El motor de la camioneta blanca de Karime rugió suavemente cuando encendió el auto en el estacionamiento del Imperial Care. Apenas giró la llave, su celular se conectó automáticamente, y los primeros acordes de Houdini de Dua Lipa comenzaron a sonar a un volumen considerablemente alto. Con un gesto rápido, la pelinegra bajó el volumen, visiblemente incómoda. Gala, sentada en el asiento del copiloto, arqueó una ceja con una sonrisa divertida.
—¿Qué haces? —preguntó mientras giraba el rostro hacia Karime.
—No pensé que fuera tu tipo de música —le dijo Karime, con una ligera sonrisa mientras se concentraba en colocar en el mapa la ubicación que Gala le había enviado.
—No seas ridícula, me encanta Dua Lipa —respondió Gala, acercándose ligeramente para subir de nuevo el volumen. La pelinegra rió suavemente y dejó que la canción fluyera, con el volumen ahora en un nivel moderado.
El camino transcurrió con una tranquilidad que ambas agradecían. Hablaron de cosas triviales: el tráfico, la playlist de Karime: "tienes mejor gusto musical de lo que esperaba", comentó Gala, y las mil anécdotas de cómo a Gala le había costado adaptarse a manejar en la ciudad cuando se acababa de mudar. Pero lo más interesante fue lo que no dijeron: el silencio entre las palabras, cargado de una comodidad que ambas disfrutaban en secreto.
Cuando llegaron a la residencial de Gala, Karime detuvo la camioneta frente a una gran reja. Un guardia uniformado se acercó a la ventana de Karime, quien la bajó con delicadeza.
—Hola, buenas noches —saludó la cirujana, con una voz baja y segura.
—Buenas noches señoritas, adelante —respondió el guardia, reconociendo a Gala en el asiento del copiloto. Esta lo saludó sonriendo amablemente con una inclinación de cabeza mientras el hombre abría la reja, permitiéndoles pasar.
Un par de casas más adelante, Gala señaló la entrada de una casa blanca con café de dos pisos, con una pequeña jardinera al frente y luces cálidas encendidas en el interior. Si bien su casa no era una mansión, era lo suficientemente espaciosa para la residente.
—Es aquí, a la derecha —Karime giró el volante con precisión y se estacionó de un solo movimiento frente a la entrada que se encontraba totalmente despejada.
—¿Siempre manejas así de perfecto o solo es para impresionarme? —bromeó Gala, desabrochándose el cinturón.
—Siempre, pero si te impresiona, no voy a negarlo —respondió Karime, con una sonrisa divertida.
Ambas se rieron suavemente, hasta que la mayor extendió una mano y la colocó sobre la de Gala, deteniéndola antes de que abriera la puerta. La sonrisa de Karime desapareció, reemplazada por una expresión seria, aunque suave.
—Bueno... hemos llegado a tu destino —dijo mirándola con esos ojos que siempre lograban desarmar a Gala.
—Estaré bien —le susurró, como si pudiera leer la preocupación que Karime intentaba ocultar.
La pelinegra la miró por un largo momento antes de asentir.
—Lo sé. Pero si necesitas algo... Lo que sea... Quiero que me llames. Si quieres hablar sobre lo que pasó hoy en urgencias, sobre la paciente... Prométemelo, Gala.
—Te lo prometo, Kari.
Gala asintió, conmovida por el tono protector de Karime mientras que esta se derretía por lo lindo que había sonado el apodo saliendo de su boca. La pelirroja se inclinó hacia ella con cierta timidez, dejando un beso suave sobre su mejilla. Karime giró apenas el rostro, y el movimiento inesperado convirtió el beso en un pequeño roce de labios.
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Anatomy Of Two | Garime
Fanfiction"La anatomía de dos personas se revela no solo en sus cuerpos, sino en los silencios, las miradas y las emociones que comparten."
