George Weasley [ Tercera Parte]

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George llevaba semanas decaído, trabajando como un fantasma entre las bromas y colores de Sortilegios Weasley. La tienda estaba llena de ruido, pero él estaba vacío. Ron, que lo acompañaba algunos días, no soportaba verlo así.

—Hermano —le dijo con seriedad, mientras cerraban las cajas del día—, no puedes seguir hundiéndote.
—No empieces, Ron… —gruñó George.
—Voy a empezar y a terminar: arréglalo con Maia. Tú la quieres, ella te quiere, y solo un par de idiotas como ustedes creen que lo mejor es estar separados.

George se encogió de hombros, fingiendo indiferencia, pero las palabras de Ron lo persiguieron durante un mes entero.

Una tarde, al pasar por la casa de Andrómeda, escuchó voces desde dentro. No quería espiar, pero se quedó clavado.

—Maia —decía Andrómeda con firmeza—, no puedes vivir en pausa. Berlín sería una gran oportunidad en el Ministerio.
—¿Y dejar todo atrás otra vez? —replicó Maia, con voz temblorosa—. Si no es Berlín, es aceptar lo de Charlie: irme a Rumania con él o adoptar a Teddy juntos.
—Tienes que decidir, hija —respondió Andrómeda suavemente.

Hubo un silencio. Luego, la voz de Maia se quebró finalmente.
—Mamá… no quiero ni Berlín, ni Rumania. Yo amo a George. Lo amo desde hace tiempo. Y ya sé que él no me ama, que me pidió alejarnos, pero no puedo negarlo más.

Justo en ese momento abrió la puerta. George, que estaba recargado contra ella, cayó aparatosamente al suelo frente a las dos. Maia dio un salto al verlo.

—¡George! ¿Qué haces aquí? —exclamó, entre asustada y avergonzada.

Él intentó incorporarse, pero negó con la cabeza cuando Maia trató de ayudarlo. Se puso de rodillas frente a ella.

—No me ayudes, Maia. Déjame así… porque es aquí donde tengo que estar para decirte lo que no me atreví antes. Perdóname. Perdóname por haberte echado de mi vida. Y ojalá no te retractes de lo que dijiste… porque llevo esperándote mucho más de lo que imaginas.

Del bolsillo sacó, con manos temblorosas, un pequeño anillo de dulce de los que solía guardar en la tienda.
—No tengo otra cosa ahora mismo, pero… ¿quieres comprometerte conmigo? Aunque sea con esta baratija.

Maia, paralizada, lo miró fijamente, con lágrimas en los ojos. Andrómeda, que tenía a Teddy en brazos, sonrió como hacía mucho no lo hacía.

—Acepta, Maia —susurró con dulzura.

La joven no aguantó más. Se lanzó sobre George, abrazándolo con fuerza y besándolo al fin, después de tanto tiempo reteniéndose. Él rió entre el beso, con ese humor que volvía a ser suyo al tenerla de vuelta.

Días después, cuando Maia apareció de la mano de George en La Madriguera, la familia entera se quedó en silencio un instante. Fred ya no estaba, pero todos supieron que, de algún modo, George había vuelto a reír de verdad.

Charlie se inclinó hacia Ron y murmuró:
—Te lo dije, tu plan funcionó.
—Claro que sí —replicó Ron, sonriendo—. Solo necesitaban presión.


















En el mismo día en que se celebró la boda de George y Maia, todos estaban felices, más aún porque ambos serían vecinos de Andrómeda y Teddy, para ayudarla a criarlo.
George se sorprendió todavía más al saber que Maia le confeso su  regalo de bodas más original que cualquier otro: un Weasley, que por supuesto se llamaría Fred II.
Aunque, a decir verdad, Fleur fue la más feliz al enterarse de que el bebé de Maia tendría la misma edad que su primer hijo con su esposo Bill Weasley.
Fred II tendría una pequeña hermana tiempo después, quien acompañaría a James Sirius Potter en sus aventuras: la pequeña Holly.

One shots Harry Potter IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora