23/03/2022 - Argentina, Latinoamérica.
MATÍAS
Desperté con la luz de la mañana filtrándose por la ventana. Mis ojos tardaron unos segundos en ajustarse a la claridad, y cuando lo hicieron, lo primero que vi fue a Enzo.
Estaba de lado, con la cara medio enterrada en la almohada y el cabello desordenado cayéndole sobre la frente. Su respiración era pausada, tranquila, y su pecho subía y bajaba con un ritmo hipnótico. No pude evitar mirarlo por unos segundos más de lo necesario, tratando de grabar en mi mente esa imagen.
La sensación de tenerlo en mi cama, de haber dormido juntos, debería haber sido reconfortante. Pero en mi pecho había algo que se sentía fuera de lugar. No era culpa de Enzo, ni mía. Era el silencio. La ausencia de algo que en cualquier otro momento, habría estado ahí.
No habíamos hecho nada.
No es que el sexo fuera lo único importante, pero... pensaba que ya que muchas cosas habían pasado entre nosotros tendríamos una excusa para hacer algo, anteriormente fue peor, ya que nos acostamos sin excusa alguna, pero esta vez que si teníamos, no hacíamos nada.
Nos quedamos hablando hasta tarde, susurrando verdades que probablemente no nos habríamos atrevido a decir en otro contexto. Pero ahora mismo, solo podía pensar en ese tema, e involuntariamente, mi cerebro empezó a mandarme mensajes desastrosos mañaneros.
¿Y si Enzo ya no quería?
¿Y si ahora que habíamos cruzado la línea de los sentimientos, el deseo se había quedado atrás?
La idea me inquietó más de lo que debería. No porque pensara que solo éramos algo físico, sino porque el miedo de ser apartado otra vez era una sombra constante en mi mente. Si él ya no quería tocarme... ¿significaba que también dejaría de quererme?
Intenté sacudirme esos pensamientos. No tenía sentido torturarme con suposiciones, pero era difícil. Lo peor no era solo la falta de respuestas, sino el hecho de que aún no éramos nada.
No éramos novios.
No habíamos puesto una etiqueta a lo que éramos, y aunque una parte de mí trataba de convencerse de que eso no importaba, la otra no podía evitar asustarse.
Porque si no había un título, tampoco había una promesa.
Podía despertarme cualquier día y descubrir que para Enzo todo esto había sido una fase, un impulso, algo que ya no tenía sentido seguir. Y yo me quedaría con el corazón en las manos, preguntándome en qué momento dejé que se volviera suyo por completo.
No sabía cuándo — o si — íbamos a ser pareja. Y ese pensamiento me aterrorizaba.
Solté un suspiro, frotándome el rostro con las manos. No podía seguir dándole vueltas al asunto, no cuando Enzo estaba justo ahí, aún dormido. Movió un poco el brazo sobre la sábana, y me quedé observándolo, con la sensación de que, en cualquier momento, iba a despertar.
Mi pecho se apretó.
No sabía qué iba a decirme cuando abriera los ojos. No sabía si iba a seguir siendo el Enzo que me besó en la calle anoche, el que me dijo que me amaba con la voz impregnada de alcohol y vomito.
Esa era la parte difícil de Enzo, que un día hacía algo y al siguiente podía actuar como si eso nunca hubiera pasado, o peor aún, como si le diera asco hasta recordarlo. Y es por eso que ahora mismo, el miedo de cómo me iba a hablar o de cómo actuaría al despertarse me consumía.
Cerré los ojos por un momento, tratando de calmar mi mente. Cuando los volví a abrir, vi cómo Enzo fruncía un poco el ceño antes de removerse bajo las sábanas.
ESTÁS LEYENDO
𝐇𝐀𝐁𝐈𝐓𝐀𝐂𝐈Ó𝐍 𝟏𝟎𝟑 - 𝐆𝐞𝐧𝐞𝐳𝐚.
Fanfiction¿Quién planea enamorarse de su compañero de rodaje? Nadie. Pero esto se convierte en una realidad para Matías cuando Enzo comienza a hacerle sentir cosas extrañas y nuevas para él. Le odia, pero algo dentro de él no quiere admitir que le quiere. Y E...
