27/03/2022 - Argentina, Latinoamérica.
ENZO
El bar era un sitio pequeño, de paredes de madera oscura, con un ambiente cálido que casi obligaba a hablar bajito, la música bajita se colaba por la conversaciones de la gente.
La mesa en la que Matías y yo nos encontrábamos, estaba cerca de la ventana, aunque apenas se veía nada a través del vidrio empañado. Removía el hielo de mi vaso con la pajita, escuchando el sonido crujiente de este golpeando contra el cristal. Era un intento de ocupar mis manos para no verme tan nervioso como estaba.
Frente a mí, Matías masticaba despacio, con la cabeza medio agachada, mirando su plato con la boca torcida, como si estuviera pensando en otra cosa.
Llevábamos ya una hora y media allí, y aunque la conversación había fluido al principio, ahora todo se había ido apagando poco a poco. No era incómodo, pero había algo en la atmósfera que hacía que el silencio pesara más de la cuenta.
Observé a Matías por encima del borde de mi vaso, intentando descifrar lo que pasaba por su cabeza. Tenía la sensación de que el chico no estaba disfrutando del todo con su comida, sus mordiscos hacia el pescado que tenía de frente eran cada vez menos abundantes.
—¿No te gusta la comida? — pregunté finalmente, rompiendo el silencio al sentir que la intriga estaba acabando conmigo.
Matías levantó la vista, sorprendido, como si le hubieran cazado con las manos en la masa.
—No, sí... está buena. Solo... — desvió la mirada hacia su vaso, jugando con la servilleta entre los dedos. —Estaba pensando.
—¿En qué? — me atreví a preguntar, aunque una parte de mi temía la respuesta.
Matías se encogió de hombros y sonrió de lado, pero no era la sonrisa que me gustaba. Era una de esas sonrisas que la gente solo pone cuando quiere evitar decir lo que realmente piensa.
—En cosas.
Apreté los labios, reprimiendo un suspiro que me quemaba en la garganta.
Durante el poco tiempo que llevaba con él, me había dado cuenta de que Matías siempre hacía eso. Siempre escondía lo que sentía, como si tuviera miedo de cargarme con algo que yo no pudiera soportar. Y lo peor es que entendía perfectamente por qué lo hacía.
Porque cuando había intentado abrirse conmigo, yo solo salía corriendo.
—Matías... — mi voz salió más baja de lo que esperaba. Me incliné un poco sobre la mesa, buscando acercarme más a él. —Si es por lo del sueño que tuviste el otro día... yo...
—No es por eso. — me cortó rápido, aunque el leve brillo en sus ojos lo delataba.
No era solo por eso.
Mi garganta se cerró, porque sabía que no podía culparle. Porque todo lo que Matías sentía, lo que le asustaba, lo que le dolía... era culpa mía.
Lo peor de todo era que quería arreglarlo. Lo quería con todas mis fuerzas. Pero sentía que cada vez que daba un paso hacia adelante, algo dentro de mí tiraba para atrás.
No podía evitar pensar que Matías se merecía algo mejor que alguien como yo.
El silencio volvió a instalarse entre nosotros. Aparté la mirada hacia la ventana, con el corazón palpitándome con fuerza.
Fuera, la calle seguía bañada por la lluvia fina que había estado cayendo desde la tarde, dejando el suelo reluciente y el aire más frío. La idea de salir de allí, de volver al hotel y meterme en la cama con Matías era ahora mismo lo único que quería hacer.
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𝐇𝐀𝐁𝐈𝐓𝐀𝐂𝐈Ó𝐍 𝟏𝟎𝟑 - 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐳𝐚.
Fanfiction¿Quién planea enamorarse de su compañero de rodaje? Nadie. Pero esto se convierte en una realidad para Matías cuando Enzo comienza a hacerle sentir cosas extrañas y nuevas para él. Le odia, pero algo dentro de él no quiere admitir que le quiere. Y E...
