44) Perfidia

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Perspectiva de Tyler

Bordeaux, Francia

2006, 3:21am

—El niño arreglará todos nuestros problemas.

—Gerard, Tyler debe hacer gimnasia porque le gusta, no porque necesitemos ayuda monetaria.

—De alguna manera debemos solucionar, no es mi culpa que tus padres quebraran.

—Ponte a trabajar y deja de ofender así.

Recuerdo ver a mi mamá muy enojada y triste al mismo tiempo, yo escuchaba que peleaban por el tema del dinero pero parecía un cuento de nunca acabar.

Esa noche me puse a pensar en la manera de hacer que nada les faltase. Por eso le hacía caso a papá en absolutamente todo, incluido cuando mi madre no estaba de acuerdo, yo solo seguía sus ordenes.

Nuestra vida cambio, yo la cambie, pero todos nos distanciamos en el momento que mi madre se enfermó y nosotros solo seguíamos de competencia en competencia.

En navidades todos cenábamos en casa pero nos veíamos como si no conviviéramos desde hace años y aunque nadie se culpaba por eso, a mi solo me remordía la conciencia.

🏇🏇🏇

Antes de finalizar el año en que rompimos, vuelvo a recordarla, ya que le había pedido dejar de verle, pero su terquedad no lo permitió.

Esa Navidad, le conté todo a mi madre.

—Ella, te habría encantado. Es tan inteligente y decidida, terca como ninguna pero con un corazón noble, que me recordaba mucho al tuyo.

—No lo dudo hijo, lástima que solo hables de ella en el pasado.

—No sostengo ninguna esperanza de tenerla otra vez.

—Sabes... si las cosas son para uno, ni aunque te quites las puedes evadir y si no lo son, ni aunque te pongas. La pregunta aquí es ¿Te estás quitando?

—Probablemente, pero su familia no quiere que estemos juntos, no tengo ni idea de por qué, no me conocen.

—Voy a contarte algo —ella tomó mi mano por sobre la almohada que tenía en el regazo, acto seguido, me sonrió. —Hace unos 19 años, conocí a un hombre que prometía regalarme el cielo, si empezó bajándome una que otra estrella. No era de por aquí, su corazón me pertenecía, pero su cabeza siempre estaba en otro lugar, o mejor dicho, en su trabajo.

—19 años —repito.

Mi madre asiente y sigue hablando.

—Tenía una finca, y recorría Europa compitiendo en el salto ecuestre. Cómo tu chica. Sus papás nunca impidieron que estuviéramos juntos, pero eran muy estrictos, por lo que a él se le hacía cada vez más difícil venir a verme. Así que tomamos la decisión de huir, él tenía suficiente dinero para empezar a trabajar en otro lugar completamente desligado de sus padres, y yo podía pedir una transferencia de academia, para seguir bailando a nombre de otra compañía. Fue en octubre, así como lo tenebroso del mes, el cielo era gris y no veía al hombre por ninguna parte, yo estaba embarazada, y sinceramente él estaba muy feliz, a nuestros veintitantos ya teníamos una visión de la vida que queríamos.

—Te sigo, pero ¿qué pasó después?

—Nos descubrieron en la huida. Tus abuelos le pidieron a los señores Caussier que le pusieran un alto a esa relación, porque yo tenía un futuro muy prometedor y él solo estaba entorpeciéndome la vida.

—Los señores Caussier...

Nunca lo hubiera imaginado.

—Así es, Manuel dijo que lo solucionaría todo para que pudiéramos estar juntos y cumpliría todas las promesas que me había echo.

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