Harry Potter[ segunda parte]

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Reunirse con un compañero podría parecer algo sencillo y esperado si así lo deseabas, pero para alguien como Débora le parecía algo demasiado aburrido e inservible.
Gruñó por tercera vez; no debió haberle dicho que sí a Kingsley Shacklebolt. ¿De qué serviría esa ayuda para el nuevo desarrollo, para que la paz permaneciera? Bostezó, sin olvidar aquel rostro que casi la deja sin aliento.
Podía recordar que nada de lo que le escribían Ron o Percy en ocasiones hacía coherencia con las descripciones que daban de Harry. Era totalmente distinto: distinguido entre todos los aurores y un joven bien parecido.
"La terquedad no te deja avanzar", le dijo a él.
"Sí, bueno, a ti la necedad, Jasper", respondió. Ella le hizo una mueca, y definitivamente no necesitaba otro trato diferente al que ella le estaba dando.
"Pareces viejo, yo te recordaba diferente", balbuceó sin darle importancia a sus palabras, viendo los nuevos carteles de "se busca". Había bastantes. Giró para preguntar, pero se encontró con la cara de Harry, incrédulo ante algo.
"¿Cómo dijiste?", preguntó él. Ella negó con la cabeza.
"Deja eso de lado. Nos falta diversión, más a mí que a ti. Así que, ¿por quién vamos?". Le enseñó las opciones y Harry rodó los ojos.
"Eres una mujer cambiante", le dijo. Ella le sacó la lengua. ¿Por qué se comportaba así con él?
"¿Qué?", preguntó ahora él, por el silencio que ella hizo.
"Pues por nada, déjalo. ¿Por quién vamos?", puso las manos en su cintura.
"Por Anthony Dolohov". Ella sabía quién era y lo que había hecho.
El asesino del amigo de su padre y, probablemente, un candidato a ser también el culpable de su muerte. Rápidamente su semblante cambió a uno serio y severo.
"Señorita Jasper", la sacó de su trance. "Le han mandado esto", le entregó una carta y ella la recibió dando las gracias.
"Charlie", murmuró algo triste, leyendo la carta con mal sabor de boca.
"Lo siento mucho, mi querida Jasper, pero he tenido que regresar a Rumania antes, y no te preocupes, lo entiendo. Ayer me dijo Percy sobre lo que se te rogó desde que Kingsley Shacklebolt subió como Primer Ministro. Me disculpo, yo también pensé y quería que ambos nos alcanzáramos a despedir, pero eso no podrá suceder. Ya no somos jóvenes que podían saltarse horas de clase, ambos ya tenemos trabajo y estás joven. El mundo es tuyo, atrapa a los malos y a los responsables, por favor, por tus padres, por mi hermano Fred, por mí, pero sobre todo por ti. Te deseo lo mejor, calabaza.
Siempre tuyo, Charlie W."
La guardó en su bolsillo sin ningún gesto de reacción y pidió que Harry aportara ideas para capturarlo, identificando los puntos en los que antes se veía con los demás y en los que ahora podría hallarse, pero nada se le ocurría.
"Draco Malfoy, ¿cierto?", Harry negó enojado.
"¡Te has metido en mi mente!". Débora alzó los hombros.
"No por nada estoy aquí, cielo. Ahora hay que ir con ese Malfoy y que los ayude a cooperar con dicha información. En marcha". Caminó hacia la puerta, pero la mano de Harry la detuvo en su brazo.
"¿Qué ganará? Su familia no hablará porque sí, Jasper".
"Eso me queda claro, pero sería bien recibido con buenos ojos y esto serviría para que su imagen se limpiara poco a poco, Potter". Botó su mano y ella salió de allí.
Definitivamente, esto iba a ser interesante de ver: una Jasper y un Potter, ambos casi iguales, pero con un pasado totalmente diferente.
"Suena a propaganda para una película", Harry negó y le advirtió que se callara.
"Deja al pobre Ron", dijo Débora.
"¿Por qué lo defiendes?", preguntó ofendido Harry.
"Porque en este momento necesito concentración, y mi intuición me dice que es ahí", señaló aquel local con un dedo. "Vamos".
"Espera, espera", dijo Ron alterado. "Ahí...". Débora asintió segura. "Pero ese bar está dentro de un callejón donde podría haber de todo".
"Ron, si no me hubieras repetido que la gente del mundo es diferente, yo no me habría dado cuenta", respondió Débora y caminó sin ser detenida.
"Me agrada", soltó sin querer Harry.
"¿Qué acabo de escuchar?", preguntó Ron.
"Un poco, a veces. Las otras veces es irritable y...".
"¿Y?", preguntó bajamente, mientras iba pasando gente a su lado, como exconvictos, gente con bajos recursos, pero eso se había dado por mala suerte y mal manejo de dinero. Esto lo trataba de ignorar Ron al molestar a Harry.
"Y diferente", Ron sonrió al ver cómo le daba la razón.
En un momento dado la perdieron de vista y ambos se miraron a los ojos asustados. No podían regresar sin ella, o ¿qué tal si la habían secuestrado? Ron iba a ser el primero en gritar, pero...
"¿Qué esperan?", gritó Débora, detrás de una pared e inclinó su cuerpo. "¿Quieren que vaya por ustedes?". Ron negó, estático.
"No es necesario, Jasper", rodó los ojos. "Vamos, Ron", lo jaló del brazo para que no los dejara atrás.
Se abrió paso a través de la densa atmósfera de humo de pipa y licor. El bar era tan lúgubre como el callejón. En el rincón más oscuro, sentado solo con un vaso de fuego de whisky, estaba Draco Malfoy. Apenas los vio, sus ojos se entre cerraron en un gesto familiar de desprecio.
Débora no dudó. Se acercó a la mesa y se sentó sin ser invitada. Harry y Ron se quedaron de pie, uno a cada lado, como dos guardianes malhumorados.
"Malfoy", dijo Débora. "Tenemos un problema y tú tienes la solución".
Draco solo sonrió con amargura. "Débora Jasper. Y Potter. Y Weasley. Qué trío más pintoresco".
"No estoy aquí para charlar, Draco", cortó ella, usando su nombre de pila como un dardo. "Anthony Dolohov. ¿Dónde está?".
La sonrisa de Draco se borró. "Dolohov es un tema delicado. ¿Qué gano yo con decírselo?".
Débora apoyó los codos en la mesa, su mirada tan fría como el acero. "Lo que te ofrezco no es un trato, es un servicio. Potter está aquí. Cooperar con el Ministerio, y con el mismo chico que salvó el mundo, es un gesto que no se ignora. Esto es una oportunidad para limpiar tu apellido, aunque sea un poco. Un gesto, Malfoy. Solo eso".
Harry se mantuvo en silencio, dejando que Débora tomara el control. Entendía su estrategia; Malfoy respondía mejor a la presión sutil que a la autoridad. Draco miró a Harry, luego a Débora. El odio en sus ojos se había convertido en una resignación agotada.
"Dolohov... está buscando algo. Una vieja reliquia que perteneció a un mortífago de alto rango. Algo que Voldemort consideraba basura. Por eso no lo han encontrado. Se ha estado moviendo por viejos escondites y catacumbas de sus partidarios", murmuró, su voz apenas un susurro. "Lo vi en un mapa antiguo. Es... un viejo albergue en los páramos de Yorkshire. Un lugar llamado 'La Guarida del Sabueso'".
Débora asintió lentamente. La información era vaga, pero era un punto de partida, un nombre, un lugar. Se levantó, dejando una moneda de oro en la mesa.
"Gracias por tu cooperación, Malfoy. Esto es lo último que te pedimos", dijo, y se dio la vuelta.
Ya afuera, en el callejón, la luz de la luna golpeó sus rostros.
"¿Y ahora qué?", preguntó Ron.
"La Guarida del Sabueso", respondió Harry, pensativo. "Necesitamos investigar ese lugar. Podría ser un albergue de mortífagos o una trampa".
Débora no respondió. En su mente solo había un nombre: Anthony Dolohov. Había estado tan cerca de él en el pasado, tanto que su padre había muerto por culpa de su ambición. La ira la consumía, un fuego que había alimentado por años. La carta de Charlie, el recuerdo de sus padres y la última frase del pergamino, "por tus padres, por mi hermano Fred, por mí, pero sobre todo por ti", resonó en su mente.
Harry vio el cambio en sus ojos. "Débora, no podemos ir a ciegas. Es peligroso".
Ella se detuvo y se giró hacia él. "Claro que es peligroso. ¿Crees que esto es un juego, Potter? ¿Crees que todo el mundo sigue las reglas del Ministerio?".
"No, no lo creo", dijo Harry con calma. "Pero te estás comportando como si quisieras saltar a un abismo. No me dejes atrás. No me dejes que te pierda de vista otra vez".
Débora lo miró. La sinceridad en sus palabras la desarmó. No era el "chico que salvó el mundo mágico", era solo un hombre que había visto demasiada pérdida. Se dio cuenta de que su camino no era solo el suyo. Había otros, Harry y Ron, que estaban dispuestos a caminar con ella, a luchar a su lado. Se dio cuenta de que no tenía que estar sola.
En ese momento, las palabras de su padre volvieron a ella: "Si sigues siendo débil lo seguirás haciendo más tarde y aun así no te quedará nada para mañana". Ahora lo entendía de otra forma. Ser fuerte no significaba luchar sola, sino tener la valentía de apoyarse en otros. Quizás, por fin, sus pasos cambiarían.

One shots Harry Potter IIHistorias para obsesionarse. Descúbrelo ahora