SIGMUND
Aún con los ojos cerrados recupero un poco el sentido, me encuentro mareado, creo que estoy sobre una superficie blanda, talvez una cama o un sofá y entre la semi inconsciencia puedo sentir un gran peso sobre mí, también cómo abren la parte superior de mi uniforme y rompen la camisa que llevo debajo; él aire frío se siente sobre mi pecho desnudo, una manos recorren la piel expuesta concentrándose en mi cuello y entonces unos labios resecos besan mi mejilla y boca; el roce de una barba aspera me lastima, combinado con un aliento alcohólico hace que me den nauseas y abro los ojos para ver de quien se trata.
Una sensación se pavor me invade al ver a Braun sobre mí, quiero quitármelo de encima pero siento que mis muñecas están atadas sobre mi cabeza y estoy muy débil, ahora recuerdo todo lo que pasó y me pregunto que habrá puesto en ese pañuelo para dejarme así; yo me quedo paralizado, su mirada fija en mí me da escalofríos, su cuerpo me resulta pesado y su calor es agobiante, lo que mas deseo es que se aparte de mí, pero en vez de eso se acerca más.
-Hasta que por fin despertaste, por un momento creí que se me había pasado la mano con el somnífero-. Él me dice esto de manera tan casual que me hiela la sangre, este hombre me ha dormido y llevado quién sabe a donde, no se cuanto tiempo a pasado, tampoco en que lugar podríamos estar, si es de día o de noche; no se cuales son los planes de este demente, pero lo que si sé es que no es nada bueno.
-Por favor General, déjeme ir, lo que está haciendo es una locura, no lo haga-. Le digo tratando de hacer que entre en razón, pero su mirada me indica que mis palabras son en vano.
-Shhh...Tranquilo-. Él simplemente me silencia e intenta besarme de nuevo, pero yo aparto mi rostro, aunque logro impedir que bese mi boca, no puedo evitar que lo haga en mi cuello, él muy desgraciado baja hasta mi torax y se atreve a besar mi pecho; yo me sacudo como puedo y empiezo a gritarle.
-¡Alejate de mi cerdo asqueroso!-. A cambio recibo una bofetada que me dejó más aturdido de lo que ya estoy.
-Mirate...haciéndote el digno, ya me di cuenta de que dejaste que tu cuerpo fuera profanado por alguien más, esas marcas en la piel te delatan; también hay otra cosa que descubrí-. Yo lo miró sin decir nada, las marcas que Henryk dejó hace poco aún se notan y al desnudarme las vió, pero no se que más dice saber ahora.
-¿Que?-. Ante mi interrogativa él hace una especie de mueca, parece una leve sonrisa, pero en realidad es un gesto que más bien refleja desprecio; él me muestra su mano y el objeto que cuelga delicadamente entre sus dedos...es la cadena con el dije en forma de estrella que Henryk me dió. Entonces él me toma del cabello con fuerza y me muestra más de cerca el collar, ahora sus ojos brillan y en su rostro hay una expresión de rabia, su voz en susurro se escucha como el siseo de una serpiente.
-El día en que te conocí apenas tenías catorce años, en ese momento no supe darle nombre a la impresión que me diste, pero me interesé en ti, esa mañana tu madre te presentó en la academia ALESTEIN para optar al internado militar; tengo que admitir que tú en realidad nunca cumpliste con los aptitudes necesarias para ingresar, aunque tus rasgos cumplen con los estándares básicos para ser considerado Ario...digamos que físicamente dejaste mucho que desear, pero aún así cómo yo estaba a cargo de las admisiones esa semana, decidí hacerme de la vista gorda y dejar que fueras admitido-. Yo lo escucho atentamente, pero la verdad no se a donde quiere llegar, yo no puedo apartar la vista del collar, me gustaría quitárselo de sus manos manchadas de sangre inocente.
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AMOR PRISIONERO
AlteleHenryk y Sigmund se conocieron en el peor momento y lugar posible, ambos estaban destinados a odiarse, pero a pesar de esta circunstancia entre los dos nace un amor imposible y una pasión desenfrenada; este amor prohibido los envuelve en una burbuja...
