La mañana siguiente se presentaba fría y silenciosa, como si el mundo en torno a Gala estuviera tan callado como su mente. No podía dejar de pensar en Karime. Había pasado toda la noche dando vueltas a lo sucedido el día anterior, a las palabras no dichas, a las miradas cargadas de un significado que aún no lograba descifrar. ¿Era algo más para ella? Esa pregunta se repetía en su cabeza una y otra vez, como una melodía que no lograba sacarse. La incertidumbre la invadía. Por un momento, pensó que quizás para la cirujana no había significado nada. Un simple cruce de miradas, una conversación fugaz... tal vez todo eso no era más que un juego sin importancia.
Pero por otro lado, algo dentro de ella le decía que no podía ser tan fácil. ¿Qué era lo que sentía? La pregunta la asaltaba, dejándola sin respuestas. ¿Estaba bien con eso? ¿Con ese torbellino de emociones que apenas podía reconocer? No lo sabía. La confusión era tal que ni siquiera podía estar segura de si estaba enojada, ansiosa o simplemente... perdida.
Cuando Gala llegó al hospital esa mañana, la sensación de incertidumbre no la abandonó. Sabía que tenía que entregarle un expediente, algo que ya le había sido encargado el día anterior. La cirugía estaba programada para más tarde, pero primero, tenía que entregar ese archivo. Sus pasos resonaban en los pasillos vacíos mientras su mente seguía atormentada por los pensamientos sobre la cirujana. ¿Qué pasaba entre ellas? Gala no entendía nada. Pero esa confusión era como una niebla espesa, que no la dejaba ver con claridad.
Llegó frente a la puerta del consultorio de Karime, y ahí, por un momento, dudó. Su mano se detuvo antes de tocar la superficie de la puerta. ¿Debería esperar o irme? El miedo a lo desconocido la paralizaba. Pero, antes de que pudiera decidirse, la puerta se abrió por sí sola, y Karime apareció en el umbral, mirándola con una expresión que Gala no lograba descifrar. Su oscura cabellera, tan familiar, estaba hoy completamente lisa, y su mirada tenía una mezcla de curiosidad y algo más... incertidumbre.
—Gala... —dijo Karime con su voz suave, permitiéndole pasar sin decir mucho más.
Gala asintió sin pronunciar palabra, y al entrar, un silencio incómodo llenó el espacio. La tensión entre ambas era palpable, pero ninguna de las dos parecía saber cómo romperla. Gala no se atrevió a mirar a Karime demasiado a los ojos. Finalmente, dejó el expediente sobre el escritorio, sin saber si eso ayudaría a mitigar la incomodidad que sentía. Cuando se giró para salir, Karime ya estaba justo frente a ella, de manera inesperada, tan cerca que Gala sintió la proximidad de su respiración.
La mano de la cirujana se alzó hacia su rostro, un gesto familiar, pero esta vez, el contacto parecía cargado de algo más. ¿Qué estaba pasando? Gala retrocedió un paso, el corazón latiendo más rápido de lo normal. La mirada de Karime se tornó aún más interrogante, como si no entendiera qué sucedía entre ambas.
—¿Acaso estás...?
La frase se quedó suspendida en el aire, nunca terminada. Antes de que pudiera seguir, un golpe en la puerta interrumpió el momento. Ambas se miraron un segundo, y Karime, con una mezcla de frustración y resignación, dijo:
—Adelante.
La puerta se abrió, y una enfermera entró, informando que el quirófano ya estaba listo y que la paciente estaba esperando. La cirujana suspiró, claramente molesta por la interrupción, pero sabía que no había más que hacer. Miró a Gala por un segundo, como si ese silencio entre ellas fuera un acuerdo tácito de que hablarían más tarde.
Gala intentó controlar su respiración, sintiendo una mezcla de alivio y frustración. Ambas salieron del consultorio, y como siempre, Karime comenzó a caminar adelante. Gala la siguió, manteniendo una distancia deliberada. Los pasillos del hospital estaban tranquilos, pero la atmósfera entre ellas estaba cargada de una tensión difícil de ignorar. Gala apenas podía pensar con claridad. ¿Por qué evitaba a Karime?
Karime, que había notado la falta de conversación, frenó en seco, deteniéndose justo cuando ambas estaban al mismo nivel. Giró la cabeza lentamente, sus ojos fijos en los de Gala, una mezcla de confusión y preocupación en su mirada.
—No entiendo qué pasa, Gala —dijo, sin rodeos—. ¿Por qué me estás evitando? —Su voz sonó sincera, casi vulnerable, como si no supiera cómo manejar la situación.
La pelirroja respiró hondo antes de responder, intentando sonar lo más tranquila posible.
—No pasa nada, Karime. —Su voz sonó más fría de lo que pretendía, pero lo necesitaba, algo dentro de ella necesitaba frenar todo lo que sentía. —Estoy cansada, es todo. —Se sintió vacía al decirlo, sabiendo que no era la verdad completa, pero al menos era algo fácil de aceptar. La excusa perfecta.
Karime la observó por un largo momento, sin parecer del todo convencida. Algo en la postura de Gala, en su tono de voz, la hacía sentir que había más detrás de esa respuesta. La duda se reflejó brevemente en sus ojos, pero no insistió. Solo asintió, aunque no parecía conforme.
—Sabes que cualquier cosa puedes decirme... lo que sea, Gala. —Karime bajó un poco la voz, como si intentara calmarse a sí misma antes de continuar. A pesar de la aparente calma en su tono, Gala notó una ligera tensión en su rostro, un rastro de incertidumbre. Era como si estuviera luchando contra algo interno, algo que no podía resolver, pero que la incomodaba profundamente.
Gala sintió el peso de las palabras de Karime, la seriedad detrás de ellas, y por un momento se sintió atrapada, como si tuviera que decidir si abrirse o continuar con la fachada. Pero la oportunidad se desvaneció rápidamente cuando llegaron al quirófano, y ambas se sumergieron en la dinámica de la cirugía. Gala intentó enfocar su mente en lo que hacía, dejando de lado todo lo que no fuera su trabajo.
Mientras se colocaba la bata quirúrgica, la mas baja se adelantó, acercándose por detrás para atar los lazos del cuello de Gala. El gesto, tan habitual en ellos, esta vez le pareció completamente diferente. ¿Por qué se sentía así? Cuando los dedos de Karime tocaron su piel, un escalofrío recorrió su espalda. No lo esperaba, no quería que ese contacto tuviera el poder de hacerla sentirse así. Karime, tan cerca, levantándose ligeramente de puntillas para alcanzar su cuello, la hizo perder el foco por un momento.
Gala suspiró, como si ese suspiro pudiera aliviar la tensión dentro de su pecho. Y cuando esta terminó y se giró, fue ahora la de mayor estatura quien tomó la oportunidad para devolver el gesto, atando cuidadosamente los lazos de la bata de Karime. Su mano, temblorosa de manera casi imperceptible, rozó la piel suave de su cuello, causando una pequeña pausa en la acción. Un segundo en el que el mundo pareció detenerse.
Al terminar, Karime se giró, pero antes de que pudiera alejarse, tomó la mano de Gala. Un instante suspendido en el tiempo. Sintió el calor de la mano entrelazada con la suya, y el deseo de decir algo era fuerte, pero las palabras se quedaron atrapadas en su garganta.
—Oye... —Karime comenzó, pero justo en ese momento, la puerta se abrió. El anestesiólogo entró, saludando a ambas con una sonrisa amable. Ambas se alejaron rápidamente, y sin poder decir lo que había estado a punto de decir, ambas entraron al quirófano.
La cirugía empezó, y las palabras quedaron atrás, pero el peso de lo no dicho seguía flotando entre ellas, aumentando la tensión en cada gesto, en cada mirada.
mini maratón 3/3 dejo esto por aquí y me voy lentamente...
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