Unos días después, en la sala de espera de un hospital aguardaban las personas que considereban sus padres, junto a algunos de sus mejores amigos, esperando noticias de la mamá y el nuevo integrante de la familia.
Porqué sí, Victoria estaba de parto de su sexto hijo, porque Max sí era su hijo, y con todo el derecho del mundo lo decía.
Era de madrugada, por lo que Antonieta y Óscar, en cuanto Heriberto les llamó, fueron a casa a cuidar a los pequeños, quienes no se podían dormir esperando notícias.
Pasaron apenas un par de horas cuando Heriberto salió, aun con la bata puesta, sonriendo a más no poder.
—Es un niño —anunció Heriberto con la voz llena de emoción, acercándose a ellos—. Está perfectamente, y Victoria también.
Un suspiro colectivo de alivio y alegría recorrió la sala. Adriana se llevó las manos al pecho, emocionada, mientras Estela lo abrazaba sin esperar respuesta.
—¡Un niño! —repitió Estela entre risas.
—¡Otro pequeño Ríos Bernal para el mundo! —añadió Sebastian, abrazando a su mujer.
—¿Cómo ha ido? ¿Alguna complicación? —preguntó Rodrigo, con Adriana abrazada a él.
—Fue rápido, gracias a Dios. Todo salió perfectamente.
Sebastian se acercó y le dio una palmada en el hombro.
—Te felicito, hijo. Ya puedes considerarte el padre más completo de todos.
Heriberto soltó una pequeña risa y negó con la cabeza.
—No sé si completo... pero sí el más afortunado.
En ese momento, su móvil vibró. Era una llamada. Lo puso en altavoz para que todos escucharan. Era la voz soñolienta de Fernanda.
—¿Ya nació? —preguntó desde el otro lado.
—Sí, princesa. Ya nació tu hermanito.
—¿Y mamá? —intervino Max.
—Está muy bien, mi vida. En cuanto descanse un poquito, podréis venir a verla.
Al fondo se oyeron los gritos alegres de Daniel y las risas de Lucía.
—¡Sabía que iba a ser niño! —decía ella, eufórica.
Las risas llenaron la sala, contagiando a todos. Heriberto los escuchaba con ternura, con ese brillo en los ojos que solo da el amor más profundo.
Cuando colgó la llamada, Adriana se acercó y, con suavidad, le preguntó:
—¿Y el nombre?
Él respiró hondo antes de responder, como si saboreara cada palabra.
—Mateo. Se llamará Mateo.
—"Regalo de Dios"... —murmuró Estela, sonriendo con emoción—. No podía ser otro.
Heriberto asintió, aún con la voz cargada de sentimiento.
—Eso es justo lo que es. Un regalo que no esperábamos, pero que llegó a completarlo todo.
Apenas un rato después, una enfermera salió a avisarle a Heriberto que Victoria había despertado, y que lo llamaba.
Ella levantó la mirada al verlo entrar y sonrió.
—¿Has visto a nuestro pequeño?
Heriberto se acercó hasta besarla.
—Sí, mi amor —sentándose en la cama, de frente a ella—. Está perfectamente, pero ya sabes que deben revisarlo.
—Espero que no tarden, quiero tenerlo ya aquí conmigo.
ESTÁS LEYENDO
Entre paredes
RomanceEl sonido de cajas siendo arrastradas resonaba en el pasillo del nuevo edificio de apartamentos mientras una mujer, con su pelo castaño revuelto y dos niñas pequeñas agarradas de sus manos, se dirigía hacia la puerta de su nuevo hogar. La mudanza ha...
