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Karime cerró la puerta de su consultorio con un suspiro prolongado, dejando caer el cuerpo sobre la silla como si el peso de la conversación en los vestidores aún colgara de sus hombros. Había intentado concentrarse en sus tareas pendientes, pero la imagen de Gala, con su mirada herida y su voz firme, no dejaba de rondar su mente.

Gala Montes estaba rompiendo todas las barreras que Karime había construido a lo largo de los años. Y lo peor es que ni siquiera parecía intentarlo. Simplemente era ella, y eso bastaba para desarmarla.

"¿Por qué no pude explicarle lo que siento? ¿Por qué siempre tengo que complicarlo todo?", se preguntaba mientras tamborileaba con los dedos en el escritorio.

No pasó mucho tiempo antes de que el sonido de la puerta se abriera sin previo aviso. Cassandra entró con la confianza de siempre, sosteniendo una carpeta, pero su expresión era más inquisitiva que profesional.

—¿Tienes un momento? —preguntó, aunque no esperaba respuesta. Cerró la puerta tras de sí y se sentó frente a la pelinegra.

Pindter la miró con el ceño ligeramente fruncido.

—¿Qué necesitas?

—A ti. Necesito saber ya qué es lo que sucede contigo. Estás en otro planeta, wey.

Karime desvió la mirada, incómoda.

—No es nada.

—Por favor, Karime. Te conozco desde hace años. Si me vas a mentir, al menos hazlo bien.

Esta soltó un suspiro pesado, dejando el expediente a un lado.

—No sé qué hacer con Gala. Anoche fue... Diferente. Estuvimos juntas en mi casa, conversamos, cenamos  y nos entendimos. Por primera vez en mucho tiempo sentí que podía bajar la guardia, pero esta mañana me asusté. No quiero complicar más las cosas, pero creo que ya lo hice Cass. Y eso no es justo para ella.

Cassandra se reclinó en la silla, observándola con atención.

—¿Sabes cuál es tu problema? Siempre quieres controlar todo. Tus emociones, tu entorno, hasta las reacciones de los demás. Pero con ella... No puedes, wey ella no es un procedimiento quirúrgico, es una morra casi 10 años menor que tú, que te aseguro se muere por ti, como tú por ella. ¿Y sabes qué? Eso está bien. Quizás sea hora de dejar de huir y empezar a ser honesta contigo misma.

Karime permaneció en silencio, procesando las palabras de su amiga.

Mientras tanto, en la sala de descanso, la residente entraba con un gesto serio, llena de fastidio aventando su mochila sobre una de las sillas. El malhumor que venía manejando fue evidente por lo que Briggitte y Micky intercambiaron miradas, algo sorprendidos por la actitud de su amiga.

—¿Y a ti qué bicho te picó? —preguntó Briggitte con una media sonrisa, intentando aligerar el ambiente.

—Nada, estoy cansada —respondió Gala secamente, abriendo un paquete de galletas sin mirarlos mientras se dejaba caer en un sofá con las piernas sobre el respaldo.

—Ajá, claro. Esto no es solo cansancio —intervino su amigo— ¿Qué pasó Galita? ¿Alguien te regañó?

Gala bufó, evitando responder, pero la pequeña de rizos insistió mientras ella peleaba con la envoltura de sus galletas, fracasando al abrirlo.

—¿Fue Durante? ¿O acaso... Pindter? —preguntó, levantando las cejas con curiosidad.

El nombre la hizo apretar los labios y evitar el contacto visual, aunque evidentemente sus amigos no tenían idea de lo que ocurría. Antes de que su amiga pudiera continuar con su interrogatorio, el monitor de Gala comenzó a sonar.

Anatomy Of Two | GarimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora