CERCA Y LEJOS A LA VEZ

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SIGMUND

Ya es 1943 oficialmente, la navidad y el año nuevo pasaron sin que yo lo notara, aunque en un lugar como este esa celebración se limitó al area de los oficiales de alto rango y a mi ni me importó; ha pasado más de un mes y aún no me acostumbro a la ausencia de Henryk, desde que hice que se lo llevaran no he sabido mucho de él, Ivonne fue dos veces a la fabrica y lo vió, ella me dijo que él esta saludable, pero silencioso, serio y distante; sólo hace su trabajo, callado y ausente, no le preguntó por mi, quiero escribirle, pero no tengo el valor para hacerlo, siento miedo de su rechazo.

Un dia el Sargento Muller estaba enojado porque su preciado automóvil no funcionaba bien, pasó todo el día quejándose de los soldados que sustituyeron a los prisioneros en el taller, que según él no saben hacer nada; yo ya no dirijo esa area así que no es mi problema, pero le sugerí que fuera a la fabrica de el señor Schindler y le pidiera a alguno de los antiguos prisioneros que se lo revisara; él me hizo caso y lo llevo hasta allá, horas mas tarde regresó muy contento y con su auto funcionando a la perfección.

-Que bueno que te hice caso Smith, la verdad es que me impresionó mucho ese muchacho, el tal...Henryk, ese Judío si que tiene talento para la mecánica, yo le pregunte donde aprendió y me dijo que a veces ayudaba a su abuelo con un viejo automóvil que tenía; yo a eso lo llamo talento natural, es una lástima haber dejado que se lo llevaran, pero mejor así, porque aquí habría muerto-. Mi corazón empezó a latir con fuerza en mi pecho, me sorprendió escuchar el nombre de mi amado así de la nada, la felicidad que recorre mi cuerpo y el júbilo que siento es inmenso; saber de Henryk de esa manera tan espontanea es maravilloso.

Henryk está bien, de seguro sigue siendo un gruñon silencioso, con el ceño fruncido y su cara de pocos amigos que amo tanto, esto me alegro toda la semana; he estado a punto de escribirle esa carta explicándole todo, pero cada vez que tomo papel y tinta pierdo la valentia y me gana el dolor de un posible rechazo, quiero decirle la verdad, que lo amo y que lo que hice fue para salvar su vida, pero no sé si me creerá; creo que lo extrañare por siempre, todas las noches siento su dolorosa ausencia, mi cuerpo se ha vuelto frío desde que él no está y la nostalgia me invade cada vez que estoy en mi anexo en las noches solitarias y silenciosas.

Tocar el piano se volvió una tortura así que decidí no hacerlo más, mi vida ahora es silenciosa, monótona y triste; hablo estrictamente lo necesario, no siento deseos de sonreír y menos de reír, especialmente en este horrible lugar, cuando Henryk estaba conmigo era más fácil no ver la naturaleza de este infierno; Auschwitz se ha vuelto cada vez mas sombrío y horrendo; por todos lados veo rostros demacrados, miradas de miedo, gente llorando, moribundos en los huesos y muchas otras atrocidades que al estar con Henryk no era capaz de ver.

Cuando veo todo esto caigo en cuenta de que lo mejor que pude hacer fue sacarlo de aquí, todos los días las camaras de gas se llenan y se vacían constantemente, cientos de personas exterminadas como si de ganado se tratara; veo a los guardias a mi alrededor, estan deshumanizados por completo y no les importa si quienes sufren son hombres, mujeres o niños, a ellos les da igual pues están muy bien adoctrinados o en todo caso ya se acostumbraron a este ambiente enfermo.

Yo por mi parte me niego a que este lugar me consuma, prefiero enfrascarme en trabajo administrativo, papeles y otras cosas que nadie quiere hacer, incluso en la cocina, ayudar a pelar papas, cocinar y hacer parte de la organización del comedor de los oficiales me distrae del horrendo exterior lleno de personas condenadas a muerte; sé que estoy trabajando más, pero al menos así además de abstraerme de la realidad del campo, también dejo de pensar en Henryk.

AMOR PRISIONERO Donde viven las historias. Descúbrelo ahora