La noche había avanzado, y el departamento de Karime estaba iluminado solo por las luces cálidas de la cocina y una lámpara en la sala. Los restos de la cena —un par de copas de vino casi vacías y un plato con algunos trozos de sushi olvidados— seguían sobre la barra de mármol. La dueña del departamento, siempre meticulosa, recogía los cubiertos y los envoltorios mientras Gala, recargada contra el respaldo de uno de los bancos altos, la miraba con una sonrisa divertida.
—Déjame ayudarte —insistió Gala, poniéndose de pie con intención de acercarse.
La pelinegra negó con un gesto casi ensayado, girándose para mirarla con una expresión que combinaba firmeza y un destello divertido.
—No, no, tú eres la invitada. Siéntate y relájate —dijo mientras empezaba a apilar los platos con movimientos precisos.
Gala cruzó los brazos y arqueó una ceja.
—No suelo quedarme sentada viendo cómo alguien hace todo el trabajo —comentó cruzando los brazos sobre la barra.
Karime soltó una risa breve, suave, pero que resonó en el aire como una caricia.
—Entonces será tu primera vez. No suelo invitar a nadie a mi casa, mucho menos dejar que alguien lave mis platos.
—¿Ni siquiera alguien que acaba de besarte? —preguntó la menor con descaro, ladeando la cabeza mientras se apoyaba contra la barra, acercándose ligeramente.
Karime, que en ese momento estaba colocando los platos en el fregadero, se detuvo. Giró el rostro hacia la chica frente a ella con una sonrisa que se formó lentamente, encendiendo un brillo especial en sus ojos.
—Sobre eso... Creo que se supone que tengo que decir que no pasa seguido. Pero contigo no sé qué tanto tenga sentido decirlo.
Gala rió por lo bajo, dejando que la tensión en su cuerpo se deslizara hacia algo más liviano, aunque igual de intenso. Karime volvió a centrar su atención en el fregadero, abriendo el grifo y dejando que el agua llenara un cuenco, pero Gala no pudo evitar notar cómo sus movimientos ahora parecían más lentos, más conscientes de la mirada que la seguía desde detrás de la barra.
—¿Siempre has sido tan impecable? —preguntó rompiendo el silencio mientras observaba cómo la guapa doctora lavaba los platos y los colocaba con precisión milimétrica en el escurridor.
Lanzándole una mirada curiosa, la pelinegra se giró levemente.
—¿A qué te refieres?
—A esto —gesticuló con una mano que abarcaba la cocina y el departamento en si— Todo está... Perfectamente acomodado. Incluso los cuadros en la sala están alineados como si hubieras usado un láser. Es más, creo que hasta tu bonito gato combina con tu casa.
Karime sonrió levemente, volviendo su atención al agua que corría.
—¿Es un cumplido o una crítica?
—Un poco de ambas —una sonrisa traviesa se formó en la cara de la residente— Es impresionante, pero también me hace sentir un poco culpable por el desastre que naturalmente manejo.
—Me gusta que todo esté en orden, como si el caos de afuera no pudiera alcanzarme aquí. Ah, y si; Norris es el gato más bonito del mundo.
—Bueno, misión cumplida —dijo Gala, recostándose un poco en el respaldo de la silla y cruzando los brazos— Hasta el perchero en la entrada parece sacado de una revista.
—¿Qué tiene de malo un perchero ordenado? —replicó Karime, arqueando una ceja con una expresión que mezclaba diversión y desafío — Me da paz.
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Anatomy Of Two | Garime
Fanfiction"La anatomía de dos personas se revela no solo en sus cuerpos, sino en los silencios, las miradas y las emociones que comparten."
