Cuando le mencionaron de compartir departamento con alguien más, a Maia le pareció algo excesivo y nada particularmente agradable. Mucho menos si era con un Weasley. Y es que no era que tuviera algo en contra, solo que no era muy fan de sus bromas. Ella era la hermana menor de Tonks.
Ambos habían perdido mucho en la guerra.
Maia se dispuso a hacerle caso por primera vez a Molly Weasley. Tenía la misma edad que los gemelos y había trabajado lado a lado de Harry, Ron y Neville para cazar a los mortífagos restantes. Al parecer, la única que se había quedado al lado de Harry. Ambos se convirtieron en buenos Aurores.
La cosa no era sencilla. Estar en casa y ver las fotos, ver al pequeño Teddy, le hacían un nudo en la garganta. Las primeras semanas fueron difíciles; en sueños, aún caminaba por el Gran Comedor y veía el rostro mugriento y arruinado de su hermana mayor. Le provocaba enojo no haber hecho nada más por ella. Su tía Bellatrix la mató.
Maia a veces quería llenar ese vacío eterno con comida y luego la expulsaba, esperando sentirse más calmada, aunque sea un poco. Bajó mucho de peso y Andrómeda se dio cuenta. Andrómeda y Harry trataron de cuidarla, aunque fuera de lejos, ya que la auror prefería morir peleando, arriesgándose a cazar a los mortífagos más peligrosos y morir en alguna misión.
—¿Estás loca? —le gritó Harry Potter, extendiéndole la mano para sacarla del lago helado. Era invierno.
—Sí, un poco —se quejó ella, aceptando su ayuda para ponerse de pie, temblando de frío. —Solo que vi algo brillando. No siempre quiero acabar conmigo misma, Harry.
—A Tonks no le gustaría verte así —le dijo Harry, con un tono más suave mientras le ponía su abrigo encima.
—Deberías callarte, Harry —espetó Maia, apartándose de él con el ceño fruncido. —Tú y Remus la conocieron en poco tiempo y al final me la quitaron. Sé que perdiste a tus padres, Harry, y figuras parecidas a ellas, pero nunca sabrás lo que es perder a un hermano de verdad. Mi corazón está rasgado. Y al ver a Teddy, yo… ni siquiera la muerte de mi padre me duele tanto como la de Tonks. Mi bella Tonks.
Aquella noche de invierno, Harry la abrazó con fuerza. La comprendió, o eso creyó. Le dio su versión de todo lo que ocurría con Maia desde la guerra, a nada más y nada menos que a Molly. Fue ella misma quien le propuso a Harry que hablara con George.
Maia no estaba segura de mudarse, pero lo hizo. Y jamás creyó que sería así. Imaginaba un cuarto algo más iluminado, es lo que se espera del dueño de Sortilegios Weasley. Lo único que supo por Ron es que George se mudó más lejos del departamento que tenía encima de la tienda. Angelina lo buscaba para llorar con él, y una vez, trató de besarlo.
Maia incluso no llegó tan lejos con Charlie, a pesar de que el pelirrojo quiso acercarse a ella por no tener a Tonks de vuelta. Maia siempre se entendió con Percy, pero se alejó cuando él se avergonzó de sus padres. Después de la guerra, con los únicos Weasley con quienes tuvo una buena relación fue con Ron y Ginny.
Tocó la puerta.
—George —dijo suavemente al verlo abrir.
—Maia —dijo George, con la voz un poco ronca, sus ojos cansados. Se hizo a un lado para dejarla pasar. —Es muy tonto preguntarte cómo estás. ¿Quieres cenar o desempacar? —le regaló un menú de opciones, a pesar de verse muy mal.
—No abriste la tienda hoy —Maia repitió lo mismo que escuchó de los niños, quienes se molestaban por no ver al fundador.
—He estado libre —George se encogió de hombros, cerrando la puerta detrás de ella. —Ron me dijo que debería tomarme unos días. Me estoy volviendo loco de estar encerrado en casa, igual que un topo bajo tierra.
—¿Cuánto tiempo llevas descansando, George? —Maia le preguntó, observando los muebles cubiertos con sábanas.
—Una horas —respondió él, con una mueca.
—¿Quieres cenar y después ayudarme a desempacar? —Maia lo miró con una sonrisa sincera.
—Sí, muchas gracias, Maia —dijo George, con un suspiro de alivio.
—Tú por recibirme en tu departamento —respondió ella, dándole un suave golpe en el brazo.
—Es que era algo grande y apenas me estoy adaptando a este vecindario muggle. Ven, sígueme. Vamos a desempacar las guarniciones que me dio mi madre. —Se giró y comenzó a caminar.
Maia lo siguió sin esperar que el marco de la puerta que separaba la sala con la cocina fuera tan grande, provocando que George se golpeara la cabeza y, al hacerlo, soltara un grito ahogado. Maia, sorprendida, soltó una carcajada.
—¡Debes tener cuidado aquí! —advirtió él, frotándose la cabeza.
—George, yo no soy tan alta como tú —Maia se burló, todavía riendo.
—Pero sigues usando tus botas, ¿no? —replicó él, señalando sus pies.
—Eso fue en quinto año y deberías haberlo olvidado —Maia se cruzó de brazos, fingiendo estar molesta.
—Siempre presumías que ibas a viajar buscando alguna editorial muggle para que te pagaran por leer y Hermione te seguía la idea. ¿Aún quieres hacerlo? —George la miró con curiosidad.
—Sé que no soy tan buena como Tonks, quien estuvo bajo el entrenamiento de Ojoloco, pero Kingsley Shacklebolt ha sido un excelente ejemplo. Al menos sirvo de algo —respondió Maia, un poco a la defensiva.
—Y el Ministerio tiene suerte de tenerte, Maia —George la miró fijamente, con una expresión seria.
—No creo que Harry diga lo mismo, George —Maia bajó la vista.
—¿Por qué? —George frunció el ceño.
—Porque parece más una niñera. Se asegura de que no me mate, literalmente, y a veces olvida que los mortífagos están a sus pies. Incluso una vez, un mortífago que estaba dando la razón a Harry con respecto a mi carácter se compadecía del héroe Potter por tenerme como compañera —dijo Maia con una risa amarga.
—No creo que sea justo que nos quites más, Maia —dijo George, agarrando suavemente sus manos. —Ya perdimos mucho. No quiero que otra Tonks se marche.
—No creo que sea justo que lo digas tú, George —Maia retiró sus manos de las de él. —Perdóname, pero Tonks fue mi hermana, no mi gemela.
—Eso no tiene nada que ver, Maia —George la detuvo. —Tú misma me lo dijiste una vez: el dolor, el sufrimiento, la situación, grande o pequeña, sigue siendo la misma y afecta. No deberíamos rebajar lo que sentimos ni compararlo con el de otros. Ambos perdimos a nuestros hermanos, a nuestras almas gemelas. Solo digo que no quiero que me castigues estando en un mundo donde no estés tú. Esto no es una carrera para ver quién se reúne con su hermano primero.
—George, ¿te dieron Veritácerum en tu té? —preguntó Maia, tratando de aligerar la tensión con una ceja levantada.
—Maia, siempre tan bromista —George sonrió, el fantasma de una sonrisa.
—Es sarcasmo. No soy tan buena con las bromas como tú, cielo —Maia le devolvió la sonrisa.
George comenzó a sentirse extraño de no estar solo. Aprovechando que Maia estaba ahí, calentó la comida y ella, aparte de arremangarle las mangas, lo ayudó a poner la mesa, a lavar los platos y a desempacar con ella.
—Maia, ¿puedo pedirte un favor inmenso? —dijo George, mientras doblaba las servilletas.
—Sí, lo que sea, George —respondió ella, sin dudar.
—¿Cómo sabes que es sucio, Maia? —preguntó George con una sonrisa pícara. —¿Cómo puedes ser tan confiada?
—George Weasley, eres más sensato que yo. ¿Qué pasa? ¿Te arrepentiste de tenerme aquí? —Maia fingió una mirada de ofensa.
—No, no, nada de eso —se apresuró a decir. —Quería que me pintaras el cabello.
—Está bien, vamos a comprar un tinte. ¿Qué te parece ahora? —Maia lo miró emocionada.
—¿Ahora? —George se sorprendió.
—Mañana tengo que interrogar a algunos sospechosos y Kingsley Shacklebolt quiere que lo acompañe a Azkaban —explicó ella, con seriedad.
—Está bien, pues ahora estaría bien —accedió George. —¿Vas a volver temprano?
—Claro, como a las tres. ¿Por qué, George? ¿Me vas a extrañar? —Maia levantó una ceja, burlándose.
—No tienes ni idea —murmuró él, susurrando.
Ambos salieron de su departamento, no sin antes tener cuidado de nuevo con el marco de la puerta. Ya en el centro comercial, Maia compró una pomada para la frente de George y ambos se pusieron a escoger el tono de tinte que le quedaría al Weasley.
—¿Qué te parece este? —le dijo Maia, sosteniendo varias opciones de tintes, mientras lo miraba por encima del hombro.
—¿Crees que me quedaría bien? —George se acercó a ella, inclinándose.
—A ti todo te quedaba bien, George —respondió Maia, tocando su nariz con la punta del dedo. —Incluso te colocaste mi camiseta una vez, ¿te acuerdas?
—No tienes por qué recordarlo, te la robé —murmuró él, con un brillo en los ojos.
—Y la incendiaste... —terminó Maia, sonriendo de lado.
—De hecho, no. La conservé —corrigió George, con una sonrisa nostálgica.
—Eres un... —Maia se quedó sin palabras.
—Disculpen —una señora interrumpió la conversación, observándolos con una sonrisa. —Estaba viéndolos de lejos y como son una pareja muy colorida, pensé que podría darles una recomendación. El café le quedaría bien a su novio. Aunque si llegan a tener pequeños, no se espanten si los niños se sacan de onda por el distinto color de cabello.
George no se rió al principio, pero Maia estaba riendo con ganas, así que pensó en molestarla también. La tomó de la mano, la atrajo hacia él y la besó frente a la señora. Le terminó por agradecer la sugerencia y le dijo que si en dos años no los veía de nuevo en la tienda con un bebé en brazos, la señora tendría razón al decir que Maia también se avergonzaba de él.
Maia se sonrojó todo el camino, pero no le soltó la mano. Se vengó en el baño.
—Me echaste pintura en mi ojo, Maia —se quejó George, con los ojos cerrados.
—En realidad fue agua —Maia respondió, con un tono dulce. —Te hubieras quedado ciego si hubiera sido pintura, mi amor, así que quédate quieto.
—¿Y si me voy a quedar ciego? —cuestionó, asustado, agarrando un pedazo de la camisa de Maia, quien le enguajaba la cabeza.
—No, George, ya suéltame —Maia trató de alejarse.
—No quiero. ¿Qué tal si me ahogas en el baño? —George insistió, agarrándose a ella.
—No por qué tenga familia loca y homicida decida mi destino de vida. Y ya sé por qué lo dices, George. Ese pequeño hurón ya cambió, incluso ve a Teddy los fines de semana. ¿Puedes creerlo? —Maia negó con la cabeza, sonriendo.
—Sí. Lo que me sorprende es que le hables tú a Draco Malfoy —George se rió.
—Así pasa cuando sucede —respondió ella, con un tono despreocupado.
—Pues puedes besarme si quieres —dijo él.
—Al parecer sí quieres reunirte con Merlín más pronto de lo que esperabas —Maia lo empujó, pero él no se quedó quieto.
George fue empujado a la bañera, pero no lo hizo solo: jaló a Maia con él. Esto provocó un momento tenso e incómodo. La primera en salir fue Maia, quien acabó por desearle buenas noches y cerrando su puerta rápidamente. George, en cambio, se quedó en la bañera, tratando de no recordar la transparencia de la camisa de Maia. ¿Qué le estaba pasando?
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One shots Harry Potter II
Fan-FictionSegundo libro dedicado a historias con los personajes de Harry Potter, espero que les guste. Mei 🤍
