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El aire frío de la mañana envolvía a Gala mientras cruzaba las puertas del Imperial Care, su paso rápido y decidido apenas lograba disimular el torbellino de emociones que llevaba dentro. Había algo distinto en su manera de moverse, en la forma en que sostenía la mirada al caminar. La noche anterior lo había cambiado todo, y aunque intentaba concentrarse en el trabajo que la esperaba, su mente permanecía atrapada en los recuerdos que se habían grabado en su piel y en su alma.

Había sido profundamente único y distinto. No como días antes cuando por primera vez despertaron juntas en el departamento impecable de Karime, donde los besos y caricias habían sido un límite tácito, esa noche, la pasión había quedado contenida sosteniendo un deseo latente.

Sin embargo, anoche en la calidez desordenada del hogar de Gala, todo había cambiado. Esta vez, se habían permitido derribar esas murallas entregándose por completo.

Por la mañana la cama aún conservaba el aroma a jazmín del perfume de la pelinegra y la calidez de su cuerpo, una presencia que ahora parecía tan lejana que dolía. Gala había despertado antes, como si su inconsciente temiera perder un solo segundo junto a ella. La había contemplado en el momento más puro, grabando cada detalle en su memoria: su oscuro cabello desordenado pero hermoso; sus facciones relajadas, despojadas de cualquier rastro de autoridad; la curva suave de su espalda apenas cubierta por las sábanas.

Era la primera vez que la veía de esta forma, era una imagen casi irreal, verla así, tan lejos de la perfección milimétrica con la que solía presentarse ante el mundo.

Parecía tan inalcanzable y, al mismo tiempo, tan suya, pensó.

Para Gala, desde que había conocido a Karime la consideraba un enigma constante, pero esa noche le había permitido descifrar al menos una parte de su complejidad. Había sentido su fuerza y su entrega, su control y su rendición. Había descubierto en ella una mujer maravillosa, capaz de ser feroz y delicada, rígida y apasionada. Se había dejado envolver por cada caricia, cada susurro, cada mirada que le había regalado, como si el tiempo fuera un lujo que ambas debían aprovechar al máximo. Ahora, al caminar por los pasillos del hospital, la echaba de menos con una intensidad que la sorprendía.

Karime, por su parte, había sentido algo nuevo al ser despertada por un roce cálido y delicado que recorría su espalda. Al principio, en su estado de somnolencia, había tardado un segundo en reaccionar. Pero al abrir los ojos y sentir los suaves besos de la residente sobre su piel desnuda, las imágenes de la noche anterior habían vuelto a su mente con claridad. Cada caricia, cada palabra, y cada mirada compartida cobraron vida en su memoria, llenándola de una extraña mezcla de emoción y serenidad.

El miedo que había sentido al darse cuenta de lo mucho que su diosa misteriosa significaba para ella, de lo profundo que había llegado en un espacio que siempre había mantenido inaccesible, ahora era diferente. Jamás se había permitido involucrarse sentimentalmente con otra mujer, y al principio había intentado convencerse de que lo suyo con Gala podía ser efímero, un deseo físico fácil de controlar.

Pero esa mentira se había desmoronado entre los brazos de la pelirroja. Lo que compartían iba más allá de lo tangible, era algo que nacía desde dentro, tan real y auténtico que no podía ignorarlo.

El auto de Karime avanzó por las calles mientras regresaba a su departamento luego de dejar a Montes en el estacionamiento del hospital. En la soledad del trayecto, repasaba cada momento, cada sensación. El sabor de la piel de Gala aún estaba presente, al igual que el sonido de su risa entrecortada y los suspiros que llenaron el aire durante horas. Karime pensaba en lo mucho que le encantaba Gala, en cómo su determinación y calidez habían despertado en ella algo profundo, algo que nunca antes había sentido con tanta intensidad.

Anatomy Of Two | GarimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora