Wednesday Addams odia las cosas del amor, y sobre todo, las novias. Su madre desea que tenga una pareja para que así sea feliz y deje de ser tan amargada, así que decide "alquilar" a una chica con una preciosa sonrisa, Enid Sinclair, para que sea la...
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Enid sabía que su hermana iba a morir, lo tenía claro desde hace meses, pero eso no hacía las cosas más fáciles.
Soltó un suspiro mientras salía del cuarto luego de que Sophie se quedara dormida, frotando sus ojos debido al cansancio. Llevaba más de un día sin dormir debido a la preocupación que sentía en ese momento, y sacó su móvil con poca batería, viendo los mensajes de Xavier y Ajax. Ninguno de Wednesday.
¿Y qué esperaba? Si Wednesday apenas sabía algo de su vida privada.
Se sentó en una silla, bostezando, sintiendo su estómago gruñir por el hambre, y cerró sus ojos un momento.
-Terminarás con un dolor de espalda horrible, Enid.
Levantó la vista bruscamente, encontrándose con la aburrida mirada de Wednesday que le tendía un sándwich y un jugo.
Sus labios temblaron.
-¿Quién te lo dijo? -preguntó en voz baja.
Addams se encogió de hombros.
-Tengo mis contactos -se limitó a decir sin agregar algo más, sentándose al lado de Enid. -Anda, come, tienes una cara horrible.
Tan encantadora como siempre.
Pero aun así Enid tomó el sándwich en sus manos, comenzando a comer sin pensarlo un poco. Iba a darle las gracias, sin embargo, la rubia de pronto la tomó de los hombros y la recostó a su lado.
La miró con sorpresa, aunque Wednesday miraba fijamente hacia delante.
-Tu hermana está enferma -le dijo tranquila.
El primer pensamiento de Enid fue mentir, pero sabía que no llegaría a ningún lugar.
-Cáncer pulmonar-respondió mordiendo su labio inferior.
El agarre de Wednesday se apretó.
-¿Por qué no me lo dijiste, Enid? -le preguntó con tono herido, mirándola a los ojos.
Enid se estremeció, notando el dolor en sus ojos, sin poder entender por qué reaccionaba de esa forma. Por qué lucía preocupada.
-Yo... -balbuceó-, tú... y yo no somos... nada, Wednesday...
El sentimiento cambió en los ojos de la mayor: ya no había dolor, sino molestia difícil de disimular.
-Soy tu novia -espetó sin soltarla-. Te lo he dicho mil veces, Enid Sinclair. Soy tu maldita novia y merezco saber esto.
Enid tembló.
-Ah... -ocultó su rostro contra el pecho de la más baja-, lo siento, gatito, pero esto es... es realmente un tema delicado, yo no... -Enid de pronto rompió a llorar -. Si lo hablo, se hace más... más real...
Wednesday soltó un suspiro, acercándola, su mente todavía pensando en el descubrimiento que hizo horas atrás, en el hecho de que realmente no sabía quién era Enid, de dónde había salido, por qué estaba fingiendo ser su novia. Quería preguntarle, sacarle toda la información que pudiera, pero no lo haría porque Enid estaba atravesando por un momento difícil y no quería agregarle más peso a sus hombros.
No quería que Enid se derrumbara, pues eso la destrozaría a ella.
-Te llevaré a casa, bebé -murmuró acariciándole el cabello. Enid pareció protestar, pero la miró con seriedad-. No has dormido y tienes que descansar un poco. Si tengo que llevarte a la fuerza, lo haré.
Derrotada, Enid asintió y se puso de pie, tomándole la mano, agarrándola del brazo.
Wednesday la miró.
-Quédate conmigo -jadeó Enid antes de arrepentirse-. Esta noche quédate a mi lado.
Wednesday asintió en silencio.
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