El traslado de la paciente al quirófano se convirtió en un torbellino de movimientos. Las luces del hospital iluminaban el pasillo mientras el equipo se preparaba para una cirugía de emergencia. Gala, todavía impactada por su propia parálisis momentos antes, trataba de recuperar la compostura. Su mente reproducía en bucle la escena en la sala de emergencias, la forma en que el tiempo pareció detenerse cuando más se necesitaba de ella. Pero una distinguida voz ronca la sacó de su ensimismamiento.
—Tú vienes conmigo —ordenó Karime, deteniéndose un momento para mirarla directamente a los ojos.
Gala asintió en silencio, notando algo diferente en la intensidad de esa mirada: había una preocupación que la descolocaba.
El quirófano estaba en completo silencio, salvo por el murmullo ocasional de los monitores y las instrucciones precisas de Karime Pindter, quien dirigía la cirugía con su acostumbrada maestría. Sin embargo, esta vez algo era diferente: su atención no estaba únicamente en la paciente que tenía frente a ella, en realidad, parecía como si estuviera más preocupada por su residente que por la paciente. Lo que más desconcertó a Gala fue que, a pesar de llevarla consigo, Karime no le asignó ninguna tarea.
Cada pocos minutos, sus ojos oscuros se desviaban hacia la pelirroja, que permanecía de pie a su lado, inmóvil como una sombra, con las manos cruzadas frente a su cuerpo. Intentaba concentrarse en la cirugía, pero sus pensamientos volvían una y otra vez al mismo punto: ¿por qué Karime estaba ahí? ¿Por qué no se había ido a casa si ya había terminado su turno?
La pelinegra no podía ignorar el estado de la residente. Aunque Gala intentaba aparentar calma, se notaba la tensión en sus hombros, la forma en que apretaba las manos contra su cuerpo, como si buscara aferrarse a algo tangible para no desmoronarse. No podía dejar de reprenderse a sí misma en silencio: Deberías haberla dejado descansar, debería estar lejos de esto... pero no puedo. La sola idea de dejarla sola en ese momento le parecía inconcebible.
La operación transcurrió sin complicaciones. Karime trabajaba con una calma envidiable, demostrando por qué era una de las mejores cirujanas del hospital. Gala la observaba de reojo, estudiando cada uno de sus movimientos, pero también notando cómo Karime parecía dividir su atención entre la cirugía y ella. Esa dualidad de control absoluto y cuidado silencioso la desarmaba aún más.
Karime entregó el cierre a uno de los asistentes. Se quitó los guantes quirúrgicos con un movimiento ágil, y sin mirar atrás, indicó a la más alta que la siguiera.
Gala la siguió en silencio, sintiéndose todavía aturdida. No tuvo tiempo de quitarse el vestuario quirúrgico ni de procesar del todo lo que estaba ocurriendo. La pequeña figura de Karime avanzaba con paso decidido, como una tormenta contenida, hasta que ambas llegaron a un consultorio vacío al lado del quirófano. Karime abrió la puerta, dejando que Gala entrara primero, y luego cerró tras de sí con un chasquido firme.
El silencio que siguió fue ensordecedor. Montes se quedó de pie, inmóvil, con una expresión neutral que intentaba disimular el caos en su interior mientras que la mirada de la pelinegra permanecía fija en ella, intensa y preocupada.
Sin decir una sola palabra, dio un paso hacia ella. Con una determinación que dejaba entrever la tormenta que cargaba, se puso de puntas y tomó el rostro de Gala entre sus manos, ignorando completamente el gorro quirúrgico que aún cubría parte de su frente. Sus dedos firmes, aún ligeramente fríos, se posaron sobre las mejillas de la residente, obligándola a mirarla.
—¿Estás mejor? —preguntó finalmente, su voz baja, pero cargada de una preocupación que no se molestó en ocultar. Sus ojos oscuros buscaban algo en el rostro de Gala, una respuesta, una señal, cualquier cosa que le indicara que la joven estaba bien.
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Anatomy Of Two | Garime
Fanfic"La anatomía de dos personas se revela no solo en sus cuerpos, sino en los silencios, las miradas y las emociones que comparten."
