Sirius, convencido por sus amigos, decidió visitar el festival. Era un evento especial, que rara vez se celebraba y que invitaba a los artistas a presentarse más de una vez. El chico y sus amigos se encontraron con la vista más hermosa en la carpa, tan grande como los túneles y tuberías más gigantescas de todo Hogsmeade.
Primero, fueron obligados a colocar sus nombres en gafetes y ahí sintieron una oleada de sospecha.
—¿Qué clase de magia es esta?
—Gitanos —le respondió un anciano a James, que apenas si podía sostener su propia mano.
—¿Gitanos?
—Es por eso que la realidad no se puede disfrazar; solo lucir y danzar.
—¿Por qué necesariamente se necesitan nuestros nombres verdaderos?
—Verás, hace poco un joven apareció y se dice que fingió no regresar a su hogar. Llegado el momento del espectáculo, se enamoró de una bella bailarina y, con la esperanza de salvarse de un matrimonio sin amor, la embarazó y le prometió la protección de su casa y el reconocimiento como su esposa ante el mundo. Sin embargo, los alejaron y su partida solo sirvió para la vida de la bailarina y su hija. El final de la bailarina fue la muerte por esperar a ese hombre errante, dejando atrás a la bella joya. Con ustedes, Odelya, nuestro glorioso grial.
Los merodeadores se sintieron engañados. Habían sido vistos como muchachos inocentes a los que podían retener sin control ni beneficio. El más ofendido fue Sirius, que no volteó a ver a la bailarina.
—¡Por Godric! Ve, Canuto, es bellísima.
—Si Lily estuviera aquí, te pegaría con un plato, Cornamenta.
—Me refiero a su baile.
—Sí, claro, como digas...
Aunque no podía verle el rostro, su danza y sus caderas hacían que uno sintiera que estaba viendo un oasis cobrar vida, al grado que varios oraban creyendo ver la reencarnación de un fénix.
—¿Quién es? —preguntó Remus.
—Sus ojos son como llamas vivas y te está viendo justo a ti, Canuto —comentó James.
—Qué afortunado —le dijo Peter.
—Ahora es momento de dejar la comodidad y bailar —anunció el señor, y con un hechizo levantó a todos.
Todos tomaron una pareja y comenzaron a bailar. Sirius seguía buscando a la gitana y ella parecía caminar sobre el agua hasta llegar a su tierra prometida.
—Hola, Sirius Black. ¿Te parece bien si salimos de aquí?
—¿Cómo sabes mi nombre?
—Lo tienes pegado al pecho.
—Es cierto, qué estúpido.
—Eres muy bello como para ser de una sola chica. ¿Tienes pareja?
—No.
—Las mentiras, tersas como el hollín, son como la arena: nunca se acaban.
—Aunque puedan ser moldeadas, te aseguro que la mía tiene el defecto de todas: se destruye. Pero te lo juro por mi alma que no engaño a nadie.
—Espero que sea verdad. Necesito mostrarte algo.
Sirius le dio la mano a la chica. Ambos se trasladaron a un campo lleno de fragmentos sueltos, como de torrentes de azúcar.
—Hay un dicho en mi familia, Sirius: "Entre rostros borrados habrá uno que siempre será hallado. No será necesario su nombre, pues ya has visto su alma reflejada en sus ojos". Tienes un deseo fugaz que puedes cumplir, ¿qué quieres?
—¿Esto es parte del espectáculo?
—¿Crees que soy como tú, que invitó a un hombre cada noche a mi refugio más elevado? Estás dentro de mi alma, Sirius. La decisión de quedarte es tuya.
—Perdón, es que parece que ya sabes todo de mí y yo apenas si puedo reconocer tu existencia.
—No te preocupes, yo te reconoceré aun en la oscuridad.
—¿Qué es esto?
—Un deseo fugaz, ya te lo dije. Piensa en lo que más anhelas y eso te dará paz, gloria y sabiduría eterna.
—¿Por qué me das esto?
—No lo sé.
—Yo no lo merezco.
—Deja de creer eso.
—Entonces, ¿qué hago? Ya sé, me independizaré y te salvaré.
—Sirius, yo no necesito ser salvada. A veces hay que entender que uno elige el camino y no siempre queremos que otros nos rescaten.
—Entonces, escapa conmigo.
—Eso fue lo que me llevó a existir; no repitamos la historia, Sirius.
—Cásate conmigo.
—¿Por qué te casarías con una desconocida?
—¿Por qué no? Oí que estás encadenada aquí. Los rumores van y yo quiero que seas libre.
—Los gitanos dicen muchas cosas, Sirius. No puedo salir de aquí a menos que engendre una vida.
—¿Es una prueba?
—Así es, una prueba del ritual eterno en la que dos almas se unen para siempre en esta vida y en todas las demás.
—Entonces, hagámoslo.
—Sirius, ¿en serio me visitarías todos los días para intentar tener un hijo y llevarme contigo? ¿Y después? ¿Crees que no sé que te han echado y repudiado? Tu tío Alphard Black te ha dejado una gran herencia. ¿Y eso? ¿Qué harás para cambiar tu mundo? ¿Y cómo estás tan seguro de que no te estoy usando para salir de aquí?
—Úsame, pero ámame.
—Sirius, estás mal.
Odelya dejó que Sirius la besara y la tomara esa misma noche, suponiendo que jamás lo vería de nuevo. Él no debía saber su secreto. Pero Sirius siguió apareciendo por dos meses, hasta que le pidió escapar de ese lugar que solo le provocaba dolor a Odelya.
—Cásate conmigo.
—Sirius...
—Sé que estás embarazada.
—Sirius, yo no te voy a pedir nada, no estás atado a mí y no tendré al bebé.
—¿Por qué?
—Así como veo fragmentos del futuro, también veo vistazos del pasado. ¿Crees que no sé sobre la rubia? Y aunque ya no sé nada de ti, puedes tener una mujer bella que comparta todo contigo.
—No quiero a otra. ¿O es que crees que jamás cambiaré?
—Sirius...
—Si todavía te interesa tener una vida conmigo, usa este anillo y veme en este edificio. Te estaré esperando para casarnos y criar a nuestros hijos.
—Sirius...
—Sé que es muy pronto, pero de verdad te amo.
Odelya recibió un beso en la cabeza y vio cómo había caído en la trampa de toda mujer: el amor.
Lo que esperaban era que Odelya, después de terminar su último show, tomara sus cosas y estuviera dispuesta a darle a su hijo la vida que siempre quiso. Mientras tanto, Sirius había estado esperando por más de cinco horas, y los miembros más cercanos a él le decían que se fuera, que se diera por vencido, porque Odelya era la estrella de ese espectáculo, era parte de esa vida.
Lily llegó de pronto con Marlene, quien culpaba a Sirius de no haber acompañado a Dorcas.
—Marlene, yo no tuve la culpa.
—Lo sé. Lo que le pasó a ella...
—Lo siento mucho.
—Lo sé. Debí ser yo.
—No, Marlene...
Odelya vio a lo lejos una escena que la hizo sentir como la "otra mujer", aquella que destruyó el alma de otra, tal como su madre lo hizo sin importar el destino de la hija que dejó atrás. Se dio la vuelta con miedo, se iría y buscaría el perdón de su padre por seguir las costumbres de su madre. Corrió tan rápido que no se dio cuenta de que la lluvia la alcanzó y la hizo tropezar.
¿Era sangre lo que le salía entre las piernas?
—¿Estás bien?
—Sí, sí, estoy bien, no me toques, por favor.
—Vamos a llevarte al hospital, está cerca.
Odelya no veía los rostros de las personas, solo sentía su energía y podía ver fragmentos por herencia de su madre, una maldición de linaje que solo se rompía si la persona destinada la amaba de vuelta. Odelya se desmayó y despertó al lado de ¿Andrómeda Tonks? Eso era lo que decía su gafete. Al ver que tenía la posibilidad de irse, bajó la pierna para escapar de la mujer dormida.
—Ni siquiera lo pienses, señorita. Sirius ya viene, solo fue a hablar con el sanador. Tuvimos suerte de que te vieran rápido, cualquier cosa que te haya impactado casi provoca que tu bebé se salga. ¿Estás mejor?
—No lo creo, no después de escuchar todo eso.
—También dicen que tu pequeño puede nacer en noviembre.
—Entiendo.
—Te dejaré...
—No...
—Sirius no está enojado contigo.
—Andrómeda, él no lo querrá.
—Ese hombre te ama, ¿sabes que casi lo atropellan cuatro veces por seguirte bajo la lluvia? Fue él quien te cargó hasta San Mungo, sin mencionar que no ha dormido nada.
—¿Por qué?
—Es el destino. Descansa para llevarte a casa y presentarte a mi hija. Estará emocionada de saber que tendrá un primo.
—Gracias.
Odelya aún seguía con la idea de escapar. Aunque pensó que estaría bien saltar por la ventana, la caída afectaría a su bebé, así que tendría que caminar rápido, aunque la distancia no era mucha si decidía saltar.
—¿Pensando en escapar?
—Yo...
—Odelya, pensé que me dejarías enterrado en el pavimento, y sería una flor esperando ser recogida para ser regalada, no abandonada. Deja de correr, no es lo tuyo.
—Sirius, lo que pasó entre nosotros fue algo como una aventura y fue divertida. No podemos estar juntos.
—¿No te has dado cuenta de la parte en la que ya no soy parte de los Black? Mi tío Alphard Black nos heredó su fortuna y nos desea lo mejor. Ahora nos podemos casar para ser felices para siempre con nuestro bebé.
—Sirius, tal vez te mentí y te endulcé el oído.
—Pues me encantó. Nunca estuve tan bendecido. Odelya, sea lo que sea, quédate conmigo, te amo.
—Yo también te amo.
Ambos se abrazaron mientras Sirius lloraba. La pareja casi se queda dormida. Sirius abrazó el vientre de Odelya y esperó a que Andrómeda viniera por ellos. Él iba a invitarlos a comer al principio, pero Andrómeda insistió.
Odelya se alegró mucho de saber que Sirius, aun sabiendo que no podía ver los rostros, se había empeñado en que todos llevaran gafetes. Pero eso se acabó cuando Sirius y ella se casaron: primero en una ceremonia muggle, después una gitana y, por último, una mágica.
Como si no fuera suficiente, Sirius construyó su propia casa. Era hermosa, como un invernadero solo para ella, donde a veces se quedaban. Solo Sirius era testigo de esa danza de Odelya que la hacía brillar como una estrella.
—Que mi hijo se llame Eddie no quita que tenga cara de león y será el mejor amigo de Harry. Además, ambos se llevarán tan bien que jamás te querrá de nuevo, James.
—¿Cómo osas quitarme a mi hijo y a mi ahijado?
—¿Siempre son así? —le preguntó Odelya a Lily.
—Siempre —respondió Lily.
—Por eso les advertí que no me invitaran —dijo Remus, mientras Dora no dejaba de abrazarlo.
—Dora, deja al pobre Remus.
Todos se ríen, no pueden creer que esa felicidad sea efímera.
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One shots Harry Potter II
FanficSegundo libro dedicado a historias con los personajes de Harry Potter, espero que les guste. Mei 🤍
