Capítulo 31; El legado perdido

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Hermione y Tom cruzaron el umbral de la habitación del pintoresco hostal.
La estancia no ostentaba lujos; sus paredes, cargadas de historias, mostraban el paso del tiempo con la madera desgastada y los muebles envejecidos. A pesar de su modestia, el lugar ofrecía un refugio acogedor donde encontrar reposo.

Hermione inspeccionó detenidamente las sábanas, asegurándose de que estuvieran impecablemente limpias antes de dejarse caer sobre el colchón. Una tenue luz se filtraba por la ventana, pintando sombras danzantes en la habitación.

— "¿Acaso aquella mujer te confundía con alguien de gran parecido a ti? "—preguntó Hermione, rompiendo el silencio.

Tom, sumido en su labor de revisar meticulosamente papeles y mapas, guardó silencio.

Acomodándose en el colchón en un intento por encontrar mayor comodidad, Hermione exhaló un profundo suspiro que rompió la quietud del lugar.

Después de un breve lapso, Tom interrumpió el silencio. — "Mañana partiremos de aquí a las siete de la mañana."

— "¿Tan temprano? "—inquirió Hermione con sorpresa en su voz.

Tom, fijando en ella una mirada seria, replicó con un gesto de burla. — "Así es, cariño, tan temprano."

Un deje de molestia se dibujó en el rostro de Hermione. — "Tú no estás embarazado cargando el peso adicional y con los tobillos hinchados."

Tom se acercó a ella, buscando con ternura convencerla de la jornada que les aguardaba.
Consciente de la estratagema de Tom para influir en los demás, Hermione guardó en su interior la certeza de sus intenciones manipuladoras.

— "Tom, si tu padre no quiere verte, habremos venido para nada "—dijo Hermione algo inquieta.

— "No te preocupes por eso ahora, descansa" —respondió Tom mientras le daba un beso en los labios, acción que dejó a Hermione sorprendida al ver su gesto.

Tom la miró y repitió el gesto, profundizando el beso, a lo que Hermione correspondió.
Tras besarse, Tom le deseó buenas noches y se apartó de ella. Hermione se quedó sola en la cama, pensativa, escuchando cómo Tom entraba en el cuarto de baño y abría el grifo. Con el sonido del agua cayendo, poco a poco se fue quedando dormida.

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En la fría y tranquila mañana, Hermione y Tom, despertando con precisión el horario acordado, se encontraron en el vestíbulo del hostal. La atmósfera estaba impregnada de una calma casi sobrenatural, sin un solo ruido que perturbara la paz del lugar.

Hermione, con su característica puntualidad, llegó primero al encuentro. Al verla entrar, Tom se levantó de su asiento con una sonrisa cálida y amable. —"¡Buenos días, Hermione! ¿Cómo has pasado la noche?" —preguntó, mostrando interés genuino en su compañera de viaje.

Hermione, respondiendo con una expresión serena, le dijo: —"Buenos días, Tom. La noche fue tranquila, gracias. ¿Y tú?" —Tom asintió con un gesto afirmativo y agregó: —"Perfectamente, listo para emprender este viaje ".

Tras intercambiar algunas palabras, decidieron bajar al comedor del hostal en busca de un desayuno reconfortante antes de partir hacia su destino. Al llegar, se encontraron con una mujer regordeta que, con diligencia, estaba recogiendo y preparando el comedor para el día.

Después de tomar asiento en una mesa tranquila, pidieron un desayuno completo para cargar energías antes de emprender la jornada. Mientras esperaban, conversaron a
sobre los planes del día y las expectativas para la aventura que les esperaba.

Tom y Hermione al llegar ven un sendero muy poblado de matorrales con curiosidad, sintiendo una mezcla de misterio y emoción. Se adentran.

Al final del sendero, rodeado de árboles altos y antiguos, se erguía majestuosa la casa de los Guant.

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