

—¿Qué pasó con Jake? —Mire a mi hermano.

—Ah, pues está bien, convencí a Smith que lo dejara pasar la materia. —Levanto ambas cejas.

—¿Tú haciendo algo bueno por otro?

—Cierra la boca. —Rió.

—Es raro, casi nunca lo haces, Ethan. —Me pasé las manos por el cabello.

—Lo sé, pero realmente era mi culpa, me sentí mal al verlo tan alterado, ya sabes, por lo de su motocicleta.  —Asintió.

—¿Realmente es eso o hay alguna chica especial? —Levantó ambas cejas. Rodé los ojos y gruñi.

—No hay ninguna chica, Grayson.

—¿Entonces? —Volvió a levantar las cejas.

—Agh, nada Grayson. —Me levante del sofá y fui a la cocina.

Esto se volvía absurdo, no quería hablarle de Akadia todavía. Quiero decir, ella no es una chica especial para mí y no es indispensable hablar de ella, ni siquiera sé si le agrado. Tome un vaso y lo llené de agua fría, mi garganta estaba seca, pero mi estómago ya estaba asqueado de tanta agua. Mi hermano llegó conmigo y se cruzó de brazos. En nosotros, eso significaba que ya sabíamos lo que le pasaba al otro.

—Sabes que puedes hablarme al respecto, Et. —Dejé de beber.

—No es una chica especial, es solo una chica de mi clase de matemáticas. —Le confesé, tarde o temprano esto pasaría.

—¿Y bien? —Se acercó a mí sin cambiar su postura.

—¿Y bien qué? —Dejé el vaso sobre el taburete.

—Ya sabes, ¿cómo lo hace? —Frunci el ceño, no entendía lo que trataba de decirme. —Agh, Et. —Se quejó.

—No sé de qué hablas. —Quise reír, pero mejor no lo hice.

satyr «e.d.»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora