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El sonido metálico de las tijeras resonaba en el quirófano mientras Karime suturaba con la precisión que la caracterizaba. Pero, a pesar de su concentración habitual, su mente estaba lejos de la sala. La imagen de Gala y Marie Claire seguía reproduciéndose en su cabeza como un bucle interminable. Cada risa compartida, cada mirada cómplice... Era absurdo, pero le carcomía.

En cuanto la cirugía terminó, se quitó los guantes con un movimiento rápido y salió hacia los vestidores, dejando a su equipo desconcertado por su actitud más fría de lo normal.  Después de un largo suspiro, decidió que debía supervisar personalmente el seguimiento con Marie Claire. Más allá de todas las emociones que estaba experimentando en ese momento, era su paciente y evitarla era algo inútil además de poco profesional.

Cuando entró en la habitación, encontró a la embarazada reclinada en la cama, hojeando una revista con una actitud despreocupada.

—Doctora Pindter, un placer volver a verla —dijo la mujer con esa sonrisa radiante que parecía parte de su arsenal personal.

Karime mantuvo la compostura, ciertamente antes Marie Claire le parecía una mujer encantadora pero en estos momentos el simple tono de su voz le irritaba.

—Marie Claire, vine a revisar su evolución. Necesitamos los resultados de los últimos estudios... Cierto, Gala los tiene —murmuró lo último más para sí misma— Deme un momento, llamaré a la doctora Montes para que los traiga.

El nombre de Gala apenas salió de sus labios, y Marie Claire alzó una ceja con interés.

—La doctora Montes... Esa chica es encantadora, ¿no le parece?

Pindter no respondió de inmediato, enfocándose en revisar el expediente en su tablet.

—Es... Una gran residente —respondió finalmente, con un tono neutral que no lograba ocultar del todo su incomodidad.

Marie Claire, ajena o quizás deliberadamente ignorante de la tensión, continuó.

—Eso no lo niego, pero vamos, doctora, tiene que admitirlo. Esa chica es imponente. Esos ojos... tan expresivos, tan intensos. Y esa manera de moverse... Hay algo tan sensual en ella. Es difícil no notarlo.

Karime sintió que su paciencia comenzaba a agotarse. Se obligó a respirar profundamente antes de replicar:

—Montes es mi residente. Me interesa su desarrollo profesional, no impresiones personales que puedan tener sobre ella.

—¿Impresiones personales? —repitió la rubia con un tono divertido—. Qué diplomática. Pero me parece que está esquivando la pregunta, doctora Pindter. Dígame, ¿qué sabe de ella? ¿Está soltera?

La doctoraba apretaba la mandíbula, sintiendo cómo la conversación se salía de control.

—No es algo relevante para su atención médica, Marie Claire.

Pero la paciente no parecía dispuesta a ceder, mordió sutilmente su labio.

—Vamos, doctora. No sea tan rígida. Yo creo que ustedes pasan suficiente tiempo juntas como para que pueda responderme algo tan simple. Además, ¿me va a decir que no le parece preciosa?

El corazón de Karime dio un vuelco. Claro que lo pensaba. Gala era deslumbrante, tanto que le costaba mantener la compostura cuando estaba cerca de ella. Pero escuchar a otra mujer hablar de ella en esos términos, con ese descaro, la irritaba de una forma que no podía explicar.

—No veo la relevancia de esa pregunta, Marie Claire —respondió finalmente, su voz afilada como un bisturí— Montes es una doctora muy talentosa. Eso es lo que importa.

Anatomy Of Two | GarimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora