Un día perfecto

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Freddy estaba prácticamente recuperado, eso hacía que la carga que Gustabo sentía en sus hombros fuera un poco menos pesada. Sus instintos le hacían querer huir de aquel lugar; pero sabía muy bien que el viejo atacaría a quien más quería y sería peor. Su objetivo era ponerse en su punto de mira, pero hasta ahora este solo había atacado a sus cercanos. Si bien el Abuelo le hizo ver que todo era una provocación porque no tenía nada contra el, eso no hacía que los temores y deseos de venganza del rubio disminuyeran.

Pasaba las mañanas encerrado en su oficina; delegaba su trabajo "legal" en otros empleados, mientras en privado estudiaba cada movimiento y movía sus pajaritos para lograr información importante. Nunca se escondió de nadie, su relación con Freddy era pública y eso les llevaba a todos a los chicos del PitStop. Por una parte, eso les ponía una diana a todos; por otra, era toda una declaración de recursos contra todo aquel que quisiera ir contra ellos. Pocos podían relacionar a la pareja con el mundo ilegal, podían sospechar sí, pero no había pruebas suficientes; la gente que trabajaba con ellos eran de plena confianza y nunca dirían nada que les perjudique. Gustabo tenía mejor guardadas sus fuentes y sus negocios, pero tarde o temprano todo se podría relacionar.

-Disculpe señor.

-Dime Lía.

-Ha llegado un paquete para usted.

-Te he dicho muchas veces que no me trates de usted, me haces parecer viejo. Gracias.

El rubio agarró el paquete que su secretaria le entregó; pequeño y perfectamente envuelto. Lo abrió con precaución hasta que vio el contenido de la misma, bombones. Se había puesto a la defensiva con una simple caja de bombones, la paranoia le estaba volviendo loco. Sonrió al verla , supuso que eran de Freddy, que pedía salir de casa cada día para ir con el a la oficina o al taller con los chicos; estar encerrado en casa le tenía de los nervios. Le llamó para agradecerle pero este no contestó a la llamada, no le dio ninguna importancia ya que sabía que estaba en casa, dormido o en la ducha seguramente. Continuó con su trabajo un par de horas más, hasta la hora de irse a casa junto a Freddy. Este no había devuelto su llamada, entonces pensó que alguno de los chicos estuviera con él y por tanto no se diera cuenta de su llamada, abrió la caja para comerse algún bombón

" A las 3 en la ubicación que te enviaré Gustaviño. F"

Sonrió y miró su reloj, faltaban exactamente 10 minutos para la hora marcada en la nota. Pocos minutos después, Freddy le envió una localización sin decir nada más. Salió de su oficina con prisa y marcó en el gps de su coche la ubicación, era una cala en el norte de la ciudad que no conocía. Le pareció un poco extraño ya que el moreno aún no estaba del todo recuperado pero condujo con rapidez hasta allí. Apenas 15 minutos después había llegado al lugar, no había nadie allí. El rubio se tensó y empezó a mirar a su alrededor buscando algo, sus sentidos se dispararon buscando la trampa. Fue a coger su arma, pero la había dejado en la guantera de su coche; agarró su teléfono pero nadie respondía a sus llamadas. Tomó de nuevo rumbo a su coche, una vez dentro notó una presencia detrás de él y miró el retrovisor.

-¿Que tal rubia?

-Joder Freddy, ¡menudo susto me has dado! ¿A qué juegas?

-Una sorpresa, relájate un poco.

-¿Y tenías que asustarme? ¿Como llegaste hasta aquí?

-Tengo mis contactos neno, vamos.

Freddy salió del coche y le tendió la mano al rubio, acto seguido abrió el maletero y sacó una cesta. Gustabo siguió sus pasos, por un momento estaban siendo solo ellos dos; todo el estrés de los días anteriores pasó a un lado solo al sentir el contacto del moreno. Llegaron a la cala; allí el moreno tendió un mantel en la arena y sacó la comida de la cesta.

Doble CaraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora