20. Marcando territorio.

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ODETTE

- Agh, te ves horrible. - Escucho decir a Kathy a mis espaldas.

Termino de ordenar mi casillero y lo cierro de un puertazo.

- Gracias, no esperaba menos de mi mejor amiga. - Digo con cansancio cuando me giro para mirarla.

Le doy un sorbo a mi tercer vaso de café caliente para intentar mantenerme despierta al menos hasta llegar a casa.

- ¿Qué sucedió anoche? Tienes unas ojeras enormes.

- Mamá y Scarlett discutieron toda la noche.

- ¿Qué hizo ahora? - Pregunta sin sorprenderse.

- Llegó a casa temprano... - Ella levanta las cejas sin entender cual es el problema. - Con un tatuaje.

- ¡Ah! - Exclama y comenzamos a caminar por el pasillo. Sólo faltan dos horas de clase y para mi suerte, en química. - Diablos, tu mamá debió perder la cabeza.

- Se pasó gritándose con Scarlett por cuatro horas. Tres veces hablaron los vecinos para saber si queríamos que llamaran a la policía. - Negué con la cabeza, recordando. - Fue un horror.

- ¿Y ahora cómo es la situación en tu casa?

- ¿A demás de que mi hermana y mi madre están afónicas? Bien, creo... Erick convenció al final a mamá que dejara en paz a Scarlett. - Me encogí de hombros.

- Pobre sujeto, a lo que tiene que recurrir para que su hijastra lo quiera aunque sea un poquito.

- Lo sé. - Es todo lo que digo cuando llego al frente de mi siguiente salón de clases. - Aquí me toca.

- Oh, de acuerdo. Entonces te veré en un rato. - Asiento y ella continúa su camino por el pasillo.

Entro al salón y aún no veo a Ryder en la mesa de trabajo que compartimos. Decido tomar asiento y vuelvo a beber de mi café.

- Hola, Odette. - Escucho a alguien decir alegremente. Es Ethan quien entra al salón con una radiante sonrisa hasta pararse detrás de mí mesa de trabajo para quedar frente a mí.

- Hola, Ethan. - Saludo con amabilidad.

- Te vez hermosa el día de hoy. - Dice y yo suelto una risita tonta.

- ¿En serio? Bueno, eso te convierte en el primero que lo cree. - Noto como sus mejillas se sonrojan y rasca su nuca con nerviosismo. - Y, ¿qué te trae por aquí? Tú no estás en ésta clase.

- Bueno yo venía a tres cosas. La primera es a verte. - Dice un poco apenado. - La segunda es a traerte ésto... - Él deja una pequeña cajita de regalo azul con un listón blanco.

- Oh, Ethan, no... No es mi cumpleaños ni nada. - Hablo rápidamente, negando con la cabeza.

- Por favor, Odette, al menos abrelo. - Suplica con una sonrisa.

- Pero...

- Por favor, Odette.

Yo suelto un lago suspiro y tomo la cajita entre mis manos. Desato el bonito listón blanco y al abrir el pequeño paquete, veo un par de aretes de aro plateados con pequeños diamantes incrustados. Mis ojos se abrieron enormemente al ver tal regalo.

- ¡Ethan! No puedo aceptarlos. - Digo casi alarmada.

- Por favor, Odette, - Él toma mi mano sobre la mesa. - quiero que sean para ti.

Lo miro a los ojos por unos momentos. Éstos se veían entusiasmados y con un brillo de suplica.

- ¿Por qué es éste regalo, Ethan?

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