Thesus Scamander [ Tercera parte ]

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Triana había llegado de España siendo una niña. Sus padres ,  figuras importantes dentro del mundo mágico europeo ,  se mudaron a Inglaterra con la promesa de protegerla de todo lo que su linaje implicaba. No era solo por su sangre, sino por un legado que no terminaba de comprender.

Desde entonces, vivía en el mundo muggle fingiendo que no sabía conjurar ni siquiera una pluma. Bailar era su única verdad visible. Era su lenguaje, su refugio, su forma de no explotar por dentro.

Años después, su talento la había puesto en el centro de una academia prestigiosa, pero también en el ojo de la fiera venenosa. La envidia era un enemigo silencioso y disfrazado. La traición dolía, pero lo que más la destrozaba era sentir que alguien a quien consideró como una hermana, la había querido ver caer. Literalmente.

—Triana, entiende por favor… ella intentó matarte —insistía Oliver, su amigo y confidente. Su fachada era la de un simple profesor de danza moderna, pero al igual que Triana, él era más que eso. Un mago que guardaba el secreto con la misma devoción.

—Oliver… no tenía esa intención. Fue un accidente —susurró ella, tratando de convencerse más a sí misma que a él.

—No lo fue. Y el Ministerio lo sabe.

Esa última frase hizo que el corazón de Triana se detuviera un segundo.

—¿Cómo… lo saben?

Oliver no respondió. Solo se limitó a mirarla con esa expresión que ella conocía bien: algo estaba por cambiar. Algo inevitable.















En otro punto del mundo mágico, Thesus Scamander revisaba los documentos del caso. Una posible agresión mágica en una institución muggle. Testigos confundidos. Restos de un hechizo prohibido que casi no dejaba rastro.

Pero lo que llamó su atención no fue el acto, sino el nombre: Triana M.

—¿Hija de…? —murmuró, sorprendido al leer los nombres de los padres en los archivos restringidos del Ministerio.

El Ministro en persona le había confiado el caso. Su misión era clara: protegerla, observar, y si fuera necesario, intervenir.

Thesus no entendía por qué algo en ese nombre lo hizo temblar. No sabía que era ella. Aún no.
Pero esa misma noche, por primera vez en semanas, volvió a soñarla.















La niebla de la noche cubría el estudio cuando llegó. Fingiendo ser un simple observador enviado por el Departamento de Educación Mágica, pidió ver una clase. Quería identificarla.

Y cuando la vio… supo que su alma la había reconocido antes que sus ojos.

Allí estaba ella. La mujer que durante semanas lo visitaba en sueños, en danzas imposibles, en fuegos encendidos por cartas quemadas. Sus ojos eran los mismos que parecían contener el reflejo de lunas partidas.
Solo que ahora… era real.

Triana sintió una incomodidad repentina. Como si alguien hubiera tocado una cuerda invisible que conectaba su corazón con otro.
Miró al desconocido. Lo miró sin entender por qué sentía que ya lo había visto. No sabía su nombre, pero el magnetismo era imposible de ignorar.

Él quiso hablar. Decirle que la había estado buscando. Que su mente se había perdido en la suya durante semanas. Pero recordó su rol.

—Buenas noches. Me llamo… Samuel Rosier. Evaluador del Ministerio —mintió con naturalidad. Thesus no podía decirle la verdad, al menos no aún.

—¿Rosier? —preguntó Oliver, saliendo del salón con su expresión más diplomática—. No teníamos agendada una visita.

—Ha sido una asignación urgente. Solo observaré. Nada más.

Triana se cruzó de brazos, su rostro mostraba algo más que recelo. Curiosidad. Desconfianza. Pero también algo que ni ella misma entendía: una extraña familiaridad.

—¿Nos hemos visto antes? —preguntó.

Thesus tragó saliva. Cada parte de él quería decirle que sí. Que la había visto bailar entre llamas en sus sueños. Que conocía la textura de su voz antes de oírla en la vida real.

Pero solo dijo:

—No… creo que no.


Esa noche, Thesus se quedó afuera del estudio más tiempo del que debía. Esperando verla salir.
Y cuando lo hizo, no se acercó. Solo la observó. Su forma de caminar. De recoger su abrigo.
Ella era todo lo que su mente no había inventado. Porque ya existía.

Lo que Thesus no sabía era que desde dentro, Oliver también lo observaba. Y aunque no lo demostraba, ya sabía quién era.

—Así que mandaron al auror estrella… —susurró entre dientes.

One shots Harry Potter IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora