El ambiente en la escuela cambió después de la confesión entre Tanjiro y Shinobu. Los días parecían más ligeros, como si una nube se hubiera disipado y permitiera a todos ver un nuevo horizonte. Sin embargo, mientras las emociones de algunos se aclaraban, otras seguían siendo un misterio.
Tanjiro y Shinobu ahora eran inseparables. Los demás lo notaban y aunque intentaban no prestar demasiada atención, era imposible ignorar cómo sus miradas se encontraban en cada oportunidad. Nezuko, quien siempre había estado muy conectada con su hermano, no pudo evitar sonreír al verlo tan feliz. Aunque su comunicación seguía siendo limitada, su instinto le decía que todo marchaba bien.
Una tarde, durante el descanso, el grupo decidió reunirse en el patio de la escuela. La brisa suave de otoño acariciaba las hojas mientras el sol bajaba lentamente, pintando el cielo con tonos anaranjados y rosados.
—Parece que las cosas finalmente se calman —comentó Inosuke, con su habitual tono despreocupado, mientras se recostaba en la hierba—. Aunque admito que extraño un poco las peleas.
—No todo en la vida tiene que ser pelear, Inosuke —le respondió Zenitsu, rodando los ojos—. A veces es bueno relajarse y disfrutar de la paz. Aunque... —añadió, mirando de reojo a Nezuko, quien jugaba con una flor en sus manos— hay algunas cosas que son más emocionantes que una pelea.
Zenitsu suspiró, como solía hacer cada vez que Nezuko estaba cerca. Sus sentimientos por ella seguían siendo intensos, aunque no siempre eran correspondidos de la manera que él deseaba. A pesar de eso, su devoción nunca disminuyó.
Por otro lado, Mitsuri intentaba mantener su habitual energía y alegría, pero en el fondo, una pequeña parte de ella todavía sentía el vacío que había dejado la confesión de Tanjiro y Shinobu. Era complicado para ella, pero estaba decidida a seguir adelante.
—¿Te encuentras bien, Mitsuri? —preguntó Iguro, quien se había acercado a ella en silencio.
Mitsuri lo miró, sorprendida por la cercanía de Iguro. Él siempre había sido reservado, pero desde la confesión de Tanjiro, había notado que él estaba más atento, más cercano.
—Sí... estoy bien —respondió con una sonrisa que no llegó a sus ojos.
Iguro se sentó a su lado, sin decir nada al principio, observando el movimiento de las hojas bajo la suave brisa. Había tantas cosas que quería decirle, tantas palabras acumuladas en su pecho, pero las palabras siempre le habían fallado cuando se trataba de expresar sus sentimientos por Mitsuri.
—Sabes... a veces, las cosas no salen como esperamos, pero eso no significa que debamos rendirnos —dijo en un tono bajo, sin mirarla directamente.
Mitsuri lo observó, sorprendida por la profundidad de sus palabras. Iguro no solía hablar mucho sobre temas personales, y este era un lado que ella no había visto antes en él.
—Tienes razón, Iguro —murmuró, su sonrisa suavizándose—. A veces es difícil, pero seguir adelante es lo único que podemos hacer.
Hubo un silencio cómodo entre ellos. Iguro se sentía aliviado de poder estar cerca de ella, aunque fuera solo en silencio. Para él, el simple hecho de estar a su lado era suficiente, aunque en su corazón sabía que quería mucho más.
Mientras tanto, en otro rincón del patio, Shinobu y Tanjiro conversaban sobre los días que vendrían.
—Ahora que todo está más tranquilo, ¿qué crees que nos depara el futuro? —preguntó Tanjiro, curioso.
Shinobu sonrió, mirándolo con esa mirada que siempre lo hacía sentir que todo iba a estar bien.
—El futuro es incierto, Tanjiro, pero lo que sí sé es que mientras estemos juntos, seremos capaces de superar cualquier cosa.
Tanjiro asintió, sintiendo una calidez en su pecho. Shinobu tenía una forma única de verlo todo con calma y perspectiva, algo que siempre lo había admirado.
—Y ahora, ¿qué piensas hacer? —preguntó Shinobu, apoyando su cabeza en su mano, curiosa por la respuesta de Tanjiro.
—Creo que... quiero seguir protegiendo a los que amo —respondió él con sinceridad—. Ahora que tenemos esta nueva oportunidad de vivir en paz, quiero asegurarme de que dure.
Shinobu lo miró, orgullosa de la determinación que siempre veía en Tanjiro. Sabía que, a pesar de las batallas que habían enfrentado, el verdadero reto sería mantener esa paz.
La tarde continuó con risas y conversaciones, pero en el fondo, todos sabían que este era solo el comienzo de una nueva etapa en sus vidas. Con la batalla contra Muzan finalmente en el pasado, el grupo se enfrentaba ahora a los desafíos del día a día en este mundo moderno.
Pero, sin importar qué nuevos retos surgieran, estaban listos para enfrentarlos. Juntos.
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Cicatrices del Corazón: Amor en la Edad Moderna
RomanceEn un mundo alternativo donde la batalla contra Muzan ha quedado atrás, Tanjiro Kamado y sus amigos intentan adaptarse a la vida en una era moderna. Pero incluso en tiempos de paz, nuevos desafíos emergen. En una escuela secundaria, Tanjiro descubre...