SIGMUND
Ver a mi madre en ese estado tan deplorable es lo más triste y doloroso que he presenciado en toda mi vida, al estar en la guerra vi mucha muerte pero no puedo compararlo con esto, en su cama ella esta arropada y con los ojos cerrados; su rostro pálido y su figura demasiado demacrada y delgada me hacen sentir un gran pesar, mi madre siempre fue una mujer hermosa pero ahora parece un fantasma; yo me siento a su lado y tomo su mano esquelética esta tan fría que me da la impresión de que ya no vive, pero tiene un poco de pulso.
-¿Mamá? Soy yo Sigmund, estoy aquí-. Le digo con voz baja para no perturbarla, ella abre sus ojos café lentamente y parece enfocar la vista por un momento; su expresión cambia y su sorpresa es evidente, deja ver una leve sonrisa en sus labios pálidos.
-Sigmund...mi querubín, eres tú, que bueno que estás aquí-. Ella me dijo débilmente sosteniendo mi mano con su poca fuerza, desde que era niño mi madre siempre me llamó así, solía decir que yo era su querubín salido de un cuadro que estaba en nuestra sala, por supuesto cuando era pequeño yo lo creía.
-Pero mi vida...¿Que le pasó a tu cabello? Lo tienes muy crecido, se te ven los rizos, deberías tener tu corte militar y no llevas puesto tu uniforme, debes de portarlo con orgullo pues me costó mucho hacer que Boss te diera una cita exclusiva, recuerda que siempre debes estar presentable, nunca se sabe cuando el Fuhrer nos invitará a uno de sus eventos y debes verte perfecto si quieres conseguir una esposa bella-. Mi madre al parecer ha perdido el sentido de la realidad y no tiene idea de que la guerra terminó y que Hitler está muerto, ella hace un movimiento para incorporarse pero esta muy débil.
-Mamá no te esfuerces, debes estar tranquila estas muy enferma y el parto fue difícil-. Ella me mira cómo si estuviera loco, entonces por un momento parece recordar en donde está.
-Sigmund, hijo yo...¿Tuve un bebe cierto? ¿Dónde está? Hijo no pienses mal de mi, yo me embarace para cumplir con mi deber con el Fuhrer, dar hijos para perpetuar el poder de Alemania, por favor cariño no me juzgues-. Yo tomé su mano de nuevo con delicadeza y la calme, estuvo entre el delirio y la realidad por un largo rato, mi madre sufre mucho ahora y no puedo hacer nada por ella, no quise explicarle lo del bebé, sólo le dije que estaba bien, no quería causarle mas dolor, luego despierta y se queda viéndome de forma distinta y después acaricia mi rostro.
-¿Friedrich, eres tú? ¿Porque tu cabello está tan oscuro? ¿Ya viste a nuestro bebé? Es hermoso, tiene los ojos azules, lo llamaré Sigmund se que ese nombre te gusta mucho-. Ella me está confundiendo con mi padre, talvez me parezco a el de jóven excepto en el color de cabello, luego comenzo a llorar y parece no tener paz.
-Friedrich por favor perdoname, no era mi intención lastimarte y conspirar para que te mataran, pero estabas en contra del partido y no podía permitir que nos arruinaras; perdón por haber quemado tus cartas y no responderlas, perdón por mentir sobre tu muerte, sobretodo a nuestro hijo-. Mi madre lloraba con amargura y yo aunque estaba desconsolado por sus palabras procure darle tranquilidad.
-Está bien querida, no guardo rencor-. Ella al escuchar esto se calmo y se durmió por un rato, luego volvió a abrir los ojos y me miró de nuevo, parecía ser ella misma y estar consciente de su realidad ahora.
-Hijo, por favor perdoname, yo te mentí sobre tu padre, él no está muerto, tuvo que huir de Alemania por mi culpa, pero intentó comunicarse con nosotros haciendo llegar cartas a través de sus amigos, yo las destruí pues el es un traidor y no lo quería cerca de ti, pero él está vivo, Sigmund te pido que perdones a tu madre-. Ella me confesó esto y yo siento mi corazón romperse, mi madre todo el tiempo supo lo que pasó con mi papá y tuvo que ver con su desaparición, además fingió un funeral para que la farsa fuera mas creíble.
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AMOR PRISIONERO
De TodoHenryk y Sigmund se conocieron en el peor momento y lugar posible, ambos estaban destinados a odiarse, pero a pesar de esta circunstancia entre los dos nace un amor imposible y una pasión desenfrenada; este amor prohibido los envuelve en una burbuja...
