17. Carpeta de archivados

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Llegó a su edificio derrotado. Al menos, Troye tuvo la decencia de darle su espacio el resto del viaje. Sin embargo, el sabor amargo no se iba. Creyó que no podía ponerse peor, hasta que al abrir la puerta de su departamento, se encontró con Felix sentado junto a su hermana. Sintió que finalmente se quebraría.

Una parte de sí mismo quería correr a sus brazos y llorar, la otra, continuaba demasiado ofendida como para siquiera dirigirle la palabra.

Felix lucía hermoso, radiante, como si nada lo perturbara. Estaba seguro que él, en cambio, se veía como la mierda. Lo esperable luego de pasar la noche llorando, y un vuelo de más de quince horas intentando infructuosamente dormir.

—Felix... —se apoyó en la pared, mirándolo, agotado de toda la situación—. Necesito dormir, no quiero hablar.

—Puedo acompañarte —ofreció con una sonrisa. El corazón del joven sólo anhelaba una oportunidad.

Albergaba la esperanza de que Hyunjin lo perdonara mágicamente, con tan solo verlo. Que lo invitara a su cuarto, que le permitiera abrazarlo mientras dormía y sumergirse en la calidez de su cama. Besar su frente y sus mejillas, acariciar sus labios mientras dejaba que el sueño lo envolviera. Sólo necesitaba que las cosas volvieran a ser como antes.

—En serio, no estoy listo para esto —insistió. Esta vez eran sus manos las que se aferraban al respaldo de uno de los sofás, como si no pudiese sostenerse en pie sin él.

—Solo...Lo que dije de Troye y de tu arte... Quiero decir... —Carraspeó, buscando las palabras exactas, caminando hasta llegar junto a Hyunjin

—Sí, Felix, tenías razón. ¿Eso querías oír? —espetó Hyunjin con un leve quiebre en su voz—. Nadie es tan inteligente como tú, ¡felicidades por darte cuenta antes! Eres brillante. ¿Contento? ¿Qué buscas? ¿Detalles? ¡¿Quieres que te cuente si me lo follé para justificar lo que me van a pagar por el cuadro que se vendió?!

Los ojos de Felix se aguaron. No quería que la conversación tomara ese rumbo. No sin antes disculparse apropiadamente. Quería decirle que Troye era un imbécil, que merecía más, que lo admiraba. Pero Yeji se adelantó.

—¿Vamos? —le preguntó la chica suavemente, guiándolo con sus delicadas manos hacia la puerta. Lentamente lo alejaba de Hyunjin.

—Necesito hablar con él —suplicó, viendo como su ahora exnovio se encaminaba a su habitación.

—Déjalo descansar —aseguró, mirándolo de manera compasiva—. Hablar en caliente no resuelve nada.

Felix la miró con un puchero, a pesar de que sabía que tenía razón. La última vez que se dejaron llevar por el fulgor de sus emociones, acabaron poniendo fin a su relación. Resignado, se devolvió a buscar su bolso y abandonó el hogar del hombre que amaba.

En cuanto el rubio se fue, Yeji se dirigió a la habitación de Hyunjin. Golpeó suavemente la puerta, que al no encontrarse cerrada, se abrió lo suficiente para que pudiese asomar la cabeza.

—¿Se puede? —dijo en voz baja, con una dulzura reservada solo para él. Observó cómo asentía con la cabeza y entró para recostarse a su lado, abrazándose de su espalda.

Lo dejó llorar en silencio por largos minutos, acariciando suavemente sus brazos y las hebras de su pelo. En algún momento, Hyunjin comenzó a dejarlo salir todo, a contarle cada detalle. Permitió que la herida abierta sangrara profusamente.

—Quizás Martina no tiene malas intenciones —intentó consolarlo—. Sé que es difícil y que capaz y no me crees una palabra, porque no tengo nada que ver con el arte ni esas cosas. Pero sé de tu esfuerzo... La gente es una mierda, ¿sabes? Pero no toda.

EGOÍSMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora