28. Pasos cuidadosos.

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ODETTE

- ... Y aquí tienes. - La enfermera me entrega un papel con las indicaciones médicas mientras me dedica una amable sonrisa. - Ven en una semana para una simple revisión y si te llegas a sentir mal no dudes en volver.

- Gracias. - Respondo tomando aquel papel en mi mano.

La enfermera sale de la habitación, dejándome sola con mi mamá y Erick. Kathy y Tara se habían ido hace horas y no las culpo, las pobres estuvieron aquí toda la noche esperando noticias mías. Según Kathy y mi madre, Andy también se la pasó en vela toda la noche esperando saber de mí pero tuvo que irse antes que yo despertara.

- Listo, mi amor, sólo firmaremos unas cosas y podremos irnos a casa a que descanses. - Dice mi mamá, acariciando mi mejilla.

- Sí, de acuerdo.

Me levanto de la silla junto a la camilla, lista para dejar este hospital cuando se escuchan unos leves golpes contra el marco de la puerta abierta en la habitación.

- ¡Andy! - Chilla mamá con júbilo al verlo.

Tiene unas ojeras bajo sus azules ojos y su cabello, aún humedo supongo por la ducha, está levemente despeinado como si se hubiera pasado las manos por éste varias veces, sin embargo; se ve guapísimo como siempre.

- Hola, señora Miriam. Señor Erick. - Saluda él cortesmente.

Se adentra en la habitación con esa seguridad que tanto lo caracteriza y yo sólo me quedo helada, mirándolo. Él tiene la vista fija en mí, y eso me intimida un poco.

- Bueno... - Habla mi mamá luego de un silencio en la habitación. Ella me mira a mí y luego a él con una enorme sonrisa de adolescente emocionada. - Erick y yo aún debemos firmar una cosas... Emm. Los dejamos.

Mamá toma a Erick de la mano y tira de él rápidamente hasta la salida. No sé qué pretende esa mujer pero debía hablar muy seriamente con ella.

- Y, ¿cómo te sientes? - Inicia Ryder con una pregunta casual.

Se acerca más a mí y eso me hace estremecer.

- Bien. Estoy bien. - Me limito a responder.

Él parece notar el nerviosismo en mi voz, pues la comisura de su boca se alza en una media sonrisa. Sólo unos pocos centímetros nos separan, sentirlo tan cerca hace mis piernas temblar.

Andy alza su mano llevándola hasta mi mejilla para acariciarla, provocando que mi respiración se detenga. Su tacto es cálido y lo hace con ternura, como si yo fuera fácil de romper.

- Me diste un susto de muerte, niña.

- Lo siento. - Respondo sin aliento.

Sus ojos estudian mi rostro por completo y su mirada queda fija en mis labios.

¿Qué rayos estoy haciendo? Debo controlarme, esto está mal. Me aparto un poco de su cercanía, rompiendo el contacto de su mano en mi mejilla.

Su rostro se muestra con una expresión herida, como si con mi simple acción hubiera ofendido cada parte de su ser, y luego se torna duro. La misma expresión de aquella primera vez que lo vi.

- Amm, gracias, por cierto. - Le digo de pronto y Andy me mira extrañando.

- ¿Por qué?

- Me salvaste... otra vez. - Respondo con timidez.

- Sí, no hay problema. - Dice con indiferencia.

Oh no. ¿En serio ahora está molesto? ¿Por qué?

Amarte a MorirHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora