De repente, todos los miedos que acompañaban a Hyunjin se aglutinaron en su pecho. La respiración se tornó dificultosa. La presión se extendió hacia sus piernas, que avanzaban con dificultad tras su padre.
Tomó asiento y lo observó asustado. Las lágrimas amenazaban con arrancar de sus ojos, a pesar de que aún ninguna palabra brotaba de los labios de SeoJoon.
—Hijo, te debo una disculpa.
Hyunjin frunció el ceño, totalmente confundido. Entre todos los escenarios que su cerebro había generado los últimos días, ninguno contenía una disculpa.
—No debí traerlos a latinoamérica. Debí dejar que se criaran en Corea con sus abuelos, como gente de bien.
—Padre... —quiso intervenir, pero su garganta amenazó con quebrarle la voz, silenciándolo.
—Yeji y tú debían crecer bajo nuestras costumbres, pero fui débil a los deseos de tu madre y los arrastré junto a nosotros a estas tierras. Debí ser firme. Obligarlos a asistir a una universidad decente en Corea del Sur —La mandíbula tensa aprisionaba las palabras cargadas de frustración—. He fallado como padre. ¿Cuántas veces ignoré tu cercanía con Jeongin para evitar problemas con Yang? ¡Debí actuar a tiempo! Debí impedir que te convirtieras en un...
Ni siquiera era capaz de terminar la frase. La impotencia surcaba cada vaso sanguíneo en el cuerpo de SeoJoon, sus músculos rígidos contenían el deseo de golpear algo.
—Crecer en Corea no habría impedido que me gustaran los hombres, padre —consiguió por fin articular, aunque fuese con un hilo de voz.
—¡Pero lo habrías ocultado! —masculló, empuñando su mano sobre el escritorio, luchando por no comenzar a gritar.
—Es lo más seguro —respondió suavemente, avergonzado y triste—. Ser homosexual viviendo en occidente ya ha sido duro para mí. ¿De verdad crees que habría sido mejor que lo sufriera estando solo al otro lado del mundo?
Una lágrima solitaria acarició la mejilla de Hyunjin, que ni siquiera fue capaz de limpiarla con velocidad. Su cuerpo tembloroso, inquieto ante la posibilidad de que cualquier movimiento brusco pudiera desatar un llanto incontenible. Le asustaba mostrarse aún más débil ante su padre. Más de lo que ya se había mostrado en la adolescencia.
—Hijo... —La tensión en SeoJoon se aplacó levemente. Sabía que Hyunjin tenía razón, su país natal era mucho más crudo al respecto. Enviarlo allá no habría cambiado su orientación sexual, sólo la tornaría imposible de sobrellevar. Simplemente lo obligaría a ocultarla y rechazarse a sí mismo.
—Llevo casi media vida temiendo a este momento. —Su voz finalmente se rasgó, junto con los miedos que envolvían su pecho. Las lágrimas brotaron. Realmente no quería llorar. ¡No quería verse débil! Pero sus ojos lo traicionaban como siempre.
Observó a su hijo, Hyunjin nunca había sido fuerte como Yeji o JooKyung. Era frágil, como él mismo. La única diferencia era que SeoJoon había aprendido a disfrazar su vulnerabilidad de displicencia y frialdad, su esposa era la única que conocía las grietas en su armadura.
SeoJoon guardaba sus dolores en lo más profundo de su corazón y sólo los dejaba salir cuando su amada lo abrazaba por las noches. Su retoño, en cambio, había crecido en los abrazos de su JooKyung, permitiéndose sentir. ¿Realmente habría sido mejor alejarlo de ella siendo niño, cuando ni él mismo estaba seguro de haber sobrevivido al mundo sin su calidez?
Su pequeño siempre fue como una figurita de cristal. Hermoso, transparente, delicado. Un alma etérea que respiraba poesía y resplandecía cuando su cuerpo se dejaba llevar por el ritmo de la música. Pero que también se sumergía en la oscuridad con una facilidad aterradora.
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EGOÍSMO
Fan-FictionNadie mira a Felix como lo hace Hyunjin. Nadie mira a Hyunjin como lo hace Changbin. Nadie mira a Changbin como lo hace Felix. Si me preguntan si es un poliamor o un triángulo amoroso... Un poco de esto y un poco de esto otro. Alguna vez leí que cua...
