47) La voluntad de Dios

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Perspectiva de Tyler

—Claro que te acompañamos, no todos los días nos regalan boletos para ver la hípica en las olimpiadas.

—Bueno mamá, arréglense, porque salimos en media hora.

Hace poco tiempo, empecé a ver la manera de recuperarlo todo, construir mi futuro. Sentí que ya era el momento, anoche, moví la primera ficha en el ajedrez, y aunque no lo sepa, iré a verla para apoyarla, porque ese era el plan desde el principio.

Al llegar vemos a la familia de Claire adelante, intento evitarlos porque sé que la mitad me odia y la otra no me puede ni ver.

Ya va un rato de competencia y por lo que tengo entendido a Claire la falta un rato para entrar.

—...Claire Caussier, solicitada en la línea de preparación, siguiente concursante, Claire Caussier.

—Hermano, todavía no le tocaba.

—Creo que la han adelantado —le respondo a Anthony.

Nos centramos en su recorrido y veo como su madre aplaude cuando entra, así que aplaudo también, como todos los demás presentes.

Se ve bien, en los saltos, segura como siempre, desde la primera vez que estuve en una de sus competencias, noté la seguridad que tenía, y lo impecable que su técnica era, lo noté aún sin saber nada del tema.

No logro definir en qué momento se le descontrola un salto, y pierde el equilibrio, la yegua parece reusarse a saltar, pero cuando finalmente lo hace, ella cae.

Todo fue muy rápido. No está permitido pasar a la pista, hay seguridad como en los conciertos, pero de alguna manera los evado y corro al mismo tiempo que los paramédicos, no hay sangre gracias al casco, pero está inconsciente.

Los paramédicos siguen un protocolo y la madre de Claire solo ignora que estoy allí, porque más importa la angustia que tiene por su hija.

—Estarás bien, eres muy fuerte amor, solo quédate conmigo.

Quédate, por favor.

La llevaron, y su familia fue tras ella.

—Que desgracia hermano.

—Es por la puta mierda del corazón.

—¿De que hablas?

—Tiene insuficiencia cardiaca, a causa de la anemia o la grasa en arterias, algo debió sentir, porque ella no perdería el control así, es jinete de alto rendimiento, y entrena mucho...

—Alto. La esperanza de vida en esos pacientes es de unos 5 años, no más.

—Hace dos años nos hablaron de una intervención, y la pequeña esperanza de superar la enfermedad, tú debes saber más de eso que yo.

—Cuando salga de esto encontraremos una solución a su enfermedad —Anthony intentaba tranquilizarme, poniendo su mano en mi hombro.

—Ahora debo llegar al hospital, pero no se a cual la habrán llevado.

—Busquemos por los más cercanos, ¿Públicos?

—Ni se les ocurra.

Manuel es poco más alto que mi hermano y yo, pero con esa aura oscura que traía, impactaba muchísimo.

—¿Disculpe?

—Entendiste bien, no lo repetiré.

—Aquí, el único que no entiende es usted —mi hermano me hace a un lado y se para frente a mi— no impedirá que vayamos a buscarla.

PerfidiaDonde viven las historias. Descúbrelo ahora