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20/03/2022 - Argentina, Latinoamérica

ENZO

Me paseaba de un lado al otro como un león enjaulado, mirando el techo y soltando suspiros que no llevaban a ningún lado. Matías. Otra vez Matías en mi cabeza.

—¿Qué estoy haciendo? — murmuré, llevándome una mano al rostro.

El recuerdo de Matías llevaba días persiguiéndome. Su risa, su forma de hablar, incluso su manía de mover las piernas cuando estaba nervioso. Todo de él parecía haberse instalado en mi cabeza sin permiso. Y eso que me había prometido no volver a sentir nada parecido por nadie. Después de lo que había vivido, amar a alguien no era una opción.

—Es solo atracción, es todo físico... Nada más. — mi voz sonaba poco convincente, incluso para mí mismo.

Pero luego recordaba la forma en la que me miraba cuando le dejé la chaqueta, la forma en que sus labios se movían para darme las gracias, y mi corazón me traicionaba con un salto ridículo.

—Esto no puede seguir así. — me dije, pero incluso en ese momento su imagen cruzó mi mente.

La verdad era que no lo entendía.

Había pasado tanto tiempo construyendo barreras, paredes lo suficientemente gruesas para mantener fuera cualquier tipo de sentimiento que pudiera hacerme vulnerable. Y ahora él estaba ahí, sin siquiera intentarlo, rompiendo todo.

Pero... ¿y si volvía a pasar? ¿Y si me traicionaban otra vez como Dylan? ¿Y si me exponía y lo perdía todo?

—Algo se me está escapando... — me senté de golpe, intentando sacarme la imagen de su cara de la mente.

—¿Estás bien?

Casi me caigo de la cama del susto. Fran estaba en la puerta, con una expresión dulce y un tanto preocupada. En sus manos llevaba la chaqueta que le había dado a Matías en el rodaje.

—¿Desde cuándo estás ahí? — pregunté, tratando de recuperar algo de dignidad.

—El tiempo suficiente como para saber que hablas solo. — sonrió y me lanzó la chaqueta. La atrapé en el aire.

—Gracias. — evité su mirada y me concentré en doblar la chaqueta, como si fuera una tarea de vital importancia.

—¿Todo bien? — insistió Fran, acercándose y sentándose en el borde de la cama. Su tono era suave, casi maternal, y eso me desarmó un poco.

—Sí, todo bien, no hace falta que te preocupes. — dije con una sonrisa bien amplia para que el rubio no se preocupara.

Suspiró cansado, y ahí supe que había terminado con la paciencia de Fran.

—Enzo, se que no nos conocemos desde hace mucho, pero desde lejos noto la tensión que pasa entre vosotros. Ya se quien es la persona que te tiene así. Y solo te voy a pedir una cosa, por una vez, háblame y dime qué ocurre, te quiero ayudar.

Quería mentir, pero algo en la mirada de mi amigo me hizo detenerme. Él no era de los que juzgaban, ni que te lanzaba un sermón. Fran era todo lo contrario, una especie de refugio que te hacía sentir seguro.

—Creo que estoy perdiendo la cabeza. — confesé al fin.

Él ladeó la cabeza, curioso, pero no dijo nada, esperando a que yo continuara. Solté un suspiro pesado y llevé mis manos a mi cara.

—Todo esto con Matías... no puedo manejarlo. Me hace sentir cosas que no quiero sentir. No puedo sacarlo de mi mente, pero a la vez... no puedo con esto. No puedo permitirme sentir nada.

𝐇𝐀𝐁𝐈𝐓𝐀𝐂𝐈Ó𝐍 𝟏𝟎𝟑 - 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐳𝐚.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora