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La noche había pasado tranquila, al menos en el exterior. En el interior de ambas, los pensamientos habían sido turbulentos, rondando los límites que se habían prometido no cruzar. Entre confesiones en voz baja y la familiaridad creciente, llegaron a un acuerdo tácito: no avanzar más allá de esa línea. La tensión y las ganas estaban ahí, sí, pero aún no era el momento. Sabían que complicaría todo, y eso era algo que ninguna de las dos podía permitirse.

Al amanecer la mañana siguiente, Karime despertó temprano, como era costumbre, pero al abrir los ojos, se encontró con una imagen que la dejó inmóvil por un instante. Gala dormía profundamente a su lado, ajena al mundo. La luz matutina se filtraba por las cortinas, iluminando su cabello rojizo que caía en suaves ondas sobre la almohada. Sus oscuras cejas, naturalmente pobladas, enmarcaban su rostro con una fuerza que contrastaba con la serenidad de su expresión dormida.

Los labios de Gala, entreabiertos, parecían contener palabras no dichas, y su nariz perfilada completaba un rostro que encontraba irremediablemente hermoso. Sin maquillaje, sin pretensiones, la chica tenía una belleza tan natural, tan joven, que a Karime le parecía imposible no mirarla. Era como si estuviera contemplando algo demasiado puro, algo ajeno a la realidad.

La hoodie gris de Dua Lipa que Gala llevaba puesta era suya, incluso en su figura lucía gigante y eso a su vez era lindo. Y entre sus piernas, Norris estaba cómodamente acurrucado, ronroneando de manera casi imperceptible. La pelinegra no pudo evitar sonreír ante la escena, pero esa sonrisa se desvaneció rápidamente cuando la realidad la golpeó: Gala estaba en su cama, en su casa, en su vida.

Con un nudo en el pecho, se levantó con cuidado, procurando no despertarla. Cerró la puerta de su habitación con suavidad y fue directamente a la cocina, buscando la rutina para calmar su mente. Mientras preparaba café, intentó convencerse de que estaba exagerando, de que esto no tenía que significar tanto. Pero lo hacía.

Gala despertó unos minutos después, sintiéndose algo desorientada al principio. Parpadeó varias veces, sus ojos enfocándose lentamente en el cuarto desconocido. La suave sensación del ronroneo de un gatito la ayudó a ubicarse: estaba en el departamento de Karime. Giró la cabeza y vio que estaba sola en la cama. La almohada al lado de la suya todavía tenía la forma del cuerpo de la chica, y el aroma suave de su perfume seguía impregnando las sábanas.

Se sentó lentamente apartando al gatito de suave pelaje, que protestó con un maullido suave. Se puso de pie y, tras estirarse un poco, salió de la habitación. El aroma del café recién hecho la guió hasta la cocina. Allí estaba Karime, ya completamente arreglada para el hospital. Llevaba su cabello recogido en un moño bajo, y su outfit era impecable como siempre, un traje azul marino de pantalón y chaleco formal.

—Buenos días —dijo la pelirroja tallando uno de sus ojos, su voz aún algo adormilada

—Buenos días —respondió Karime sin mirarla, su voz serena pero carente de la calidez que Gala había empezado a asociar con sus momentos más íntimos.

Se acercó a la barra de la cocina y se sentó, observando cómo Karime se movía con precisión entre las tazas y la cafetera. La residente no podía quitarle los ojos de encima, intentando descifrar la distancia que parecía haberse instalado entre ellas. Su atención estaba completamente en la cirujana, quien seguía actuando como si todo fuera normal... demasiado normal.

La cirujana le alcanzó una taza de café y volvió a concentrarse en su propia taza, tomando pequeños sorbos mientras revisaba su celular. Gala, sintiéndose cada vez más incómoda con el silencio, intentó iniciar una conversación.

—Dormí muy bien, gracias por preguntar... —utilizó un tono entre divertido y sarcástico, esperando que eso rompiera el hielo.

Karime levantó la vista por un instante, pero su expresión era neutral, casi impasible.

Anatomy Of Two | GarimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora