17. Niña de Cristal

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ANDY

- Cerveza, cigarrillos... ¿Qué más? - Preguntó Connor, desabrochando su cinturón de seguridad.

- Tal vez unas barras de chocolate con malvaviscos. - Respondí, poniendo el freno de mano a mi auto y quitando también mi cinturón de seguridad. Connor me miró extrañado. - ¿Qué? Mi edad no impide que coma chocolate.

- Como sea. - Dijo divertido y salió del auto, para después salir yo también del vehículo.

Se supone que deberíamos estar en la escuela, ya lo sé, pero hoy preferimos ir a casa de Connor a perder el tiempo nada más, como lo hacíamos desde que teníamos quince años a penas. Para ese entonces ambos ya habíamos dejado de ser unos estúpidos adolescentes vírgenes que se la pasaban masturbado con videos pornográficos.

Era un barrio no muy amigable en el que estábamos, ni siquiera se veía gente transitar por aquí, pero estos lugares eran los únicos donde podíamos conseguir buenos cigarrillos y a buenos precios. Entramos a la pequeña tienda donde el sonar de una campanilla anunció nuestra presencia al cruzar las puertas dobles de cristal.

- Buen día, jóvenes. - Dijo una anciana detrás del mostrador junto a la puerta. Connor y yo contestamos con un simple "Buenos días".

- Iré por las cervezas. - Anunció Connor y se dirigió hacia los refrigeradores con bebidas de hasta el fondo del local.

- Claro. - Me giré a donde estaba el mostrador con la anciana detrás de él. - ¿Puede darme una cajetilla de cigarrillos?

- Claro, muchacho. - Respondió ella y se giró para tomarlos. Mientras yo miraba distraidamente hacia otro lado, la mujer de cabello canoso se quedó pasmada mirando hacía fuera de la tienda a través del cristal. - ¡Oh, santo cielo! - Exclamó alarmada la señora. - Alguien llame a la policía, ¡están asaltando a aquella chica!

Me asomé instintivamente por los cristales en dirección a donde la anciana miraba. A lo lejos, cruzando la calle, se podían ver a dos tipos, uno con sudadera verde y otro con una roja, ambos con la capucha arriba. Los sujetos estaban de espaldas a nosotros, mirando hacia la pared junto a un callejón. No me pareció nada malo hasta que en medio de ellos, se asomó una pequeña figura femenina que se me hacía muy familiar. Intenté mirar con más atención hasta que por fin logré reconocer aquella pequeña silueta en medio de esos dos grandulones... ¡Es Odette!

- ¡Mierda! - Dije alarmado al reconocer la cabellera castaña clara de la pequeña Belikov retrocediendo por el callejón detrás de ella hasta desaparecer junto con los dos sujetos intentando acorralarla.

No lo pensé dos veces, cuando salí corriendo del local, directamente a la calle para ayudar a la pequeña chica. No creía que la fueran a asaltar simplemente si la hicieron retroceder hasta un maldito callejón asqueroso en una calle desierta; y el hecho de pensar en lo que esos cerdos le podrían hacer, me llenaba de enojo y pánico.

Atravesé la calle para llegar al otro lado, donde unos metros más adelante habíamos visto a la pequeña chica retroceder por el callejón. Juro que si ese par de cabrones se atrevían a ponerle un dedo encima a Odette, les arrancaría la cabeza sin piedad. Corrí lo más rápido que pude, sintiendo como la ira corría por todo mi cuerpo, dispuesto a partirles el culo a los dos sujetos.

Por fin, estando a unos pocos pasos de entrar al callejón, de pronto salió la pequeña Odette corriendo de aquel sucio lugar entre las paredes de ladrillo que lo formaban. Ella chocó contra mí, saltando hacia atrás de forma temerosa, temblando por el pánico. Se veía nerviosa, asustada a demás de que su respiración era rápida y pesada.

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