Un par de días después, la vida seguía su curso habitual. María, Fernanda y Max jugaban en el salón, esparciendo juguetes y risas por todo el apartamento, mientras Heriberto terminaba de preparar el desayuno. Victoria, aún en pijama, entró en la cocina, despeinada pero con una sonrisa en los labios.
-¿Hueles eso? -le preguntó Heriberto con una sonrisa pícara mientras le ofrecía una taza de café recién hecho.
-¿Qué es? ¿Café con una pizca de amor? -bromeó Victoria, acercándose para darle un beso en la mejilla.
-Casi. Tortitas con chocolate, pero eso también lleva amor incluido.
Victoria rió y se apoyó en la encimera, mirando a los niños desde la cocina. La escena familiar la llenaba de una calidez que era difícil de describir. Max estaba ayudando a María y Fernanda a construir una torre de bloques, y el ambiente estaba cargado de felicidad.
-¿En qué piensas? -preguntó Heriberto, acercándose con una espátula en la mano.
Victoria lo miró de reojo, mordiéndose ligeramente el labio inferior.
-Estaba pensando en lo bonito que es esto... nuestra familia -dijo en voz baja, casi como si estuviera admitiendo un secreto.
Heriberto dejó la espátula en la encimera y se acercó más a ella, tomando su mano.
-Yo también lo he estado pensando. Aunque aún no estamos todos, ¿verdad?
Victoria lo miró, un poco sorprendida por su respuesta, pero también con el corazón acelerado.
-¿Cómo que no estamos todos? -preguntó, intrigada.
-Bueno, tú misma lo dijiste hace unos días, mi vida. Que quizás, en algún momento, podríamos... ampliar la familia.
Victoria sonrió nerviosa, desviando la mirada hacia el suelo.
-Sí, pero no sé si lo decía en serio... O quizá sí, pero me asusta un poco.
Heriberto la abrazó suavemente, apoyando su barbilla en la cabeza de ella.
-No tienes que decidirlo ahora, Vicky. Lo que sea, lo haremos juntos. Y si ese momento llega, estoy seguro de que será igual de especial que todo lo que hemos vivido.
Victoria cerró los ojos, disfrutando de ese abrazo. Las dudas seguían ahí, pero el amor y el apoyo de Heriberto las hacían más llevaderas.
-¡Mamá, papá! -gritó de repente Fernanda desde el salón-. ¡La torre se ha caído!
-¡Eso fue culpa tuya, Fernanda! -protestó Max entre risas.
-¡No es verdad! ¡Fue María!
Victoria y Heriberto se miraron, conteniendo la risa, antes de volver al mundo de los pequeños.
-Vamos a desayunar antes de que empiece la guerra de los bloques -dijo Victoria, tomando la mano de Heriberto y dirigiéndose a la mesa.
Horas más tarde, con los niños jugando en casa de la vecina, Heriberto y Victoria se encontraban en el sofá, disfrutando de un rato de tranquilidad. Ella descansaba con la cabeza en su regazo mientras él le acariciaba el cabello.
-¿Sabes? -empezó Victoria, rompiendo el silencio-. Cuando pienso en tener un bebé contigo, no es el miedo lo que predomina. Es... ilusión.
Heriberto dejó de acariciarle el cabello y bajó la mirada para encontrarse con los ojos de Victoria.
-¿Ilusión?
-Sí, ilusión. De empezar algo juntos, desde cero, de ver cómo crece algo que hemos creado con tanto amor.
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Entre paredes
RomanceEl sonido de cajas siendo arrastradas resonaba en el pasillo del nuevo edificio de apartamentos mientras una mujer, con su pelo castaño revuelto y dos niñas pequeñas agarradas de sus manos, se dirigía hacia la puerta de su nuevo hogar. La mudanza ha...
