Unas semanas después, el tan esperado desfile de París por fin llegó.
Cuando la ginecóloga le dijo que estaba todo bien con ella y el bebé, aunque seguía manteniendo el reposo, visitaba la Casa de Modas más seguido de lo que Heriberto quería. Pero ella debía supervisar que todo estuviera bajo control, era un sueño para ella ese desfile y debía salir perfecto.
Por eso, una semana antes del desfile viajaron a París las costureras, los diesñadores y una gran parte de trabajadores de la Casa de Modas. Era un desfile grande, con muchas modelos y, por lo tanto, muchas piezas de ropa que debían quedar perfectas en cada modelo.
Aunque Victoria estaba ilusionada y feliz por viajar, estaba, a la vez, triste porque su marido e hijos no viajarían ese mismo día con ella. Los niños terminaban el colegio esa misma semana, por lo que se verían el día mismo del desfile.
—Te vamos a echar de menos, mami —dijo María abrazándose a su mamá como lo hacían sus hermanos.
Estaban en el aeropuerto, ya todos los trabajadores estaban subiendo al avión, solo faltaba ella.
—Y yo a vosotros, mis amores. Muchísimo. Pero el sábado nos veremos. Y estaremos unos días allí todos juntos.
Heriberto, como siempre, les dejaba su momento, un poco atrás de ellos. Hasta que sintió cómo llamaban a los pasajeros del vuelo a París.
—Vamos, niños, mamá debe irse ya.
Muy a su pesar, los pequeños se separaron de la mamá, y dejaron que se despidiera de su papá.
—Llámame en cuanto lleguéis al hotel, por favor. Y descansa mucho, Vicky.
—Sí, mi amor. Lo intentaré —acercándose a abrazarlo—. Te voy a extrañar muchísimo, Heri. Y el bebé también lo hará.
—Y yo os voy a extrañar a los dos, no sabes cuánto —besándole la mejilla para separarse del abrazo y poder besarla en repetidas ocasiones en la boca—. Te amo.
—Y yo a ti.
Llamaron a los pasajeros del vuelo a París por última vez, por lo que Victoria se tuvo que ir, con alguna lágrima cayéndose por la mejilla al girarse y ver a toda su família enviándole besos y gritándole que la echarían de menos.
//
La llegada a París fue perfecta, hacía sol pero no calor como pensaban. Como era mediodía, dejaron las maletas en el hotel y bajaron a comer algo allí mismo.
Victoria habló nada más aterrizar con Heriberto y fue cuando colgó que se dio cuenta que ya los necesitaba, y que los echaba mucho de menos. Al menos tenía a su bebé con ella, una pequeña parte de la tropa.
En México, Heriberto había llevado a los niños a un centro comerical donde habían recreativos, cosa que le encantaban a los pequeños, para intentar desaparecer la tristeza del viaje de mamá. Max y María íban más por libre, con algunos de sus amigos que se encontraron allí, pero los tres pequeños íban con el papá, y jugaban a los juegos adecuados para su edad.
Le envió una foto de esa misma noche, de todos cenando en casa:
"Faltas tu, mi vida. Sin ti, esta casa se siente a medias".
"Ay, mi amor, a mi me falta todo sin vosotros. Almenos tengo al bebé para sentiros un poco más cerca".
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La semana pasó rápida para los niños, pero no para Victoria y Heriberto. Les costó dormir cada noche, pero se reconfortaban cuando Victoria llamaba después de toda la jornada trabajando. Pero ya no quedaba nada para verse, pensaba Heriberto ya en el avión, el sábado por la mañana.
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Entre paredes
RomanceEl sonido de cajas siendo arrastradas resonaba en el pasillo del nuevo edificio de apartamentos mientras una mujer, con su pelo castaño revuelto y dos niñas pequeñas agarradas de sus manos, se dirigía hacia la puerta de su nuevo hogar. La mudanza ha...
