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Karime dejó la taza de café sobre la encimera, sus manos temblando apenas perceptiblemente, pero no por el calor de la porcelana. Sin decir una palabra, se aproximó con pasos decididos, incapaz de contener el torbellino de emociones y deseo que había reprimido. Gala, que se encontraba a pocos pasos, no hizo ningún esfuerzo por detenerla. En cambio, dejó que sus miradas se entrelazaran por un instante eterno antes de que sus labios se encontraran en un beso profundo, cargado de urgencia.

Desde el primer instante, aquel beso fue diferente a todos los anteriores. Más intenso, más necesitado, como si ambas supieran que no había marcha atrás. Karime tomó el rostro de Gala entre sus manos delicadeza, mientras la residente, mucho más alta, se inclinó ligeramente hacia abajo, rodeando la diminuta cintura de Karime con ambos brazos. Las manos de Gala ejercían una presión firme pero no invasiva, como si quisiera asegurarse de que no pudiera alejarse de su alcance.

La boca de Gala se abrió, y el beso, hasta entonces controlado, dio paso a un choque de lenguas que parecía una guerra silenciosa, cargada de deseo. Ninguna cedía terreno, explorando con un hambre que ambas habían mantenido contenida demasiado tiempo. Karime dejó escapar un leve jadeo al sentir el control que la menor imponía al sostenerla con firmeza. Retrocedió instintivamente, su cuerpo obligándola a buscar apoyo mientras la seguía de cerca. Karime sintió el borde frío de la encimera presionando contra su espalda.

Gala, impulsada por la necesidad de saborear cada centímetro de la pelinegra, comenzó a descender el beso desde sus labios hasta su mandíbula, dejando un rastro ardiente con cada movimiento. Llegó a su cuello agachándose más para alcanzarlo, lo que le arrancó un leve gemido entrecortado. Karime, con los ojos cerrados y la respiración descontrolada, dejó caer la cabeza hacia un lado, dándole más acceso. Sin embargo, cuando abrió los ojos por un momento y vio lo mucho que la pelirroja tenía que inclinarse, una pequeña risa escapó de sus labios.

La risa, aunque inesperada, no rompió la tensión. Más bien, la acentuó. Abrió ligeramente las piernas, dejando en claro que sabía exactamente lo que necesitaba para igualar la situación. Sin palabras, sus ojos dijeron todo. Gala detuvo sus movimientos por un instante, alzando la vista para encontrarse con la sonrisa cómplice de Karime. Entendió perfectamente el gesto, y sin dudarlo, apartó la taza de café que quedaba cerca antes de colocar ambas manos sobre los muslos de Karime y con un movimiento firme, la levantó y la sentó sobre la encimera, sin apartar sus labios más de un segundo.

La nueva posición dejó a la más alta de pie entre las piernas de la cirujana. Gala no tardó en descender otra vez hacia el cuello de Karime, esta vez con un hambre renovada, dejando besos y mordiscos suaves que hacían que ella inclinara la cabeza hacia atrás, completamente rendida a la sensación. Las manos de Karime, que hasta ese momento habían permanecido en el rostro y el cuello de Gala, bajaron lentamente por su espalda, deteniéndose en la curva de su cintura, explorando con una mezcla de curiosidad y deseo.

El ambiente en la cocina estaba cargado de energía; los jadeos de ambas eran el único sonido que rompía el silencio, mientras sus cuerpos se amoldaban perfectamente, como si estuvieran hechos para encajar de esa manera. Karime se entregaba cada caricia, cada beso, con una precisión y una intensidad que dejaban a Gala sin aliento.

El momento era suyo, como si el mundo entero se hubiese detenido para darles espacio. Ninguna de las dos pensaba en el hospital, en los problemas que habían pasado, en los celos, en lo que vendría después. En ese instante, solo existían ellas, dejando que sus emociones y sus cuerpos hablaran.

Los dedos de Karime descendieron lentamente por la espalda de Gala, dejando un rastro de fuego bajo la tela de la blusa. Con movimientos decididos, pero llenos de cuidado, deslizó sus manos por debajo, alcanzando la piel desnuda que esperaba por su toque. La suavidad bajo sus dedos la enloquecía, cada curva, cada músculo, la hacía querer más. Sus manos subieron y bajaron, trazando un mapa invisible en la espalda de Gala, asegurándose de no dejar un solo centímetro sin atención.

Anatomy Of Two | GarimeHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora