6.

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El lunes por la mañana, me preparé para ir a la escuela, hoy Jake me recogería, y en punto de las siete y media estaba en mi casa. Las primeras dos clases serían matemáticas, por lo tanto, yo me quedaría afuera.

—Debieron dejarte venir hasta las nueve, estarás dos horas sin hacer nada. —Me dijo Jake mientras lo acompañaba al aula.

—Lo mismo pensé, pude quedarme a domir una hora más. —Le respondí.

—Exactamente. —Nos detuvimos frente a la puerta.

—Te esperaré aquí. —Fruncio los labios y negó con la cabeza.

—Lo que deberías hacer es conocer la escuela. —Puso una mano en mi hombro.

—¿De qué hablas? —Reí por lo bajo.

—No quiero que te quedes aquí sentado como imbécil, ve a caminar por los malditos campos como solías hacer antes. —Quería no haber escuchado eso, pero quizá tenía razón.

—¿Yo solo?

—Tal vez si lo haces puedas superarlo. —Dijo. —Marion nunca supo lo que tenía en sus manos de todas maneras. —Reí de nuevo por lo bajo.

—¿Y tú sí? —Lo miré.

—Tengo al mejor ser humano en la tierra. —Sonrió. —Debo irme.

—Suerte, amigo. —Retrocedí un poco.

—Has lo que te dije, Et. —Dijo mientras cerraba la puerta del aula.

Jake tenía razón, no podía vivir atemorizado de volver a los malditos campos de la escuela, a final de cuentas fui yo quién prácticamente los descubrió cuando estaba en primer año. Así que mande el recuerxo de Marion a la mierda y caminé hacia la parte de atras de la pista de atletismo, atravesé un gran campo verde, que se encontraba escondido por altos y delgados arboles, y me senté debajo de uno, que para mí, era el más bello de todos.

—Uau, Et, esto es maravilloso. —Sus ojos azules se iluminaron por el sol que podía entrar por los agujeros de los arboles.

—Lo sé, por eso te traje. —Dije tímidamente.

—Gracias. —Me sonrió, nuevamente era la sonrisa que le hace ver ruborizada.

—De nada. —Susurre, acercándome lentamente a ella.

Estaba nervioso, había estado saliendo con Marion Jules desde hace dos meses, nos gustamos y empiezo a creer que ya es tiempo del siguiente paso, y que mejor lugar que aquí. A ella le gustaba tanto el color verde que estar rodeada de este color, quizá la enamoraría de mí.

—Eh, ¿Marion? —Le dije, pero ella no me miró.

—¿Cómo encontraste este lugar? —Se volteó. —¿Cómo este lugar pudo estar siempre detrás de la asquerosa pista de atletismo? —Miró a su alrededor, hoy se veía más hermosa de lo normal, quizá porque no traía ni una gota de maquillaje.

—Ya sabes, me gusta caminar, explorar. —Le respondí. —Y creí que este sería un buen lugar. —Volvió su mirada a mí, sentí que me ahogaba con sus ojos.

—¿Buen lugar para qué? —Pregunto escéptica.

—Ya sabes, para hacer preguntas y eso. —Fruncio el ceño.

—¿Lo dices por qué no paro de hacer preguntas? —Asentí, riendo levemente.

—No exactamente. —La miré, rodó los ojos y le tome la mano, aprovechando el momento. —Marion, quiero hacerte una pregunta.

—¿Sí, Et? —Sonrió.

—Mira, hemos estado saliendo por dos meses, y ya sabes, tú me gustas, yo te gusto. —Mis piernas comenzaron a temblar.

—Ajá. —Su sonrisa se hizo más grande.

—Y pues, bueno, creo que deberías ser mi novia. —Sus mejillas se tornaron rosadas de inmediato.

—Uau, ¿en serio? —Asentí. —No me lo esperaba, no ahora. —Sonrió de nuevo, pude notar que sus labios temblaron.—Sí.

En ese momento sentí un gran alivio en mi interior, creo que es algo normal sentir que te rechazarán aunque sabes que eso no pasará. La abracé lo más delicado posible, luego la besé, siendo este nuestro primer beso como pareja.

—Estúpida Marion. —Dije mientras arrancaba el pasto y lo lanzaba lejos.

Yo le había confiado tantas cosas, le enseñé algunas otras, incluso perdí mi virginidad con ella, y es su culpa que yo quiera metérsela a casi todas las chicas que se me cruzan en el camino, pero también sé controlarme. Este era nuestro lugar, y desde que terminamos no había vuelto hasta hoy. Quizá fue mala idea venir, comenzaba a sentirme frustrado y un tanto triste, sentía que lloraría en cualquier momento. Creo que nunca había amado como lo hice con ella, y dolía mucho saber que a ella no le importaba en lo absoluto.

—Ethan, ¿qué haces aquí? —Levanté la mirada ante la voz que me hablaba.

—¿Tú qué haces aquí? —Frunci el ceño, realmente no quería hablar con nadie.

—Te seguí, el señor Smith no me dejó pasar a su clase. —Acomodó su cabello de lado.

—¿Por qué? —Seguí mirando el pasto.

—Llegué tarde. —Dijo. —¿Puedo sentarme contigo? —Levanté la mirada.

—¿Por qué?

—Porque sí, quiero sentarme contigo. —Dio un paso hacia adelante y se sentó a mi lado.

—Como sea. —Volví a mirar el pasto.

Era extraño que Akadia quisiera estar a mi alrededor, podía jurar que no le caía bien, o en un caso extremo, me odiaba. Pero al parecer no, me siguió hasta aquí en vez de quedarse fuera del aula o en el comedor a leer uno del millón de libros que siempre trae con ella.

—¿Por qué viniste aquí? —La escuché preguntar, pero no volteé a verla.

—Jake me dijo.

—Pero Jake está en clase. —La miré.

—Lo sé, solo quiso que viniera. —Claramente, estaba malhumorado.

—¿Pero por...?

—Es una larga historia, ¿sí? No creo que te interese saber. —Miré hacia otro lado, me sentía decepcionado de mí mismo por cómo la estaba tratando, pero no podía evitarlo, este lugar...

—Sí me interesa. —Su voz fue casi como un susurro, pero era demasiado cobarde como para mirarla.

—Por supuesto. —Rodé los ojos, aunque sabía que no podía verme.

—Exacto. —Aseguró.

Ella quería saber de buena manera lo que me ocurría, pero no podía olvidar aquel viernes en el que yo quería saber algo y ella solo se levantó y se fue corriendo.

Sentí su cabeza apoyarse en mi hombro, me sentí nervioso al tenerla cerca.

★★★

Ya saben, gracias por todo, sigan así, plox

satyr «e.d.»Donde viven las historias. Descúbrelo ahora