Unos días después, tocó revisión.
Esa mañana, Victoria debía ir al hospital para asegurarse que tanto ella como su bebé estaban, sino recuperados cien por cien, al menos una gran parte.
La cocina olía a pan tostado y café. Fernanda, con el pelo aún despeinado y el pijama puesto, intentaba untar mermelada sin que se le cayera la tostada, siendo copiada por Dani. María ya estaba vestida con el uniforme, muy aplicada, y ayudaba a su hermana más pequeña a prepararse. Max, medio dormido, bebía un vaso de leche mientras Heriberto repasaba su reloj, pendiente del tiempo.
—A ver, tropilla, —dijo él con voz de buen humor— si terminamos pronto, llegamos al cole sin prisas.
—Papá, hoy tienes que llevar a mamá al médico, ¿no? —preguntó María, mirándolos con curiosidad.
Victoria sonrió, mientras recogía el plato de la pequeña.
—Sí, cariño. Hoy me toca revisión. A mí y al bebé —añadió con un gesto instintivo hacia su vientre.
—¿Y el bebé está bien? —intervino Lucía, con la boca llena de galleta.
Heriberto se agachó junto a ella y le limpió una miguita de la mejilla.
—Claro que sí. Está creciendo poquito a poco, pero fuerte. Igual que mamá.
Lucía sonrió satisfecha y asintió con energía.
—Entonces dile al médico que le dé un caramelo por portarse bien.
La risa fue general. Hasta Max, que solía ser el más tranquilo de los tres, soltó una carcajada.
—Eso no funciona así, Lu—dijo—. El médico no da caramelos a los bebés.
—Pues debería —replicó la niña, muy seria, mientras Heriberto le ayudaba a ponerse la chaqueta.
Victoria los miraba con ternura. Todavía sentía cierta debilidad, y a veces un leve mareo, pero la imagen de sus hijos riendo en la mesa y Heriberto ayudándolos con las mochilas la llenaba de una paz que había echado de menos.
—Venga, mochilas y al coche —anunció él—, que si no llegáis tarde y la maestra regaña al chófer también.
María se acercó a Victoria y la abrazó despacio.
—Suerte, mami. Dile al médico que te cuide mucho.
—Lo haré, mi vida —respondió ella, devolviéndole el abrazo.
Unos rato después, Heriberto arrancó el coche rumbo al hospital. Victoria, apoyada en el asiento, observaba por la ventana.
—No dejo de pensar en lo cerca que estuvimos de perderlo todo, Heri...
Él le tomó la mano sin apartar la vista de la carretera.
—Y por eso mismo vamos a cuidarlo más que nunca. A ti y al bebé. Ya lo peor pasó, Vicky.
Victoria asintió, dejando que sus dedos se entrelazaran con los suyos. En su interior, la mezcla de miedo y esperanza seguía viva, pero esa mano firme, cálida y segura bastaba para que el día pareciera más luminoso.
// El hospital, Victoria y Heriberto caminaban por el pasillo, saludando a algunas enfermeras que lo reconocían enseguida.
—Doctor Ríos, señora Victoria, buenos días —le dijo una de ellas con una sonrisa—. Me alegra verlos por aquí... pero en mejores circunstancias.
Heriberto devolvió la sonrisa, sin soltar la mano de Victoria.
—A mí también —respondió con un leve suspiro—. Esta vez venimos de visita, nada más.
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Entre paredes
RomanceEl sonido de cajas siendo arrastradas resonaba en el pasillo del nuevo edificio de apartamentos mientras una mujer, con su pelo castaño revuelto y dos niñas pequeñas agarradas de sus manos, se dirigía hacia la puerta de su nuevo hogar. La mudanza ha...
