Los primeros días fueron los más cálidos, sueños normales que se convertían en fortaleza para seguir adelante. Sus acciones diarias darían frutos para convertirse en el mejor de todos.
Y luego, estaba ella, quien lo visitaba por las noches. Un sueño en blanco y negro, y no mentía cuando decía que lo único que tenía color era ella. De pies a cabeza, como una esmeralda que nunca cambia. Su mirada y presencia eran como las flores y rosas que cultivaban las personas más delicadas y desdichadas. Hermosas y preciosas en ese espacio y tiempo, que no se espera que se marchiten pronto. Ese lugar la tenía bien resguardada para alimentar su existencia.
Su abandono, aún parecido al veneno, era venerado hasta por el más santo. Thesus era el caballero más dispuesto a todo para poder verla de nuevo. Y cuando al final logró hallarla, no la soltó. ¿Por qué quien dejaría ir a una criatura tan inexplicable?. La quería cubrir de oro y diamante, mataría por ella, con tal de seguir rozando sus manos, aunque fueran pocos segundos al respirar al lado de ella.
Tanto era su anhelo por ella que le rogó que no se fuera de su mente.
Thesus era una paloma al lado de una tigresa. ¿Qué pasión quería que él utilizara con tal de que hiciera presencia en su realidad?.
Y cuando al final lo entendió, ella estaba enfrente de él, dispuesta a todo, a despertar al alba todos los días, y vivir por él.
Thesus Scamander se sentía completo realmente con ella a su lado.
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