14. ¿Vino de honor?

136 19 32
                                        

El almuerzo con Changbin no estuvo mal. A pesar de que Felix continuaba frustrado por el curso que estaba tomando su día, su acompañante conseguía sacarlo del estado de ánimo pesimista que amenazaba con aflorar en él. Al terminar, tomaron un autobús hasta la estación de metro más cercana.

—¿Por qué siempre tiene que hacer tanto calor acá abajo? —rezongó el rubio, ya en la estación de metro, quitándose el abrigo y una bufanda que llevaba.

—Hyunjin también enciende la calefacción en su auto —comentó Changbin, con un pequeño dejo de burla—. Vamos, no es tan malo. Capaz y hasta alcanzamos asiento.

Era bastante posible. Estaban en las zonas acomodadas de la ciudad, muy poca gente utilizaba el transporte público en esos lados. Excepto ese día en que, por su puesto, al entrar al vagón se encontraron con todos los asientos ocupados. Felix se mantuvo de pie con el cuerpo recargado en una de las paredes del vagón.

—Es que, ¿sabes qué es lo que me da rabia?

—¿Qué te da rabia? —preguntó el coreano, mirándolo pacientemente con una sonrisa en los labios.

—Que yo sé. ¡Yo sé! Que ese tal Troye le tiene ganas a Hyunjin —Se cruzó de brazos con una mueca de disgusto en los labios—. Qué rabia...

Changbin contuvo una risita, se veía adorable. Además, no podía culpar a Troye, pasaba horas a diario junto a Hyunjin. Si él pudiese pasar todo ese tiempo escuchándolo hablar de arte con el entusiasmo que solía hacerlo, seguramente estaría mucho más prendadísimo de él.

No pudo evitar preguntarse: ¿Sospecharía Felix de él? ¿Acaso no había una tensión evidente entre ellos? Pero... si Felix tuviese alguna idea sobre sus más profundos anhelos hacia Hyunjin, lo detestaría tal como detestaba a Troye, ¿no?

Presionó suave y juguetonamente la mejilla del rubio, intentando espantar ese tipo de ideas. Rogando por dentro para que la corriente de pensamiento del rubio no lo llevara también a dudar de él.

—A Hyunjin no le gusta Troye, es lo que importa, ¿o no? —Le sonrió cariñosamente, buscando reconfortarlo.

Felix suspiró pesadamente. Era verdad, intentó repetirse internamente que sus celos eran irracionales; que su novio no le había dado motivos para desconfiar; que él era valioso y valorado; que no debía reaccionar desde el miedo; que estaba a salvo.

Pudo por fin relajarse un poco más. Los meses de terapia parecían surtir efecto, aunque habría deseado que su razonamiento hubiese sido más eficaz en el momento adecuado. Se arrepentía de haber sido un tanto rudo con su novio, cuando sabía que él no tenía culpa en absoluto del impasse en su itinerario.

Al cambiar de línea de tren la cantidad de gente se hacía mayor. ¿Cuántas personas podrían movilizarse en la hora de almuerzo? Más de las que imaginaba. Sobre todo, cuando un grupo de estudiantes inundó el vagón.

Su espalda chocó contra el vidrio de una ventana, la mano de Changbin se afirmó en el pasamanos que se encontraba junto a su cabeza. El cuerpo del chico se encontraba a escasos centímetros, aguantando no acoplarse al suyo por la presión que ejercían decenas de desconocido a su alrededor.

—Perdón —se excusó el mayor, un tanto avergonzado. Sus músculos se tensaron soportando el peso de la multitud, para evitar aplastar a Felix.

—Está bien —le sonrió, con un dejo inconsciente de coquetería.

El rubio podía sentir la respiración del otro encima, erizando los poros de su piel. Lo tenía cerca. Tan cerca que el deseo de terminar de acortar la distancia lo tomaba por completo. Los dedos de Felix se engancharon en los pasadores de la pretina de Changbin. El vagón se sacudió. El brazo musculoso fue el que terminó de eliminar la distancia abrazándolo contra su cuerpo.

EGOÍSMOHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora