16. Milán

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Para fortuna de Hyunjin, el viaje resultó reponedor y Troye no mostró ningún tipo de comportamiento extraño. Era como estar en la oficina, sólo que se encontraban en Milán, al otro extremo del planeta. Para su infortunio, Max no lo dejaba en paz. Su insistencia denotaba que sentía que él era quien debía estar acompañando a Troye en ese viaje, y no Hyunjin.


¿Revisaste el correo?

¿Corroboraste que todas las obras estuvieran en manos de Gioni?

Tienen reunión en la Fondazione Prada en 15 minutos


Hyunjin rodó los ojos ante el último mensaje. Por supuesto que tenía todo bajo control. De hecho, justamente bajaban del taxi que los había llevado al centro de arte, donde se encontrarían con curadores y algunos artistas influyentes de la escena italiana. Tener la mente ocupada en los detalles había conseguido distraerlo de la ansiedad de conocer a aquellas personalidades, y sobre todo, de la tristeza por lo ocurrido con Felix.

Agradeció que los asistentes se dirigieran a Troye, y a él de paso, en inglés. Reparó en como su mentor lucía mucho más seguro y desenvuelto en su idioma natal. No mentiría, incluso más seductor. Interactuar con él a diario con su intento de español lo hacía ver un poco torpe, absolutamente fuera de lugar. En cambio, en Italia, se movía con elegancia, en su esencia, destilando todo su encanto.

—Massimiliano Gioni —Troye le presentó a un hombre de pelo cano, bastante atractivo para estar en sus cincuenta—, él es Hyunjin Hwang.

—¡Hwang Hyunjin! —lo saludó cálidamente el hombre, con el que se había estado comunicando vía e-mail durante la mañana—. En Asia se usa el apellido primero, ¿cierto?

Hyunjin sonrió tímidamente, aseverando con la cabeza ante la acotación del curador. No podía creer que estaba ante uno de los hombres más influyentes del arte a nivel mundial, y mucho menos que lo trataba con tal cordialidad.

—Un gusto conocerlo —le respondió con un tono suave pero sofisticado.

—Busquemos a Beatrice —le animó, haciendo referencia a la heredera de la Fundación Trussardi, enfocada en la expansión del arte contemporáneo—. Troye me habló mucho de tu trabajo en curaduría y de tus obras. Trabajé con los Trussardi varios años, ¿sabías?

Por supuesto que lo sabía. Estaba familiarizado la obra y trayectoria de gran parte de los invitados a la reunión, que no era más que una antesala a la caridad que se celebraría esa misma noche. Le costaba identificar algunos rostros, pero oír sus nombres era como abrir una enciclopedia sobre el legado del arte en los tiempos actuales.

Así fue como esa tarde conoció a una cantidad inconmensurable de personajes que jamás imaginó siquiera llegar a ver desde cerca. Notó cierta lascivia y segundas intenciones en algunos, sin embargo, estar junto a Massimiliano y su mentor lo hacía sentir seguro. Al menos, hasta que el mayor insistiera en trasladarlos hasta su hotel.

En un inicio, Troye se mostró un tanto reticente, mas fue tanta la insistencia del curador, que terminó cediendo. Los tres viajaron de regreso al hotel en el automóvil de Gioni. Hyunjin notó la incomodidad en el australiano cuando el hombre insistió en bajar con ellos. La calma se agrietó sin aviso.

—Realmente, estamos muy agradecidos de que nos hayas acompañado —Llegando al piso donde se encontraban sus habitaciones, Troye intentó despedirse cordialmente por parte de ambos—. Nos vemos en un par de horas.

—Nos vemos, será un placer... como siempre —Sonrió Massimiliano, apretando la mano de Troye.

Ninguno de los dos se movió de su lugar. Ambos sonreían amablemente, esperando que el otro se retirara. Era una disputa de paciencia, tan tensa que podría haberse rasgado con tan solo el roce de una uña.

EGOÍSMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora