ANDY
No soy conocido por ser una persona que controle sus impulsos, sin embargo; lo he logrado hacer en la última hora desde que vi a Odette llegar de la mano de ese idiota británico. Desde entonces he pasado todo éste tiempo rechinando los dientes y apretando fuertemente los nudillos para evitar ir a partirle la cara al niño bonito ese y llevarme a Odette de aquí aunque fuera a la fuerza.
Soporté verla sonreirle coquetamente, soporté el ver al idiota ese "ofrecerse a traerle agua" a Odette sólo para quedar bien con ella. ¡Dios! Hice un puto esfuerzo sobrehumano para no matarlo cuando lo vi tocando a Odette mientras bailaban. Pero cuando lo vi devorar a la pequeña Belikov con la mirada mientras ella se quitaba la blusa, fue cuando no soporté más.
Me levanté de mi lugar sobre la alfombra de los padres de Terrence y salí de la habitación de inmediato con la sangre hirviendo. Subí las escaleras para abrir la primer habitación de la segunda planta; una pareja ya estaba ahí, besándose semi-desnuda sobre la cama. Ambos se asustaron cuando me vieron entrar pues rápidamente se pusieron de pie y el chico balbuceaba, excusándose con que él acababa de conocer a la chica. Seguro pensaba que estaba ahí porque ella era algo mío, y no lo culpaba porque entré a la habitación echando humo de coraje.
Ignoré a la pareja que lucían con una cara de conejos lampareados, caminé hasta la cama que ya estaba a empezando a quedar destendida y tomé la primer sábana que vi. Luego salí del cuarto sin decir una palabra, cerré la puerta y bajé corriendo las escaleras hasta llegar a la sala donde Odette seguía siendo el centro de atención; así que sin titubear, caminé hasta donde ella se encontraba bailando en sostén y la envolví en la sábana con fuerza.
Lo siguiente que pasó ya es historia.
- ¡Andrew, te ordeno ahora mismo que me dejes ir! - reclama la pequeña Belikov mientras se retuerce envuelta en la sábana.
Afortunadamente el cinturón de seguridad evitaba que ella se soltara y me empezara a golpear o algo. No es que me asusten sus golpes pero serían molestos y no me dejarían conducir.
- No estás en posición de exigir nada, Belikov - le respondo con dureza.
No estoy enojado, ¡estoy que me lleva el puto demonio!
- ¿Por qué no me puedes dejar en paz de una vez? - chilla con voz extremadamente aguda.
- ¿Que te deje en paz? - freno de un golpe mi auto sin pensar en que alguien me pudo haber chocado por detrás. Afortunadamente las calles estás vacías y puedo darme el lujo de dejar el auto ahí detenido. - Odette, lo que estabas haciendo allá era una total falta de buen juicio.
- Eso no te incumbe...
- ¡Claro que sí, maldita sea! - golpeo bruscamente el volante provocando que ella salte ligeramente de su asiento y me mire asustada por mi tono de voz. - ¿Te das cuenta que soy el único que hubiera echo algo en esa fiesta si algo te llegaba a pasar?
Sus grandes ojos cafés se ven cristalinos pero por la expresión en su rostro puedo deducir que está luchando por no soltar el llanto.
- No me hubiera pasado nada - responde con voz temblorosa y llena de coraje.
No me mira a los ojos, ha cambiado la vista hacia la ventana de su lado.
- ¿No te hubiera pasado nada? Dime que bromeas - respondo con exasperación, - estabas quitándote la ropa frente a desconocidos para ti, dejaste que un chico que acabas de concer te estuviera toqueteando - mi furia aumenta con cada palabra que le digo, - ¡estabas bebiendo! ¿Ya no recuerdas lo que pasó la ultima vez que bebiste con gente que no conoces?
Ella sigue sin mirarme pero sus lágrimas ya han empezado a derramarse. ¿Por qué siempre tiene que llorar?
- ¿Que no pensaste en las consecuencias de todo lo que estabas haciendo? - continuo con la reprimenda. Sé que me estoy pareciendo a su madre cuando regañaba a Scarlett pero ahora creo que la entiendo un poco más. - Estabas poniendo en riesgo tu vida y hubieras decepcionado a tu mamá, ¿acaso no pensaste en ella? Eres su más grande adoración.
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Amarte a Morir
Teen FictionDos hermanas: Ángel y demonio. Un muchacho: Los mismos problemas. Triángulos amorosos, círculos viciosos. Nadie estará a salvo. ¿Por quién te dejarás llevar? ¿Te permitirás ir al cielo o te dejarás arrastrar por el infierno?
