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29. Modelo.
Often—The Weeknd

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MALLY

Desde que puedo recordarlo, la comida ha sido el único hogar que jamás me ha abandonado por tanto tiempo como lo ha hecho cualquier persona que haya estado en mi vida. Me encantaba comer cualquier alimento sea fruta, verdura, algún postre... todo me encantaba, no hubo nada que no probará, en mis papilas gustativas hubieron tantos sabores que es imposible recordar cada uno de ellos. Si alguien me preguntara lo que se siente probar tantos alimentos deliciosos no sabría explicar a detalle mis emociones, solo podría decir lo bien que me sentía y lo mucho que me alegraba al comerlo. 

No fue hasta que cumpli los doce años en que mi cuerpo por el inicio de la maduración empezó a cambiar, los pechos iniciaban a crecer, el trasero agrandaba su tamaño y mi cintura se hacia pequeña pero mi abdomen muchas veces solía estar hinchado provocando algunos gorditos al momento de hacer cualquier acción.

Y eso en una familia donde el patriarca de la familia dirige una agencia de modelos no se vería muy bien, porque significaba que eras solo un disfraz, hablaba sobre la nula responsabilidad como jefe de modelos en tus manos, no tenias palabra y era una excéntrica traición en el mundo de la moda. 

Me gustaba ser modelo, en algún punto de mi vida como hija de Itsuhiko Yoshido; un magnate en el mundo de las pasarelas y reconocido mundialmente como el hombre con mejor sentido de la moda después de Domenico Dolce y Stefano Gabanna me vi obligada a soportar de todo un poco, solo por ser la única hija mujer del matrimonio Yoshido, reconocidos por su ardua carrera en el modelaje; claro, es que una madre modelo con un esposo quien le respalda la carrera y millones de revistas donde se aprecia el escultural cuerpo que mi madre ha guardado durante muchos años a costillas de dietas exigentes y sobreexplotación en ella misma, no se ve muy a menudo. 

Por ende yo tenia un peso mucho mas grande en mi espalda: ser la mejor sucesora que Mari Yoshido tuvo. Si era muy pequeña, si seria de gran altura, si el rubio de mi cabello no era un tinte o si incluso mis dientes eran como los de mi madre. Si el cuerpo que tenía en mis doce años era el de una chica normal o tenía obesidad. Se acostumbraron tanto al 90-60-90 de mi madre que ver a su hija con unos cuantos centímetros extras en la cintura era una especie de apocalipsis. 

𝐂𝐚𝐦𝐩𝐨 𝐂𝐨𝐦𝐩𝐚𝐫𝐭𝐢𝐝𝐨 | 𝗛𝗮𝗶𝗸𝘆𝘂𝘂!Donde viven las historias. Descúbrelo ahora